La Garma, un yacimiento con 800 m2 de suelos tal y como los dejaron hace 16.800 años

El catedrático de la UC Pablo Arias destaca que el conjunto kárstico contiene “una de las mejores secuencias arqueológicas de toda Europa”.
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Para un arqueólogo, poder estudiar un sitio inalterado por el tiempo o los saqueadores es toda una inmersión y aporta información muy importante para entender cómo vivían nuestros antepasados.

El yacimiento de La Garma, en Omoño (Ribamontán al Monte, Cantabria), es una de esas “burbujas”, gracias a que sus suelos plagados de restos prehistóricos –huesos, sílex, carbones, lapas, objetos artísticos…- quedaron taponados por un derrumbe y no fueron encontrados hasta 1995.

“Fue un descubrimiento que causó mucha sensación”, recuerda Pablo Arias, catedrático de Prehistoria de la Universidad de Cantabria, investigador del Instituto Internacional de Investigaciones Prehistóricas de Cantabria (IIIPC) y responsable del proyecto junto a Roberto Ontañón.

El padre Lorenzo Sierra había hecho previamente sondeos en dos de las cuevas que hay en la colina de La Garma, pero no encontró el acceso a la denominada Galería Inferior.

UN PERRO LO DESCUBRIÓ

“A principios de los 90, un señor de Omoño llamado José Luis Novoa y su perro Fox localizaron el agujero y un yacimiento del Mesolítico en la zona que se conoce como La Garma A”.

Tras protegerla, en 1995 Ontañón y Arias empezaron a explorar y junto a un equipo de espeleólogos y bajando las dos simas que separan el acceso de la Galería Inferior, el 2 de noviembre localizaron los suelos magdalenienses.

En este cuarto de siglo, los científicos han realizado un esfuerzo especial por estudiar esos hábitats prehistóricos sin alterarlos, “conservándolos para las futuras generaciones”.

“Es un conjunto muy frágil, un espacio totalmente aislado de la contaminación, las bacterias, los contrastes térmicos… que podría sufrir mucho deterioro si se excavara de forma convencional”, dice Arias. Por ello, el trabajo en el yacimiento ha sido muy lento, optando por documentar los objetos “in situ” y llevar en lo posible el laboratorio a la cueva.

El investigador destaca que “el tiempo ha confirmado la importancia de este yacimiento”, que forma parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO y “no ha parado de darnos sorpresas”. Las razones de su excepcionalidad son varias.

Primero, la calidad de su arte rupestre, con más de 400 representaciones gráficas de prácticamente todos los periodos prehistóricos, entre ellas 100 de animales como ciervos, uros, bisontes o caballos. “Es el descubrimiento más grande en este campo de los últimos 100 años, después de los hechos en época de la Primera Guerra Mundial en Altamira, El Castillo y La Pasiega”, explica Arias. También son magníficos los objetos decorados encontrados en sus suelos, como un bastón de mando o colgantes grabados.

OBSERVATORIO DE LA PREHISTORIA

Otro aspecto en el que La Garma “no tiene parangón” es su tapiz de 800 m2 de suelos del magdaleniense “conservados tal y como los dejaron sus últimos ocupantes hace unos 16.800 años”. “Podemos observar en ellos la actividad de un grupo de cazadores y recolectores de la última glaciación que eran bastante poco ordenados y lo dejaban todo tirado, para fortuna de los arqueólogos”. Se trata de algo “único”: “podemos encontrar pequeñas superficies así en puntos del Pirineo francés, pero en ningún sitio a esta escala”.

Esto ha permitido a los arqueólogos descubrir cómo vivían y trabajaban en esos hábitats: “de lo que más información nos da La Garma es de lo que menos solemos tener”.

Los suelos también han dado pistas sobre el proceso técnico de ejecución de las pinturas: dónde conseguían los colorantes, cómo los procesaban… y el contexto social del arte. La idea extendida de que el arte rupestre paleolítico se concentraba en zonas recónditas o de difícil acceso se ha desmontado en gran parte gracias a este yacimiento, donde puede verse un caballo pintado encima del lugar donde habitaban.

Además de la “basura” de nuestros antepasados y del arte, la colina de La Garma y su sistema kárstico formado por 13 yacimientos contiene nueve construcciones paleolíticas bastante bien conservadas, como muros y cabañas. Por si esto fuera poco, el conjunto tiene “una de las mejores secuencias arqueológicas de toda Europa, comparable a la de la Cueva del Castillo”.

Hablamos de ver representados en un mismo lugar todos los periodos de la Prehistoria y algunos de la Historia, llegando a casi 400.000 años atrás, y allí está la única tumba mesolítica de toda Cantabria.

PROYECTO AMBICIOSO

Pablo Arias ofreció recientemente todas estas claves en una conferencia titulada “La Garma. Un descenso al pasado”, ofrecida por el Museo de la Evolución Humana dentro de los Encuentros Arqueológicos con Juan Luis Arsuaga. La difusión de este “ambicioso” proyecto ha sido constante durante estos años, así como la producción científica asociada en forma de artículos de investigación y tesis doctorales.

En La Garma, además, se han aplicado por primera vez numerosas técnicas y métodos arqueológicos, algunos especialmente no invasivos, poniendo al yacimiento a la vanguardia en este campo.

Para todo ello ha sido vital la colaboración institucional, explica Arias, entre la UC, el Gobierno de Cantabria y el Gobierno de España a través del Plan Nacional de I+D+i, además de diversos mecenas como la Fundación Stuart Weitzman.

 

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