Cinco años de la muerte de Amparo Pérez, la semilla del vial

El sábado, acto de homenaje a la vecina que despertó las simpatías del movimiento vecinal ante su lucha contra la expropiación de su casa para la construcción de uno de los viales de la S-20
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El 15 de febrero se nos juntan a los santanderinos dos fechas que suman memoria, ciudad, lucha y una visión de la historia contada desde arriba o desde abajo.

Un 15 de febrero de 1941 el centro de Santander ardió, y la reconstrucción posterior se hizo expulsando de sus casas a las clases populares para conseguir el asentamiento de las nuevas élites franquistas, y un 15 de febrero falleció Amparo Pérez, la vecina de Santander que movilizó personas y conciencias en su alzamiento contra la construcción de un vial sobre su casa de toda la vida.

Las obras del vial aislaron la casa de Amparo.

Ambas historias se cuentan en ‘Expulsados. Santander, la transición urbanística pendiente’, el libro del equipo de EL FARADIO en Libros.com, y tienen mucho en común: el relato de las consecuencias de un urbanismo a espaldas de sus más directos destinatarios, los vecinos de la ciudad.

Y si la memoria del incendio, de las vidas perjudicadas y el drástico cambio en lo que sí era la ciudad de toda la vida, resultó difícil de contar por el contexto de la dictadura, la historia de Amparo Pérez la pudimos contar en tiempo real, entre otras cosas, porque surgió en un momento de mayor pálpito de participación ciudadana en los asuntos que afectan a todos. Latía en El Pilón, en Cueto, en Castilla Hermida o en el Río de la Pila.

Una memoria que sigue viva: este sábado, a las 12.00 horas, frente a la parroquia de Monte, se ha convocado un acto de homenaje y recuerdo a Amparo, como informa el portal de contrainformación Briega.com

Desde allí habrá una marcha hasta el lugar donde vivía, un vial que no ha cumplido las previsiones de tráfico que se vaticinaban, a escasos metros de otra conexión que cumplía la misma función.

La plataforma de La Marga mostró su apoyo a Amparo con una pancarta

“Este año llevamos flores para recordar el jardin que tenía en su hogar. Estaremos todas juntas para remar contra el olvido”, explican los organizadores, que instan a llevar flores para que “de las grietas del vial florezca la memoria”.

Algunas cosas han cambiado desde hace cinco años: el equipo de Gobierno que la trató como si fuera un miembro de la oposición ya no tiene mayoría absoluta, aunque sigue en el poder.

Y ya muy pocas voces se plantean que el urbanismo pueda hacerse sin participación ciudadana, entendiendo esto más allá del obligatorio y legal proceso de alegaciones una vez redactado. El nuevo PGOU de Santander, que tiene que hacerse porque el anterior fue anulado, irá acompañado de un proceso previo de participación en lo que será una prueba de fuego sobre si el urbanismo podrá hacerse de otra manera diferente a la del 41.

Hoy Santander es una ciudad con más riqueza de debate (un ejemplo en el Proyecto Pereda del Banco Santander) y con más voces críticas, más preocupada del arbolado, de la movilidad, de su entorno…, aunque siguen las voces que ponen el foco de los problemas de la ciudad en quienes los denuncian en lugar de en quienes la gestionan. Las transiciones cuestan.

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