Más de una década recuperando la memoria del campo de concentración

La declaración oficial llega después de años de trabajo de investigadores, colectivos culturales y asociaciones memorialistas que han contribuido a recuperar la historia del campo de concentración de La Magdalena y a reclamar su reconocimiento públic
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La declaración oficial llega después de años de trabajo de investigadores, colectivos culturales y asociaciones memorialistas que han contribuido a recuperar la historia del campo de concentración de La Magdalena y a reclamar su reconocimiento públio.

Uno de los nombres en esta tarea es el del filósofo, poeta y ensayista Alberto Santamaría, que desde 2013 ha desarrollado una investigación sobre el recinto, reuniendo fotografías, documentos, testimonios, escritos de los prisioneros y otros materiales que permiten reconstruir la vida cotidiana de quienes estuvieron encerrados allí.

Parte de ese trabajo se plasmó en la exposición Desconocido. Memoria imposible del campo de concentración de La Magdalena, que pudo visitarse en La Vorágine durante el verano de 2015. La muestra incluía escritos originales de presos, documentación sobre la relación del campo con la Casa de Salud de Valdecilla e imágenes de la vida cotidiana en las instalaciones. La exposición formaba parte de una labor más amplia de recuperación de la memoria colectiva impulsada desde el proyecto Desmemoriados.

El propio Santamaría volvió a ejercer de guía en marzo de 2024 durante una Ruta de la Memoria organizada por la Plataforma Memoria y Democracia de Cantabria, que reunió a unas 250 personas en La Magdalena.

Entre los participantes se encontraban descendientes de antiguos prisioneros, como la familia de Andrés Díez de los Bueys, que llevó un cuadro realizado por este durante su internamiento. La actividad sirvió para explicar sobre el terreno las condiciones de reclusión y denunciar la ausencia de referencias públicas a aquel pasado.

 

La Surada Poética convirtió las Caballerizas en un escenario de memoria colectiva

 

Otra de las iniciativas más significativas tuvo lugar en septiembre de 2019, cuando el festival La Surada Poética, impulsado por La Vorágine, organizó una acción colectiva en las propias Caballerizas del Palacio de La Magdalena.

Bajo el título Performance colectiva de la memoria: justicia poética, varios centenares de personas participaron en una recreación fotográfica de una imagen histórica del campo de concentración, ocupando simbólicamente el espacio en el que habían permanecido recluidos los prisioneros.

La actividad contó con el apoyo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (denominación actual de la Universidad Internacional de Verano, creada por la II Republica) y el patrocinio de la Fundación Santander Creativa. Los fotógrafos Esteban Cobo y Joaquín Gómez Sastre fueron los encargados de realizar la imagen, mientras que el colectivo Voces Prestadas aportó lecturas de poemas de autores de los años treinta y el grupo cántabro Crystalmoors acompañó la acción con música en directo.

El coordinador de La Surada, Paco Gómez Nadal, explicaba entonces a El Faradio que la iniciativa era consecuencia de un trabajo desarrollado durante años para recuperar la memoria de los lugares borrados de Santander. Ante la ausencia de una iniciativa pública, defendía la necesidad de organizar un acto colectivo que dignificase lo sucedido en La Magdalena.

La acción recuperaba, además, una circunstancia especialmente simbólica: antes de convertirse en campo de concentración, las Caballerizas habían acogido representaciones de La Barraca, la compañía teatral universitaria de Federico García Lorca. El mismo espacio que durante la República había servido para acercar el teatro a la ciudadanía fue utilizado pocos años después para encerrar a quienes habían sido derrotados en la guerra.

Héroes de la República impulsó el reconocimiento oficial y reclamó señalización

A este trabajo cultural y de investigación se suma la labor de la Asociación Héroes de la República y la Libertad de Cantabria, que ha promovido, junto con la Delegación del Gobierno, la declaración del antiguo campo de concentración como Lugar de Memoria Democrática.

La asociación celebró en octubre de 2025 la apertura del expediente administrativo para conseguir este reconocimiento, una reivindicación que consideraba una cuestión de justicia hacia los miles de republicanos que pasaron por el recinto.

El procedimiento estuvo acompañado de discrepancias políticas e institucionales. En mayo de 2026, después de conocerse que el Ayuntamiento de Santander estudiaba vías jurídicas para impedir la declaración, Héroes de la República denunció las resistencias a reconocer oficialmente el pasado represivo de La Magdalena.

La organización reclamaba entonces que, como mínimo, se instalase una placa que recordase la existencia del campo y se habilitasen itinerarios explicativos para quienes visitan la península. También defendía que la historia del recinto no podía quedar reducida a sus usos actuales, sin informar de su papel durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura.

La resolución publicada ahora en el BOE da respuesta a la principal reivindicación de reconocimiento institucional, aunque queda pendiente concretar las actuaciones materiales que permitan hacer visible esa memoria. El documento contempla recursos audiovisuales y digitales, placas, paneles interpretativos y señalización de reconocimiento a las víctimas, pero no fija en su texto un calendario para su instalación.

Carlos Hernández de Miguel documentó la red de campos de concentración del franquismo

 

El campo de concentración de La Magdalena formó parte de una extensa red de centros de internamiento y represión organizada por el franquismo durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura. El periodista e investigador Carlos Hernández de Miguel, ya fallecido, documentó en su libro Los campos de concentración de Franco (2019) la existencia de 296 campos repartidos por toda España, por los que calcula que pasaron entre 700.000 y un millón de personas. Su investigación, basada en archivos históricos y testimonios de supervivientes, permitió reconstruir un sistema destinado no solo a recluir a los prisioneros republicanos, sino también a clasificarlos según su vinculación política, someterlos a castigos, trabajos forzados y procesos de adoctrinamiento. Muchos de aquellos internos no habían sido juzgados ni condenados.

 

Hernández de Miguel ha insistido también en la dimensión del olvido que rodeó durante décadas a estos recintos, muchos de ellos instalados en edificios que posteriormente recuperaron usos civiles, como ocurrió con las Caballerizas de La Magdalena. El investigador ha explicado que los campos franquistas compartían prácticas de hambre, humillación, violencia y reeducación ideológica, aunque deben estudiarse atendiendo a sus características propias, sin establecer equivalencias automáticas con los campos de exterminio nazis. Su trabajo ha contribuido a situar espacios como el de Santander dentro de un sistema represivo de alcance estatal, cuya historia permaneció durante mucho tiempo fuera del conocimiento de buena parte de la sociedad española.

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