En defensa del taxi rural

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por Joaquín Gómez Alvárez, taxista

Soy un taxista de una de las zonas despobladas de Cantabria.

Viviendo, como muchos, este confinamiento, viendo como autónomo, cómo mi trabajo va mermando día a día.

Antes de esta pandemia, el sector del taxi rural ya estaba en riesgo por la despoblación paulatina de estos municipios y por los pocos incentivos por parte de las administraciones publicas al sector.

Ahora tenemos que añadir los efectos y las consecuencias del COVID 19.

En estos meses no hemos recibido aplausos ni reconocimiento por parte de la población, pero es que nadie se ha puesto a pensar que, cuando nadie circulaba por la carretera, nosotros llevábamos a las personas que necesitaban moverse a expensas de poder contagiarnos.

Las hemos llevado al médico, a la compra, a ver a sus mayores que estaban solos y para atenderles…

Lo hemos hecho sin pensar en nosotros, lo hemos hecho porque había que hacerlo, porque nuestro servicio al final es, también, esencial.

Pero digo que no se ha reconocido, sobre todo por las administraciones públicas, ¡¡que nos tienen olvidados y abandonados desde hace mucho tiempo!!

El servicio del taxi rural es muy importante para esa población residual de los pueblos.

Para nuestros abuelos, padres y mayores que siguen apegados a sus casas y barrios, que quieren pasar sus últimos días en su tierra natal y que no tienen otro medio de transporte que el taxi.

Somos, en muchas ocasiones, el único enlace que tienen con el exterior.

Con estos servicios, cada vez menos frecuentes, el taxi rural no puede subsistir.

Les llevamos y les acompañamos hasta el médico, les hacemos la compra y les llevamos las bolsas hasta el fogón, les subimos sus medicamentos…

Como ejemplo, un día me llamó un chico de Santander en pleno confinamiento, para que, si por favor le podía subir a su madre de 80 y tantos años un tubo de pegamento, porque se le habían roto las gafas y no podía ver la televisión y como tenía tanto miedo al coronavirus no quería salir ni a pedírselo a un vecino.

Con estos servicios, cada vez menos frecuentes, el taxi rural no puede subsistir.

Solicito e insto a las administraciones públicas, a las Consejerías de Transportes y Educación del Gobierno de Cantabria, a nuestro Presidente (que tantas veces ha utilizado el taxi para ir a sus tareas), buscar una solución a la situación que tenemos desde hace ya mucho tiempo, acentuada de manera preocupante con esta pandemia.

No sé cual podría ser la solución, pero se me ocurre que cada taxi que presta los servicios en un municipio o área de prestación conjunta con otros colindantes tuviera adjudicada alguna ruta escolar que fuera del número de ocupantes igual o menor a sus plazas y que, en muchas ocasiones, por las carreteras tan estrechas es difícil y peligroso que llegue un autobús.

De la manera que ahora está planteada la adjudicación de estas rutas es cada vez más difícil que podamos optar a estos servicios, pues las empresas de autobuses cuentan con muchas más ventajas que nosotros no tenemos.
También se me ocurre que los ayuntamientos faciliten los traslados para sus vecinos que vayan a tareas esenciales, que les puedan subvencionar parte del viaje para así incentivar el uso del taxi…

No sé, quiero pedir que no se nos ignore, que piensen que cumplimos una misión social importante en la Cantabria rural, ya desfavorecida desde hace mucho tiempo.

No pido subvenciones para el taxi, solo la posibilidad de encontrar fórmulas para poder trabajar y no desaparecer.

Si no se toman medidas urgentes, los pueblos se van despoblando ante la mirada quieta e impasible de todos y, sin darnos cuenta de que esta reserva es el futuro, es la opción que más nos puede ayudar a vivir de una manera más tranquila y menos peligrosa de ahora en adelante.

 

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