El Quijote de acero que une arte público y exilio en Santander

La Asociación Amigos del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria continúa su serie coleccionable ‘Arte público en Santander’ con la obra de Leonardo Nierman
Tiempo de lectura: 4 min

Mirando al mar –como pocas en el mundo–, y reflejándola en un juego de espejos que enseguida nos hace pensar en las puertas que se abren y se cierran en aquella venta manchega, hay en Santander una escultura del Quijote que podemos disfrutar gracias a Eulalio Ferrer y una generosidad que nació del sacrificio: este santanderino republicano, exiliado cuyo trabajo como publicista se desarrolló en México, dono a su ciudad este monumento que tal evoque lo que él mismo vivió, cuando, en una playa convertida en campo de concentración –Argeles sur Meer, en Francia– descubrió al ingenioso hidalgo en una novela que, como él mismo contó mil veces, le salvó la vida al rescatarle de la locura del hambre, frío y privaciones que sufrieron allí los republicanos a los que Francia no quiso acoger.
La escultura ‘Don Quijote’, realizada en 2001 por Leonardo Nierman y situada en la calle Manuel García Lago, en el Parque González Mesones de Santander, centra la ficha 38 de la serie coleccionable ‘Arte público en Santander’, una producción exclusiva de la Asociación Amigos del Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (amigosMAS).
La iniciativa forma parte del proyecto de difusión patrimonial impulsado por amigosMAS, entidad vinculada al Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Santander y Cantabria (MAS), que promueve el conocimiento del patrimonio artístico urbano de la ciudad a través de publicaciones periódicas en formato descargable, y nos permite conocer más no sólo de Eulalio Ferrer, sino del autor de la escultura.
La obra, ejecutada en acero inoxidable, responde al lenguaje característico de Leonardo Nierman (Ciudad de México, 1932-2023), artista autodidacta que desarrolló una trayectoria internacional dentro de la abstracción contemporánea.
Nacido en México de padre lituano y madre ucraniana, inicialmente quiso ser violinista, pero desistió al constatar que no llegaba a la altura de los grandes. Licenciado en Ciencias Físicas y Matemáticas, realiza estudios sobre la psicología del color y la forma de los cuerpos estáticos y en movimiento.

Su desarrollo como artista incluye la pintura y la escultura, campos en los que aplica sus conocimientos de música, física y matemáticas. Su primera obra data de la década de 1950, influenciada por la abstracción, el  cubismo   y los movimientos surrealistas. Moldean su trabajo la interpretación de la naturaleza y la búsqueda de la relación entre el arte abstracto y el cosmos.

Entre los espacios que han acogido su obra se encuentran el Museo de Arte Moderno de Ciudad de México, así como recintos en Estados Unidos e Israel. Además, varias de sus piezas forman parte de colecciones públicas y privadas en distintos países.
Miembro vitalicio de la Real Sociedad de Artes de Londres desde 1965, ha sido distinguido con numerosos reconocimientos en México, Italia, Francia y Estados Unidos.
En el caso del Quijote santanderino, la figura no se representa de manera literal, aunque un ‘quijotólogo’ reconocerá enseguida su delgada y triste figura, o sus compleementos. La pieza se construye a partir de formas dinámicas y ascendentes que evocan impulso y tensión. El acabado pulido del acero convierte la superficie en un plano reflectante que incorpora el entorno urbano a la experiencia estética.
De este modo, la escultura no solo ocupa un espacio, sino que dialoga con él. El cielo, la vegetación y quienes transitan por el parque se integran visualmente en la obra, reforzando su carácter de intervención abierta y cambiante.
La instalación de esta pieza en Santander está vinculada a la Fundación Cervantina de México, presidida por Eulalio Ferrer, empresario y figura destacada del exilio republicano español. Ferrer, que combatió en la Guerra Civil y se exilió en México tras la derrota republicana, impulsó desde ese país numerosos proyectos culturales en torno a la figura de Miguel de Cervantes, siendo uno de sus principales coleccionistas y fundador de un museo en Guanajuato.
En ese contexto, promovió interpretaciones contemporáneas del Quijote como símbolo universal de dignidad e idealismo. La elección de Nierman para materializar esta visión respondió a la capacidad del artista para traducir conceptos abstractos en estructuras de fuerte carga expresiva.
La escultura de Santander se inserta así en un marco cultural más amplio, marcado por el diálogo entre el exilio español en México y la modernidad artística latinoamericana. Más allá de su presencia física en el parque, la obra remite a una historia de intercambios culturales y memoria democrática.
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