¿Quién cuidará de quienes hoy cuidamos?

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|| Julia Hoyo Carballo ||

Hay conversaciones que se quedan contigo cuando termina la jornada. No siempre son grandes conversaciones. A veces es una frase, una preocupación que se repite, una pregunta que vuelve una y otra vez o, simplemente, una mirada.

Trabajo desde hace años con personas mayores y he aprendido que detrás de cada necesidad de cuidado hay mucho más que una necesidad. Hay una historia, una familia, unos recuerdos y una vida que merece seguir siendo escuchada.

Quizá por eso cada vez pienso más en una pregunta que no es fácil de responder: ¿quién cuidará de quienes hoy cuidamos?

Cuando hablamos de envejecimiento solemos hacerlo desde las cifras. Hablamos de dependencia, esperanza de vida o recursos. Pero cuando trabajas cada día con personas mayores, las cifras tienen rostro. Son personas que han trabajado, cuidado, criado y sacado adelante a sus familias. Personas que durante buena parte de su vida han estado pendientes de los demás y que, llegado un momento, pueden necesitar que alguien esté pendiente de ellas. Y también están las familias. Hijas, hijos, parejas, hermanos y hermanas que hacen malabares para acompañar, organizar citas, adaptar horarios o recorrer kilómetros. Pero el cariño no puede ser la única respuesta ante la dependencia.

No todas las familias tienen las mismas posibilidades. Y no podemos seguir pensando que, cuando alguien envejece o necesita ayuda, todo se resuelve dentro de casa. Cuidar también es una responsabilidad colectiva.

En Cantabria tenemos delante un reto que no podemos aplazar. Nuestra sociedad envejece y tendremos que decidir qué queremos hacer con esa realidad: si queremos hablar de las personas mayores únicamente desde sus necesidades o también desde sus derechos, su autonomía, sus vínculos y su dignidad.

Estos días he pensado especialmente en ello al conocer el caso de Maricarmen, una mujer de 87 años que llevaba más de siete décadas viviendo en la misma vivienda y que se enfrentaba a un desahucio. No la he conocido personalmente pero su historia me hizo pensar en muchas de las personas con las que trabajo. Porque una vivienda no son solamente cuatro paredes. Es el lugar donde una persona ha construido su vida. Son los recuerdos, las rutinas, los vecinos y los lugares conocidos. Todo aquello que nos hace sentir que pertenecemos a algún sitio.

Para una persona mayor, perder ese entorno puede significar mucho más que cambiar de domicilio. Puede suponer perder referencias, vínculos y seguridad precisamente cuando más necesita estabilidad. Y ahí es donde creo que tenemos que ampliar nuestra idea de lo que significa cuidar.

Cuidar no es solamente ayudar a alguien a levantarse, a comer o a tomar una medicación. Cuidar también es proteger su historia, sus decisiones, sus vínculos y, cuando sea posible, el entorno en el que ha construido su vida.

Desde mi experiencia trabajando con personas mayores, cada vez tengo más claro que la calidad de los cuidados no debería medirse únicamente por la ayuda que recibe una persona. También deberíamos preguntarnos si sigue pudiendo decidir, relacionarse, participar y sentirse parte de su comunidad. Porque necesitar ayuda no significa dejar de ser quién eres.

Una persona puede necesitar apoyo y, al mismo tiempo, querer seguir tomando decisiones sobre su vida, mantener sus amistades o conservar esas pequeñas rutinas que durante años han dado sentido a sus días. Y también tenemos que cuidar a quienes cuidan.

Las familias necesitan apoyo. Los profesionales necesitan reconocimiento y condiciones que permitan hacer bien su trabajo. Y las personas mayores necesitan recursos que lleguen a tiempo, antes de que la situación se vuelva insostenible. Porque detrás de cada valoración de dependencia hay una persona esperando. Y detrás de cada familia que pide ayuda suele haber otra que lleva tiempo intentando sostener una situación que quizá ya no puede sostener sola.

Quizá tengamos que dejar de hablar de los cuidados como algo que pertenece únicamente a una determinada etapa de la vida. Todos vamos a necesitar a los demás en algún momento. Hoy podemos ser quienes acompañan a nuestros padres. Mañana podemos ser nosotros quienes necesitemos que alguien nos acompañe. Por eso, lo que hagamos ahora importa.

Después de tantos años trabajando con personas mayores, cada vez tengo más claro que hablar de cuidados es hablar de cómo queremos vivir y de cómo queremos que nos traten cuando llegue el momento en que necesitemos a los demás. Por eso, quizá la pregunta no sea solamente quién cuidará de quienes hoy cuidamos. La pregunta que deberíamos hacernos ahora es otra:

¿Qué sociedad queremos construir para que, cuando nos toque necesitar cuidados, podamos seguir viviendo con dignidad, autonomía y vínculos, sin que ninguna familia tenga que afrontar sola esa realidad?

Porque ese futuro no empieza cuando lleguen los años, sino que lo estamos construyendo ahora.

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