La canción más famosa sobre Santander la compuso un sargento republicano que pidió acabar en una fosa común

La canción 'Santander’, convertida en emblema popular de la ciudad, fue escrita por Jorge Sepúlveda, nombre artístico de Luis Sancho Monleón, militar del Ejército republicano represaliado tras la Guerra Civil
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“Santander, eres novia del mar…”. La frase se ha integrado en la identidad sonora de la ciudad, con décadas de presencia en su imaginario sentimental.

Escultura de Jorge Sepúlveda

Lo que pocas veces se recuerda es que su autor, Jorge Sepúlveda, fue sargento del Ejército Popular de la República, herido en la guerra, internado en el campo de concentración franquista de Albatera, y enterrado, por voluntad propia, en una fosa común.

Pese a que el Ayuntamiento de Santander mantiene un monumento en su honor —en plena Reina Victoria, y, como dice otra de sus canciones emblemáticas, que bien podría estar dedidcada también a la ciudad aunque es genérica, mirando al mar-, su biografía suele quedar al margen de los reconocimientos institucionales y este aspecto de su vida no es muy conocido en la ciudad a la que quiso tanto como para cantarla.

De Valencia a Santander

Jorge Sepúlveda fue el nombre artístico de Luis Sancho Monleón, nacido en Valencia el 8 de diciembre de 1917 y fallecido en Palma de Mallorca el 16 de junio de 1983. Su relación con Santander quedó fijada por la canción ‘Santander’, firmada junto a Enrique Peiró. La obra está catalogada por la Fundación Joaquín Díaz como compuesta por ambos en letra y música. Y el vínculo con la ciudad quedó plasmado materialmente en el inventario de bienes del Ayuntamiento de Santander, que incluye un “Monumento a Jorge Sepúlveda en la Avenida Reina Victoria”,

De la guerra al bolero: sargento republicano, campo de concentración y memoria

La trayectoria de Sepúlveda durante la Guerra Civil está recogida en distintas fuentes biográficas y documentales, que coinciden en señalar que alcanzó el rango de sargento en el Ejército Popular de la República. La herida sufrida en la mano izquierda le dejó secuelas permanentes que le impidieron tocar instrumentos musicales con normalidad.

Escultura de Jorge Sepúlveda en Reina Victoria

Al término de la contienda, fue internado en el campo de concentración de Albatera, uno de los principales centros de detención franquistas en la posguerra. Porque el franquismo tuvo campos de concentración para personas que no pensaban como ellos: Santander tuvo uno en el recinto de La Magdalena y el modelo, ensayado precisamente en la capital, fue diseñado por el militar golpista Camilo Alfonso Vega, que hasta hace poco gozaba de reconocimiento público en la ciudad en forma de calle.

El recinto, ubicado en el actual municipio de San Isidro (Alicante), funcionó entre abril y octubre de 1939 y llegó a albergar a más de 16.000 personas, según el Archivo de la Democracia de la Universidad de Alicante. Su declaración como Lugar de Memoria Democrática fue oficializada por la Generalitat Valenciana, que destaca su papel como espacio clave de la represión franquista.

Tras ser liberado, Sepúlveda reinició su vida en 1941 y debutó como cantante en Madrid un año después. La canción ‘Santander’, grabada en esos primeros años de trayectoria, se convirtió con el tiempo en uno de los boleros más emblemáticos del repertorio sentimental español. Aunque otras obras suyas como ‘Mirando al mar’ evocan paisajes marinos, solo ‘Santander’ está documentada como vinculada directamente a la ciudad cántabra.

Un ejercicio de dignidad hasta el final

En los últimos años del franquismo, se vinculó a la Asociación de Militares Republicanos, desde donde colaboró en la ayuda a viudas y familiares de excombatientes republicanos. Esta labor no fue pública ni política en sentido estricto, sino un trabajo de acompañamiento y resolución de gestiones para familias marcadas por la represión.

Cuando murió en 1983, Sepúlveda pidió expresamente no tener funeral. Cumpliendo su deseo, sus cenizas fueron depositadas en la fosa común número 7 del cementerio de Palma, como forma de identificarse con los vencidos de la guerra. Este gesto final condensa una biografía marcada por el conflicto, la represión, la memoria en tiempos en que era más difícil ejercerla y la dignidad más xtrema: renunciar al propio nombre para sumarse al de los que fueron enterrados sin ellos (en Santander, por ejemplo, esto se produjo con la connivencia de la Iglesia, con el cura de Ciriego, Tomás Soto, inscribiendo como anónimos a fusilados en la fosa común, que no recuperaron su nombre hasta que Antonio Ontañón, presidente de honor de Héroes de la República, investigó y les rescató del olvido.

Héroes de la República lanza una campaña para rehabilitar el Trilito de Ciriego, que guarda la memoria de cientos de fusilados 

Así, la paradoja queda formulada desde los hechos: fue un soldado republicano, coherente hasta el mayor de los extremos, el autor de la canción de autor más reconocida sobre Santander, una ciudad eminentemente conservadora que lleva décadas ejerciendo una memoria selectiva que condena al olvido a los perdedores de la Guerra y la posterior dictadura (las víctimas del bombardeo nazi del Barrio Obrero, los presos en el campo de concentración de La Magdalena, los trabajadores esclavos de La Engaña o el pantano del Ebro, figuras como Matilde Zapata o Fidelita Díez, el secretario de La Barraca, Rafael Rodríguez Rapún…)

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