El monumento a Carrero Blanco en Santoña: una obra del escultor de referencia del franquismo que acabó celebrando la ultraderecha

El franquismo quiso continuar con su hábito de ponerse homenajes a sí mismo en plazas y calles aprovechando el margen entre la muerte del dictador y el fin efectivo de la dictadura. El rey rechazó inaugurarlo
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El expediente iniciado por el Ministerio de Política Territorial y Memoria Democrática sobre el monumento dedicado a Luis Carrero Blanco en Santoña ha vuelto a colocar en el centro del debate uno de los símbolos franquistas más visibles que permanecen en el espacio público de Cantabria, y que quienes defienden lo hacen apelando o a su condición de vecino de la villa o a la de víctima del terrorismo.

El propio Ayuntamiento de Santoña ha descartado esa interpretación cuando la Fiscalía de Memoria Democrática le recordó su deber legal de retirarlo y le respondió que había que resignificarlo, es decir, cambiar el significado para que cumpliera la Ley que prohíbe elementos que ensalcen a figuras de la dictadura.

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De la identificación del monumento con el franquismo da idea de que, aunque se promoviera en 1976, tras el atentado de 1973,  fuera diseñado por el escultor Juan de Ávalos, autor de algunas de las esculturas más reconocibles del Valle de los Caídos, actualmente denominado Valle de Cuelgamuros –construido por batallones de trabajo esclavo republicano–, el lugar donde estaba enterrado el dictador Franco y José Antonio Primo de Rivera, el fundador de Falange, que acabaría siendo el ‘partido’ único de la dictadura franquista.

UN RÉGIMEN QUE BUSCABA SU CONTINUIDAD IN EXTREMIS

El caso de Santoña responde a la práctica habitual del franquismo de honrarse en vida a sí mismo, a sus nombres, a sus héroes, víctimas, batallas y referentes, en una estrategia de propaganda que se sumaba a la censura, la militarización de la vida cotidiana y el control de la Iglesia y la educación.

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Con la particularidad de que el encargo se formalizó ya en plena Transición, una vez muerto Franco pero no consumada también la aprobación de la Constitución del 78.

HOMENAJEANDO PRECISAMENTE A LA FIGURA QUE QUERÍA ENCARNAR ESA CONTINUIDAD

El franquismo mandaba así un mensaje desesperado de búsqueda de continuidad, que de hecho encarnaba el propio Carrero Blanco, nombrado presidente del Gobierno en una figura distinta del Jefe del Estado –antes de él era Franco el dirigente máximo sin recurrir a ese papel–

Sin embargo, el contexto político evolucionó rápidamente durante aquellos años. Aunque el conjunto comenzó a levantarse en 1976, no llegó a inaugurarse oficialmente hasta 1996, dos décadas después de su construcción.

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EL REY RECHAZÓ LAS INVITACIONES PARA INAUGURARLO

Durante años existieron intentos institucionales para dotarlo de una inauguración formal vinculada a la Casa Real.

En 1998, el Ayuntamiento de Santoña aprobó solicitar al rey Juan Carlos su inauguración oficial, y en 2013 volvió a plantearse una iniciativa similar dirigida entonces al Príncipe de Asturias, el actual monarca.

Ninguno aceptó, algo que no se imagina si se viera a Carrero Blanco como una mera víctima del terrorismo, como plantea el Ayuntamiento y los grupos de ultraderecha que quieren el mantenimiento del monumento, en lugar de, como evidencia la secuencia histórica, una figura destacada de la dictadura.

ESCENARIO RECURRENTE DE HOMENAJES FRANQUISTAS Y FALANGISTAS

En paralelo, el espacio fue convirtiéndose progresivamente en lugar de concentración para grupos franquistas, falangistas y organizaciones de extrema derecha vinculadas al entorno de Fuerza Nueva y de Blas Piñar, lo que refuerza la visión de vestigio simbólico de la dictadura.

En cualquier caso, para el Ministerio, el problema no se limita al origen histórico del monumento, sino también a su función actual como posible elemento de exaltación franquista. Entre los argumentos recogidos en el expediente figuran su permanencia monumental en el espacio público, su aparición en materiales turísticos y la celebración periódica de esos homenajes de carácter falangista.

 


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