Un estudio científico sitúa en los conductos de ventilación el origen del brote de COVID en Nicolás Salmerón durante la pandemia
Un estudio científico internacional ha concluido que el brote de COVID-19 registrado en junio de 2020 en un edificio de la calle Nicolás Salmerón, en Santander, se propagó “muy probablemente” a través del sistema compartido de ventilación de los baños de las viviendas.
La investigación, publicada este mes en la revista científica PLOS One, analiza el contagio que afectó a 16 personas residentes en varios pisos de un inmueble de siete plantas situado en la capital cántabra durante los primeros meses de la pandemia.
El trabajo ha sido desarrollado por especialistas de la Universidad de Colorado Boulder, la Universidad de Cantabria, la Universidad de Valencia y la Universidad Concordia de Canadá, entre otras entidades. Los autores sostienen que los aerosoles contaminados circularon entre apartamentos a través de un sistema de ventilación vertical compartido, sin necesidad de contacto directo entre vecinos.
El brote se produjo pocas semanas después del confinamiento estricto decretado en España en marzo de 2020. Según recuerda el estudio, en aquel momento los casos de coronavirus en Cantabria se encontraban prácticamente controlados y seguían vigentes medidas como el uso obligatorio de mascarilla o la distancia social. Sin embargo, varios residentes de pisos alineados verticalmente comenzaron a contagiarse de manera sucesiva.
Uno de los vecinos del inmueble, el ingeniero David Higuera, sospechó desde el principio que la transmisión podía estar relacionada con los conductos de ventilación de los baños. Esa hipótesis terminó dando lugar a una investigación científica que se prolongó durante cinco años y que incluyó simulaciones informáticas, análisis de presión del aire y mediciones de dióxido de carbono entre viviendas.
Los investigadores detectaron circulación de aire entre pisos incluso en viviendas vacías, lo que permitió confirmar que existía conexión entre apartamentos a través de los conductos verticales. Además, el estudio señala que determinadas condiciones meteorológicas, especialmente los cambios de temperatura, podían invertir el flujo natural del aire y favorecer que este regresara al interior de otras viviendas.
La investigación también concluye que el uso simultáneo de extractores de cocina podía agravar el problema, al generar diferencias de presión capaces de arrastrar aire procedente de baños vecinos en cuestión de minutos. “La ruta de transmisión más plausible para este brote fue el sistema vertical de ventilación de los baños”, resumen los autores del estudio.
El edificio analizado fue construido en 1969, antes de que la normativa española modificara este tipo de sistemas de ventilación natural compartida en 1975. Los investigadores advierten de que una parte importante del parque residencial español sigue contando con diseños similares, especialmente en bloques antiguos.
El trabajo relaciona además el caso de Santander con otros precedentes internacionales. Entre ellos figura el brote de SARS registrado en Hong Kong en 2003, donde más de 300 personas resultaron infectadas en un complejo residencial debido a la circulación de aerosoles a través de conducciones compartidas.
A partir de las conclusiones obtenidas, los autores reclaman actualizar los estándares de ventilación en edificios antiguos y reforzar la calidad del aire interior como medida de salud pública. Entre las recomendaciones planteadas figuran la instalación de extractores mecánicos con válvulas antirretorno o la mejora de los sistemas de renovación de aire para evitar flujos inversos entre viviendas.
La investigadora Shelly Miller, profesora emérita de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Colorado Boulder y una de las autoras principales, advierte de que el problema no se limita a este edificio de Santander. Según explica, situaciones similares podrían producirse en hoteles, oficinas, cruceros o bloques residenciales con sistemas de ventilación conectados.
El estudio vuelve además sobre uno de los debates científicos que marcó la pandemia: la transmisión aérea del coronavirus en espacios interiores mal ventilados. Durante los primeros meses de la crisis sanitaria, numerosos expertos reclamaron reconocer el papel de los aerosoles en la expansión del virus, especialmente en lugares cerrados. Con el tiempo, organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud (OMS) terminaron incorporando esa vía de contagio a sus recomendaciones oficiales.
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