«Hay más buena gente que hijos de puta en el planeta»

El artista Leo Bassi regresa a Torrelavega para participar en el aniversario de la Asociación Cultural Octubre con una misa patólica que reivindica el humor, la solidaridad y la lucha contra la intolerancia.
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Leo Bassi reivindica la palabra «payaso» como parte de una tradición familiar que se remonta al siglo XVIII y que ha sabido adaptarse a los cambios sociales sin perder su esencia: hacer reír. El artista vuelve este sábado a Torrelavega, invitado por la Asociación Cultural Octubre, con una propuesta que va más allá del espectáculo y que utiliza el humor como herramienta frente a los autoritarismos y la intolerancia.

«Una sinceridad artística» es lo que encuentra Bassi en Octubre, una asociación con la que asegura compartir una manera de entender la cultura y la vida. El artista compara su actividad con la de colectivos que ha conocido en Palermo, Sicilia, o en Brasil, donde grupos de creadores se organizan para impulsar otras formas de convivencia. «No somos muchos, pero en todo el mundo hay una fuerza de personas con un pensamiento positivo», señala en una entrevista concedida a EL FARADIO.

Para Bassi, estos espacios culturales resultan especialmente necesarios en un contexto marcado por las guerras, las mentiras y los enfrentamientos. El artista observa también una juventud que no acepta un futuro sin ilusión, utopía ni justicia. A sus 75 años, afirma mantener las ganas de actuar y de impulsar proyectos, convencido de que los cambios sociales requieren tiempo y de que las transformaciones importantes no siempre se producen de un año para otro.

La cita de Torrelavega tendrá como protagonista una de sus creaciones más singulares: la misa patólica, una ceremonia vinculada al Paticano, la capilla que Bassi impulsó en Madrid hace 14 años y que está dedicada a los patitos de goma. «No es un espectáculo, es una visión del mundo», insiste. En estas ceremonias, que incluyen rituales y admiten bautismos y bodas, el humor sirve para compartir una filosofía basada en la solidaridad y en el rechazo de la agresividad. El patito de goma representa, para el artista, una imagen amable y cotidiana capaz de cuestionar los símbolos del poder.

«No hay nada menos fascista que un patito de goma», afirma. Su planteamiento parte de la contradicción entre la inocencia del juguete y las actitudes autoritarias. Frente a la intransigencia, Bassi propone reírse de los poderes que pretenden imponer una única forma de pensar y reivindica la capacidad de las personas corrientes para construir espacios colectivos.

El artista recuerda que la idea de la capilla surgió después de sufrir un episodio de violencia. En 2006, durante su espectáculo ‘La Revelación’, encontró un artefacto explosivo en el Teatro Alfil de Madrid. Según relata, la bomba podría haberle matado. Nunca se identificó a sus responsables.

Bassi se planteó entonces cómo responder a aquella amenaza sin recurrir a la violencia. La respuesta fue crear un espacio dedicado a los patitos de goma, un símbolo que con el tiempo adquirió un significado propio para quienes participan en las ceremonias. La capilla sufrió además un incendio hace cinco años y, según explica, la ayuda del vecindario permitió afrontar sus consecuencias.

Esa dimensión comunitaria se refleja también en quienes acuden al Paticano desde distintos países. Bassi cuenta que una pareja viajó desde Oporto hasta Madrid para casarse allí y que después le transmitió su intención de bautizar a su futuro hijo. Para el artista, experiencias como esta demuestran que detrás del humor existe una comunidad que comparte valores y que encuentra en un objeto cotidiano una forma de expresar su visión del mundo.

La entrevista aborda asimismo la evolución de las protestas contra las guerras y el papel de internet en la comunicación política. Bassi, que participó en las movilizaciones contra la guerra de Irak, lamenta que aquella movilización no haya impedido posteriores conflictos y observa que las nuevas tecnologías están modificando la manera de organizarse y difundir mensajes.

A su juicio, las redes permiten que voces ajenas a los grandes medios alcancen audiencias masivas, aunque también reconoce que el escenario actual está atravesado por fuertes antagonismos y por dificultades para interpretar los cambios sociales.

Pese a ello, mantiene una mirada esperanzada sobre las generaciones jóvenes y considera que sus inquietudes pueden contribuir a transformar la sociedad a largo plazo. «Los años que han pasado me han dado sabiduría, pero no me han quitado nada del placer de vivir», afirma.

En su regreso a Torrelavega, Bassi vuelve a encontrarse con una asociación con la que comparte esa voluntad de mantener abiertos espacios culturales independientes. Su propuesta convierte el humor en una forma de resistencia y el patito de goma en un símbolo de convivencia frente a quienes pretenden imponer el miedo y la intolerancia.

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