Yayo Herrero describe la “respuesta distópica” de las élites: ignorar los límites físicos para mantener privilegios deriva en autoritarismo
La antropóloga y referente del ecologismo social Yayo Herrero, afincada en Cantabria, participó este martes en Santander en el ciclo estatal ‘No Normal’, una iniciativa que recorre distintas ciudades vinculando la crisis ecológica con los conflictos sociales y políticos contemporáneos. La charla, celebrada en el instituto Villajunco, situó el foco en una idea central: el actual contexto de guerras y tensiones geopolíticas no puede entenderse sin atender a la crisis material de fondo.
“El modelo en el que vivimos le ha declarado la guerra a la vida”, planteó desde el inicio, en una intervención que fue recibida con un larguísima aplauso, y que suscitó bastantes intervenciones posteriores ante lasque ella iba tomando notas de los intervinientes.
En la charla, Herrero insistió en que los límites físicos del planeta ya no son una hipótesis futura, sino una realidad presente. “Somos radicalmente ecodependientes. No hay vida ni economía posible sin la naturaleza ni sin la trama de la vida”, subrayó.
Herrero cuestionó el lenguaje habitual de la economía al recordar que “cuando hablamos de países productores de petróleo, en realidad deberíamos hablar de extracción”, ya que se trata de recursos finitos. “Una vez sacado, deja de estar disponible”, explicó. En este sentido, insistió en que la economía convencional “se comporta como si esto no existiera”, ignorando que tanto la energía como los materiales dependen de ciclos naturales limitados, y describiriendo los distintos focos de agotamiento de recursos actuales, como el petróleo –y el consumo de energía que supone sacarlo o buscarlo con técnicas más agresivas– o el recurso a las llamadas tierras raras, minerales que se explotan con técnicas similares a la cuestionada fractura hidráulica o fracking.
«VIVIR EN UNA CORNISA»
Ese desfase entre modelo económico y realidad física conduce, a su juicio, a un escenario que ya no es un debate teórico ni una postura ideológica sobe la que se pueda decidir. “Queramos o no, vamos a disponer de menos recursos materiales y menos energía. No es que tengamos que decidir si decrecer o no: vamos a decrecer”, sentenció, vinculando esta situación al propio modelo de desarrollo en que se ha apoyado el mundo.
Además, la intervención vinculó esa contracción material con el aumento de conflictos globales. “Nuestro modelo de progreso es profundamente colonial”, señaló, al tiempo que advertía de que su sostenimiento implica necesariamente desigualdad. “Para que unos vivan bien, otros tienen que vivir mal”, añadió. En esa línea, apuntó que muchas de las tensiones actuales tienen que ver con la disputa por recursos básicos como la tierra, el agua (Gaza( o la energía (sin ir más lejos, todo lo relacionado en la actualidad con Irán y Oriente Medio).
“Si la Europa rica dejara de importar recursos y alimentos, no duraría ni dos meses”, indicó, en referencia a la dependencia estructural de materiales y energía externos.
Este escenario, según explicó, se traduce en conflictos territoriales y sociales cada vez más intensos, con especial impacto en determinados colectivos.
Entre ellos, mencionó a las personas jóvenes, “obligadas a vivir en una cornisa”, en un contexto de encarecimiento de la vivienda y precarización. También se refirió a las personas migrantes, situadas en el centro de un modelo que combina extracción de recursos con cierre de fronteras.
LA RESPUESTA «DISTÓPICA» DE LAS ÉLITES ALIMENTA EL AUTORITARISMO
En este contexto, Herrero definió la reacción dominante como una “respuesta distópica”. “Élites que, pese a este escenario, quieren seguir viviendo en privilegio aunque sea explotando al otro lado de la ecuación”, señaló. A su juicio, el problema se agrava porque “al ignorar los límites físicos, trasladan el conflicto a las personas”, lo que alimenta dinámicas políticas regresivas. “De ahí surgen respuestas autoritarias y de extrema derecha”.
Por otra parte, introdujo un elemento clave de su diagnóstico: la imposibilidad de eludir los límites materiales. “La trama de la vida ha irrumpido como un agente político con el que no se puede negociar. No se puede pactar con los límites físicos del planeta”, recordó.
«NO ES LO MISMO ESTAR ARTICULADAS EN COMUNIDADES QUE ESTAR SOLOS»
Pese a la dureza del análisis, Yayo Herrero insufló optimismo recordando que sí hay alternativas –describió el modelo de biorregiones–, que los jóvenes se implican en la participación –citó ejemplos como Xtinction Rebellion, con representantes entre el público, o Sumud, un grupo de jóvenes cántabros que realiza acciones de sensibilización sobe el genocidio en Gaza– y que, a la hora de la verdad, ante grandes crisis como la dana, el accidente ferroviario o la pandemia, surgen redes de apoyo y organización comunitaria.
“Si reconocemos que nuestras necesidades se satisfacen en colectivo, entendemos que somos interdependientes”, explicó, apelando a reforzar estructuras comunitarias como forma de afrontar el escenario de escasez, porque “si vienen mal dadas, no es lo mismo estar articulados en comunidades que estar solos”, señaló.
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