Santander SA, se vende ciudad. Se garantiza “botín” y poco balcón

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Hay una palabra que debería aparecer mucho más en el urbanismo del Ayuntamiento de Santander: salud.

No salud entendida como poner un autobús eléctrico en una foto institucional, no, Santander lleva demasiados años confundiendo urbanismo con levantar pisos por doquier.

La paradoja es magnífica: construyen más pisos y menos ciudad y así consiguen que cada vez menos ciudadanía pueda permitirse vivir en ella.

Además, siguen intentando resolver la movilidad añadiendo circulación. Los santanderinos y santanderinas utilizan el transporte público cuando existe y funciona. Pero el debate no puede reducirse a contar el pasaje. Hay que preguntarse cuántos desplazamientos siguen dependiendo del coche, por qué y cuánto espacio urbano dedicamos a almacenarlo.

Porque un coche no ocupa únicamente una plaza de aparcamiento. No. Ocupa calle, genera ruido, fragmenta el espacio peatonal y emite contaminantes. Y eso no es una discusión estética.

Por ello debería cambiar la pregunta municipal. No «¿Cómo hacemos circular más coches?», si no: «¿Cómo conseguimos que la gente necesite menos el coche?» y la respuesta obliga a la concejalía de urbanismo a atender a este ítem: el de preservar y mejorar la salud de la ciudadanía.

Así que, ¿Cuál es el planazo? ¿Seguir construyendo por planes parciales compulsivamente, a pesar de la sentencia del supremo del 2016? ¿Aprovecharse del que el actual plan del 97 no prevé el diseño de parques públicos obligados por número de habitantes en la proximidad? Ampararse en ese plan del 97 (caduco de futuro y ajeno a los retos urbanísticos del siglo XXI –como el calor insoportable o la escasez del agua–) para que unos pocos hagan caja y el resto pierda patrimonio y expectativas de vida? ¿Dejar que espacios como Piquío o los jardines de Pereda se “desmochen” por priorizar vistas a sombra?

¿Olvidarnos de la tragedia de El Bocal? ¿ Ese “mantenimiento pendiente” que supuso que seis jóvenes murieran el 3 de marzo al colapsar una pasarela pública? El informe pericial habla de un diseño sin suficiente robustez, herrajes gravemente corroídos y una inspección y mantenimiento calificados de negligentes. Una tragedia así debería obligarnos a preguntarnos qué significa realmente conservar una ciudad, como construirla y para quien.

¿Miramos hacia otro lado con la plaza de Pombo? Primero fueron unas pequeñas fisuras. Después aparecieron patologías en más zonas y la plaza pública acabó cerrada. En septiembre seguimos esperando información detallada sobre alcance, obras y calendario. ¿En los mentideros se dice que las grietas tienen relación con las obras del Centro Botín? Puede ser. Precisamente por eso la ciudadanía necesita transparencia, informes y explicaciones públicas. Y recuperar ese espacio para las personas, no para el coche. La gente ahora no podemos jugar en la plaza, ni descansar, pero pagarse unos cafés, sí. Ahí, ¡maravilla! justo en ese espacio, no debe de haber fisuras…

Santander no necesita otro catálogo de obras.

Necesita una política urbana que entienda que una plaza no es el techo de un aparcamiento, es un lugar de encuentro. Un parque no es suelo disponible, es infraestructura sanitaria. Una acera no es espacio residual; es movilidad y por tanto salud. Una vivienda no es una inversión, es un derecho. Y el patrimonio popular no es decoración turística: es memoria colectiva a mantener como tal.

El verdadero éxito de una ciudad no se mide por cuántos edificios inaugura a toda velocidad.

Se mide por algo bastante menos fotogénico: si sus habitantes pueden respirar, dormir, caminar, encontrarse, recordar y seguir viviendo allí, con seguridad.

Ese debería ser el urbanismo del siglo XXI.

Y, de paso, una definición de política pública que priorice la vida en los barrios, el servicio al pueblo y cero poder privativo en lo público. Recordemos que la política en democracia no es mandato: es gestión. Que los condes y marqueses son historia medieval. Que los reyes no los nombra ningún Dios, si no el pueblo. El pueblo que no olvida ni debe, que es el único , el único soberano.

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