Demasiado pequeños para un mercado tan grande
Lo han dado todo: desde distintos puntos de esta tierra, haciendo ruido, llamando la atención, organizándose previamente, y no sólo ellos, sino a sus entornos, familias, vecinos, el sector primario cántabro ha protagonizado su tercera tractorada en un mes, convocada por organizaciones agrarias como UGAM-COAG, UPA, ASAJA y AIGAS, con participación de cooperativas y asociaciones ganadera, con paradas en el Parlamento de Cantabria o la Delegación de Gobierno, a, con protestas centradas en el rechazo al acuerdo UE-Mercosur, los recortes de la PAC y en general el deterioro de las condiciones económicas del campo.
No es la primera tractorada en los últimos años porque no es el único acuerdo comercial firmado en los últimos años que bajo el paraguas de una liberalización económica esconde lo que hay detrás de la construcción de grandes mercados: la teórica competencia real que favorece a todos no lo hace, porque lo que se crea es un escenario en el que resulta más fácil competir a los gigantes (las grandes industrias y grandes marcas lácteas o cárnicas a otro nivel ) que a los pequeños. Y por aquí no sólo se están en un territorio muy pequeño, sino en un sector muy atomizado. Demasiado pequeños para un mercado tan grande.
No son los únicos que corren el –ya más que un—riesgo de convertirse en los perdedores de esta fase de aceleración de la globalización, que unos llaman turbocapitalismo y otros no saben ni bautizar, pero que en cualquier caso refleja una dinámica en la que nunca se es suficiente.
Lo han vivido ya los taxistas, enfrentados a una lucha por su supervivencia frente a los modelos tipo Uber –beneficiados además de decisiones administrativas que benefician al de por sí aventajado modelo en lo económico—y lo sufrieron antes comercios de todo tipo que no han podido con la embestida no de las grandes superficies, sino de las omnipresentes franquicias –las únicas que pueden pagar los irreales precios de los alquileres que siguen marcando los multirrentistas sin que ningún sector esté trabajando en derivar por allí parte de la responsabilidad– o el empuje arrasador de Amazon, apoyado en la precariedad laboral que también conocen los riders de la hostelería, abocada a un nuevo diezmo a una nueva plataforma.
Nada es suficiente cuando el mundo es la medida: ni el turismo, que ha extendido la masificación a territorios impensables (las BNBcabañas pasiegas) o ha convertido en objeto de competencia entre ciudades las visitas a los alumbrados navideños.
Las escalas de la economía les resultan difíciles de ascender hasta a antiguos conglomerados empresariales, y hoy son los fondos de inversión y capital riesgo global los que compran en el bazar del mundo residencias de personas mayores, equipos deportivos, la sanidad (de los grandes referentes a los nuevos atajos) y hasta industrias. No pasaría nada sino fuera por la opacidad en la propiedad y la impaciencia en los beneficios, que lleva a trocear el botín y desprenderse de él si no hay beneficios millonarios –no hablamos de ganancias, sino de ganancias masivas—en el acto.
No será porque no se hayan producido avisos sobre el impacto de otros tratados, recientes o pasados, pero en la complejidad de este nuevo mundo, sin reglas claras tampoco en el juego empresarial asoman también las contradicciones: las de quienes defendiendo el libre mercado como parte de su propia esencia ideológica están impulsando medidas que perjudican sobre el terreno a sectores reconocibles, las de quienes se pasan la vida pidiendo menor peso del sector público –impensable en una actividad como la agrícola o ganadera, tanto a nivel de ayudas como de controles de calidad—y las de que desde una teórica base liberal piden limitar el poder estatal sin darse cuenta de que hoy el poder más fuerte y descontrolado es el de quienes están posicionados de sobra en el panorama global. Cada cual con sus contradicciones, incluyendo quienes invitan a sus tractores a aquellos cuyos partidos luego votan a favor de estos tratados que amplían el mundo hasta un nivel en el que cada vez más sectores quedan convertidos en otra muesca en el camino.