Yo para ser feliz quiero un camión… y un lugar adecuado donde comer algo caliente

Dicen que la necesidad agudiza el ingenio. Cerrado el interior del bar, una caja de camión alberga un improvisado comedor para transportistas frente a la planta logística más grande de Cantabria, en Penagos.
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Hace ya 20 años que en Penagos abrió la mayor plataforma logística de Cantabria. Casi 40.000 metros cuadrados con 50 muelles de carga y 8 kilómetros de estanterías en su interior.

Grandes empresas utilizan este centro para coordinar la distribución a todos sus establecimientos comerciales. De aquí salen los productos que abastecen a todos los Carrefour del norte de España. Y no son los únicos. El desfile de camiones es constante. Grandes trailers y otros no tanto. Llegar, aparcar, recoger los papeles y esperar a que les avisen para entrar a cargar o descargar.

El tiempo de espera depende de muchos factores y los camioneros tienen una gran superficie donde estacionar justo enfrente de la plataforma. Allí encontramos a Raquel, detrás de la barra del bar que lleva su nombre y que se inauguró unos meses antes que el centro logístico. De hecho, gran parte de la campa que sirve de aparcamiento, es suya. Allí, antes que ella, estuvo su padre con una exposición de coches.

Pero Raquel no quiere hablar de ella. Lo que le preocupa son sus clientes, los camioneros, muchos, nos cuenta, clientes desde hace un montón de años.

300 CAMIONES AL DÍA

Nos explica que llegan hasta allí después de haber pasado un montón de horas en la carretera y que están deseando tomar algo caliente. Cada día paran en la campa unos 300 camiones. Ella abre a las seis de la mañana y  a esa hora ya hay transportistas esperando para poder tomar un desayuno caliente.

Con el cierre del interior de los establecimientos de hostelería, ahora se tienen que quedar en la terraza. «Hasta ahora ha hecho buen tiempo y se podía aguantar, pero hoy, por ejemplo, llueve y para comer, pues no es lo más cómodo, porque al final la lluvia se cuela entre los toldos y no es forma. Me da pena que después de tanto tiempo en el camión, se tengan que ir a la cabina a comer el pincho también. Yo creo que merecen poder entrar a comer a un local acondicionado. Por supuesto que guardando todas las normas de distancia y seguridad sanitaria·», explica.

Cuenta para EL FARADIO que ella no se queja por su negocio. A las once de la mañana ya había despachado cuatro tortillas y un buen número de pinchos y todos los días da entre 30 y 40  menús. «Yo, afortunadamente, mantengo el negocio, cosa que otros compañeros no han podido hacer. Tengo trabajando a la gente, no hemos parado. Lo que quiero es que los camioneros tengan una atención adecuada».

EN TIERRA DE NADIE

Por eso no se ha quedado parada y ha enviado una carta al gobierno de Cantabria en la que explica su situación. No es una gasolinera ni está dentro de una empresa, supuestos en los que si podría abrir con un tercio de ocupación,  pero su función es dar servicio a los transportistas, que obligatoriamente tienen que aparcar en su campa a la espera de que les den acceso a la plataforma y recuerda que no todo es blanco o negro, que hay una gran cantidad de grises por el camino.

En la terraza, a media mañana, nos encontramos con Mariano, que ha aparcado su camión a unos metros y  aprovecha para tomar un café caliente y un pincho. «Claro que se agradece poder llegar a un sitio y entrar al cuarto de baño y poder tomar algo caliente. Hoy llueve poco y los toldos aguantan bien, pero cuando el invierno de la cara, pues no se, tendremos que mojarnos o ir corriendo a comer el pincho en la cabina mientras esperamos a que nos avisen para entrar en la plataforma para cargar o descargar», relata para EL FARADIO.

Mariano viene de Zaragoza. En el camión lleva fruta, agua y algún tentempié. «·es que hay veces que paramos en municipios donde no puedes entrar a ningún sitio y algunos días hacemos jornadas muy largas. Estamos deseando poder salir del camión y descansar un poco en un lugar acondicionado adecuadamente. Nosotros agradecemos mucho llegar a un sitio y poder entrar al cuarto de baño y tomar algo. Eso por supuesto», nos cuenta.

TIRANDO DE INGENIO

De momento, ya dicen que la necesidad agudiza el ingenio, y esta mañana uno de los camioneros,  cliente habitual del establecimiento, ha pensado que igual mejor que en la terraza, comen en la caja de un trailer.

Dicho y hecho. Sobre las once y media colocaba el remolque junto a la terraza y allí montaba Raquel un improvisado comedor  guardando las distancias exigidas y consiguiendo un lugar más resguardado y acogedor que el que ofrece la terraza.

ESTACIONES DE SERVICIO ABIERTAS

ASEMTRASAN es una asociación de transportistas de Cantabria que aglutina a más de 300 camioneros entre Pymes y autónomos. Su presidente, José Vicente González habla para EL FARADIO: «Afortunadamente, la experiencia del anterior estado de alarma,  dejó claro que cuando se hablaba de cerrar establecimientos de hostelería, no se podía meter en el mismo saco a todo el mundo. Entonces, los camioneros, que no dejaron nunca de abastecer de mercancías de primera necesidad a los establecimientos que permanecieron abiertos, se encontraron totalmente abandonados en las carreteras, sin tener donde parar ni para descansar, ni para comer, ni para utilizar un cuarto de baño. Ahora eso se ha tenido en cuenta y, por lo menos, las áreas de servicio se mantienen abiertas para dar apoyo a este sector».

Conoce perfectamente el establecimiento de Raquel y recuerda que durante el anterior estado de alarma, esta mujer se las arregló para no dejar desatendidos a los camioneros que entraban y salían de la plataforma logística de Penagos. Admite no saber la situación actual del local, pero valora mucho su trabajo de apoyo a los camioneros y  nos dice que se va a informar  para ver si se puede hacer algo desde la asociación «por el bien de los transportistas», añade.

También Raquel aprendió mucho en el anterior estado de alarma. Todavía recuerda cuando rellenaba botellines de agua con café con leche para que sus clientes se lo pudieran llevar al camión y seguir con su ruta. Ahora se ha anticipado a lo que pueda suceder. «Esta vez me va a pillar con la recámara llena de cartuchos, porque me he comprado una food truck y la he dado de alta, así que si la cosa se pone fea y nos cierran todo, yo abro la furgoneta en la campa y por lo menos puedo seguir dando bocadillos y cafés a esta gente que se deja la vida en la carretera».

«A mí no me hace falta publicidad. A mí no me interesa que se hable de mi establecimiento. A mí lo que me interesa es que mis clientes, que llevan una vida muy dura en la carretera, tengan un sitio digno en donde cubrir sus necesidades más elementales. Se me cae la cara al suelo cuando les digo que se sienten en la terraza a morir de frio para esperar un plato caliente. Por eso lo que pido es que alguien en el gobierno regional, en sanidad en transporte o donde sea, analice esta situación y se de cuenta de lo que dije antes, que no todo es blanco o negro», concluye Raquel mientras remueve las alubias que ofrecerá hoy entre sus primeros platos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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