La Feria de Energía y Territorio de Son Gigantes reúne en Villaescusa a más de un centenar de personas en defensa del territorio

Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio compartieron reflexiones sobre crisis ecosocial, centros de datos, macroinfraestructuras energéticas y organización comunitaria en una jornada que reunió a personas y colectivos de Cantabria y Aragón
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Hay encuentros que sobreviven incluso a la lluvia porque, en el fondo, nacen de una necesidad más profunda que la de simplemente celebrar algo. La Feria de Energía y Territorio impulsada por Son Gigantes reunió este sábado en la Casa de Cultura de Rosequillo, en Villaescusa, a más de un centenar de personas en una jornada atravesada por preguntas sobre energía, mundo rural, límites ecológicos y formas colectivas de organizar la vida.

La previsión meteorológica obligó a aplazar la romería y la programación festiva prevista al aire libre —con conciertos, puestos de artesanos y productores locales y comida popular—, pero el encuentro consiguió mantenerse y prolongarse durante toda la tarde hasta pasadas las nueve de la noche entre mesas informativas, cafés compartidos, debates y espacios de conversación entre personas llegadas desde distintos municipios afectados por proyectos energéticos, entre ellos el centro de datos Altamira.

Durante toda la jornada, colectivos como STOP Macro-eólicas Sur de Cantabria, Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio, Stop Macroplanta Hazas de Cesto, Asamblea Abierta de Piélagos o La Velorta mantuvieron espacios informativos, recogida de alegaciones y materiales divulgativos. Entre pancartas, camisetas y dípticos aparecían también lemas claros como “Ni en tu pueblo, ni en el mío”, impulsado por el colectivo de Hazas de Cesto, así como iniciativas como la encuesta sobre impacto psicosocial en comunidades afectadas por proyectos eólicos promovida desde STOP Macro-eólicas Sur de Cantabria. “Se habla muy poco de las consecuencias sobre la salud mental y el bienestar de las personas afectadas”, señalaba Marta Barreda González, médico de profesión.

Uno de los ejes centrales de la jornada fue la mesa redonda “Energía y territorio”, en la que participaron la antropóloga y ecofeminista Yayo Herrero López, Javier Tobías —integrante del colectivo aragonés “No es sequía, es saqueo”— y Francisco J. Vaquero, director del documental Vidas irrenovables, que intervino mediante conexión online.

Francisco J. Vaquero insistió en una idea repetida en numerosos pueblos atravesados por estos conflictos: que el mundo rural “está abandonado” y convertido muchas veces en “zona de sacrificio”, precisamente allí donde permanecen “los recursos y la riqueza”. El director recordó además que muchos de los proyectos reflejados en Vidas irrenovables se encuentran actualmente paralizados gracias a la difusión, la organización vecinal y el trabajo jurídico desarrollado en distintos lugares.

Herrero insistió en la necesidad de reconocer el contexto ecosocial actual y actuar colectivamente en consecuencia. “No podemos vivir en solitario, ni tampoco en una forma que no reconozca los límites biofísicos”, señaló, recordando que siete de los nueve límites biofísicos del planeta ya han sido sobrepasados. Para la antropóloga, muchas de las tensiones actuales no responden únicamente a un problema técnico o energético, sino a “un problema de modelo”.

Durante su intervención destacó la profunda dependencia material de sociedades construidas sobre combustibles fósiles y minerales no renovables. “Tenemos un mundo que come petróleo”, resumió.Frente a discursos marcados por el miedo o el colapso, Herrero puso el foco en las experiencias comunitarias y las formas de apoyo mutuo existentes. “Cuando uno mira la realidad cara a cara, plantea con otros y otras lo que le gustaría que sucediera y nos ponemos en marcha para que eso se haga, esa es la forma de construir futuros esperanzadores”.

“Da la sensación de que se están creando necesidades energéticas que realmente no necesitábamos”, señaló Javier Tobías, relacionando esta situación con el crecimiento de grandes centros de datos —34 proyectos actualmente planteados en Aragón— y las nuevas infraestructuras energéticas asociadas a ellos.

Durante su intervención, el integrante de “No es sequía, es saqueo” cuestionó el relato económico y laboral con el que suelen presentarse estas infraestructuras, ironizando sobre cómo en ocasiones “se multiplican por diez o por dieciocho” las cifras reales de empleo prometido. Alertó también sobre su elevado consumo hídrico y energético, sus impactos contaminantes y las dudas crecientes sobre la sostenibilidad futura de modelos cada vez más dependientes de este tipo de infraestructuras.

La tarde acogió también un primer encuentro de No Normal Cantabria, vinculado a la red estatal impulsada en los últimos meses por divulgadores, científicos y activistas, y que reunió a personas interesadas en comenzar a construir redes de apoyo mutuo alrededor de cuestiones como autonomía comunitaria, soberanía alimentaria y recuperación de saberes tradicionales.

La jornada concluyó con la intervención de Colectivos Vecinales en Defensa del Territorio, que expusieron la situación actual del despliegue eólico en Cantabria, los procesos jurídicos y vecinales abiertos en distintos municipios y, en concreto, el caso del polígono de El Escudo, actualmente paralizado.

Desde el colectivo aragonés agradecieron especialmente el encuentro con otros territorios afectados. “Nos vamos con lazos reforzados y sintiéndonos un poco menos solas”, señaló Tobías al finalizar la jornada, defendiendo además la necesidad de coordinar movimientos y resistencias frente a procesos impulsados “por empresas y entidades globales que requieren respuestas equivalentes”.“Encuentros como el de hoy son absolutamente cruciales en este momento”, señaló Yayo Herrero, defendiendo la necesidad de recuperar espacios de conversación y organización colectiva frente a un contexto “lleno de información contradictoria, falsas noticias y prejuicios”.

La conclusión que atravesó buena parte de la Feria de Energía y Territorio fue clara: frente a crisis ecológicas, energéticas y materiales cada vez más visibles y globales, construir vínculos y capacidad colectiva aparece cada vez más como una forma de cuidar los territorios y el futuro.

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