Ayeo: dolor del alma flamenca, ‘quejío’ hecho arte

Tiempo de lectura: 4 min

(Fotos: Portada: Dani Simons; interior, Javier de la Riva)

«Ayeo» es una performance flamenca, tribal, brutal, enérgica y desgarradora que hace temblar de emoción y estremecerse de pena…cada uno por lo que quiera imaginarse…todo vale, todo es posible…

Una bata de cola flamenca en medio del escenario del Centro Cívico de Cudón y a su alrededor tres artistas Lucia Serrano, Dani Peña y Ganzo, percusión, danza y dijei, nos expresan y conmueven con su genuina expresión artística.

Una bata de cola que simboliza lo que el espectador quiera imaginarse: la maternidad, la lucha feminista, el silencio y la sumisión de la mujer, el legado de nuestros ancestros, el desamor, e incluso la muerte tan unida a la vida y tan presente en el arte y en la cultura de todos los pueblos.

Taconeo flamenco, percusión, ayeos de unas y otras mujeres visibilizadas tras una investigación previa y minuciosa, dando voz y sentimiento a la represión presente en sus vidas y en sus comunidades. Invitación al público a la reflexión personal, a no mirar para otro lado cuando se siente, a enfrentarse a lo que duele y a ser uno mismo con su realidad sin esquivar la vida y sus vaivenes aunque duela y moleste la enseñanza que nos pretende transmitir.

Foto: Javier de la Riva

El Ay!!! Simboliza un llanto, un derecho a cantar lo que en el alma y en el cuerpo duele, una manera de expresar la profundidad del sentimiento a través de seguiriyas, plañideras, cantes de duelo que si se digiere deriva en soleá y si hay suerte incluso en bulería, como nos transmite en el debate posterior con el público Lucía Serrano.

Se canta y se llora a la vez para que no se nos pudra la pena. En la antigüedad las mujeres lloraban estos cantos en sus casas, más tarde fue visibilizada en tablaos y actuaciones, aunque no siempre se les permitía y menos si ellas estaban casadas, exhibir sus cuerpos, sus sentires eso no era posible desde el patriarcado machista que a día de hoy sigue reprimiendo y machacando a tantas y tantas mujeres. Algunas se rebelan, les arde la sangre ante la injusticia como a Lucía y trasladan a través de su arte la posibilidad de sentir en carne propia luchando con los fantasmas internos, con tanto dogma sin sentido, contra las normas sociales ilógicas y apostando por una igualdad entre hombres y mujeres y la libertad para elegir y ser.

Finaliza la performance con la seguiriya de Silverio y el cante de Esperanza Fernández «Abracé la tierra, que yo no quiero vivir. Que pa vivir como yo estaba prefiero morir…»

En la historia del flamenco femenino nos encontramos con las geniales Niña de la Puebla o la Niña de los Peines, cantaoras por antonomasia en un tiempo en el que el cante y el toque eran puramente masculinas, quedando así excluidas las mujeres en su ámbito profesional, La Bocanegra, una de las pocas mujeres dedicadas profesionalmente a la guitarra; o las transgresoras bailaoras Pastora Imperio y La Argentina, siendo esta última la primera bailaora española en montar una compañía de danza propia, dando un giro de tuerca a las reglas de división sexual del trabajo en el flamenco y generando, a su vez, flujos estéticos transversales entre teatro-flamenco-modernidad.

El espectáculo «Ayeo» replantea el papel de la mujer en los corsés de la moral imperante, a través sobre todo del sentimiento de la música, el baile y la voz de tantas mujeres que han roto tópicos atreviéndose a innovar y crear a pesar de los obstáculos.

Como dice Cristina Cruces, gran observadora del flamenco actual: «La conciencia de la obra creada e interpretada, que muchas veces pasa por fases de dolor y riesgo, es el camino a la felicidad integral».

Rocío Márquez, optimista y crítica no cree que el flamenco haya sido «ni más ni menos machista que el resto de la sociedad».

La bailaora Lucía Álvarez, La Piñona, dice textual: «Hoy somos mujeres más liberadas, menos sumisas, no ceñidas al mandato de ‘ir con mucho cuidado’ o de ‘las mujeres con las mujeres’. Nos relacionamos con los hombres con naturalidad: por ejemplo, ya no es un problema quedarse con un hombre a solas en un camerino».

El flamenco es un arte que integra distintas culturas y que logra sin duda poner la piel de gallina y emocionar hasta el tuétano, un lujo estos artistas cántabros que han sabido levantar al público con emotivos y enérgico aplauso.

Gracias Lucía, Dani y Ganzo por el lujo de presenciaros.

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