le petite brocante

Levantar la persiana en tiempos de crisis

Hablamos con tres empresarios que acaban de abrir sus negocios en Santander. En un momento en que cada vez más tiendas echan la persiana, ellos apuestan por un futuro cara al público.
Tiempo de lectura: 4 min

Mientras la Asociación de Trabajadores Autónomos mantiene que, según una encuesta que han realizado, más del 90% de los autónomos de nuestro país ha visto reducida su actividad por la situación sanitaria que vivimos, en Santander todavía hay personas que desafían estadísticas y se lanzan a abrir un negocio en plena recesión económica.

ANTIGUEDADES Y ROPA VINTAGE

‘La petite brocante’ es el nombre de la tienda que Lulu acaba de abrir en la calle Santa Lucía. Un pequeño local en el que vende un poco de todo: antigüedades, muebles, ropa vintage y otros objetos curiosos que, en su mayoría, trae desde Francia.

Lulu habla para El Faradio y nos cuenta que ella y su marido vivían en Burdeos, donde tenían una tienda parecida a la que acaban de abrir en Santander. Dice que conocían Santander porque solían venir de vacaciones y que la ciudad les gustaba mucho. Por eso, durante el confinamiento, se lo pensaron y apostaron por venirse a vivir aquí y probar suerte.

Dicho y hecho. Llegaron a la capital cántabra hace tres meses. Lulu ha montado la tienda. Su marido, músico de profesión, espera una oportunidad.

La tienda lleva tres semanas abierta y Lulu, sin quitar la sonrisa en ningún momento, dice que está contenta, que no se puede quejar, que poco a poco la gente va conociendo la tienda y que confía en que la idea funcione y pueda vivir de su negocio.

TEJIENDO ILUSIONES

Con una gran sonrisa nos recibe también en su negocio Loly. Ella ha abierto en la calle Tetuán un negocio de lanas y de prendas que ella misma teje. Enormes jerseys de punto con la cara de Bart Simpson, pantalones para bebés, caprichosas bufandas y diseños poco habituales en este tipo de prendas.

A veces diseños propios y otras veces tejidas por encargo, según los caprichos del cliente. Todo confeccionado en la técnica de punto y ganchillo y todo hecho por ella: «sin máqinas. Todo lo que hago sale de la aguja y el ganchillo y de mis manos», explica orgullosa.

El negocio abrió sus puertas hace dos meses. Dice que siempre ha sido una mujer a la que no le ha importado arriesgar y añade que los sueños se tienen que cumplir. «De salir bien, sale bien, y de salir mal, sale mal igualmente. Creo que no es cuestión de pandemias. Yo he abierto aquí en Tetuán y la gente me ha acogido muy bien», nos explica.

Loly lleva tejiendo desde los seis años y ahora tiene 53, así que trabaja en lo que define como su pasión, algo que le ayuda a ser optimista. Dice que en Santander quedan pocas tiendas de lanas y considera que es una pena que se pierdan estas tradiciones. Ella vende lanas de marca blanca para que la afición no desaparezca por el precio de la materia prima.

«Llevo tres meses y, más que contenta, estoy contentísima porque la tienda llama muchísimo la atención y todo el mundo que pasa se acerca y me felicita por la iniciativa. Además ven que el ganchillo no es solo cosa de tapetes y colchas. Se pueden hacer infinidad de cosas,» cuenta ilusionada.

HOSTELERÍA

Si hay un sector que no termina de remontar tras el cierre del mes de marzo, es sin duda el de la hostelería. El virus ha golpeado con fuerza el sector puntero de la economía española. Mientras las organizaciones profesionales calculan que 85.000 bares cerrarán a consecuencia de esta crisis, llama la atención el caso de Ángel Cobos, que acaba de abrir un bar en la calle Santa Lucía.

El ‘Café Magic’, un pequeño local que acaba de celebrar su primer mes abierto al público. Ángel antes había trabajado en un supermercado y durante muchos años estuvo en hostelería, por lo que, dice, conoce el sector. «Sabemos que no es un momento fácil y que nos va a costar que todo vuelva a la normalidad, pero yo no creo que sea mal momento», asegura.

Lamenta las trabas y papeleos que exige la administración para poner en marcha un negocio, pero está convencido de que va a merecer la pena. En esta aventura le acompaña su mujer y, entre los dos, confían en ir creciendo, mejorando el local y ganando clientes.

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