«La problemática de las adicciones está al alcance de cualquiera»: Proyecto Hombre pone el foco en prevención y reinserción
“Las adicciones están tan normalizadas, hay tanta permisividad, que a ese problema puede acceder cualquiera”. Con esa advertencia, Jaime Pérez Maza, técnico en adicciones y coordinador del Programa Socaire de Proyecto Hombre Cantabria, sitúa el debate más allá de la imagen clásica de las drogodependencias y lo lleva a un terreno cotidiano: consumos asociados al ocio, al fin de semana, a la celebración o al éxito social que pueden acabar deteriorando la vida familiar, social, laboral y económica de una persona.
Pérez Maza coordina el Programa Socaire, que comprende las fases de comunidad terapéutica y reinserción. Desde esa experiencia, defiende que la percepción social ha cambiado desde la epidemia de la heroína de los años 80, pero subraya que ese cambio no elimina el riesgo. En su lectura, la cocaína, el alcohol, el hachís o la marihuana se mueven en espacios más normalizados y, en ocasiones, más invisibles que otras con más visibilidad o trayectoria, como la heroína, a finales de los 70 y 80 que está en la génesis de este proyecto de apoyo a personas con adicciones y sus familias.
Aquel escenario, marcado por consumos por vía parenteral y enfermedades asociadas como la hepatitis C o el virus de inmunodeficiencia humana (VIH), generó una alarma social que hoy no se percibe del mismo modo ante sustancias más integradas en el ocio. La cocaína, apunta, llegó “revestida de muchísimo marketing” y asociada a capas sociales altas antes de extenderse a otros barrios y contextos.
Según explica Pérez Maza, muchas personas usuarias llegan a esa fase con formación y oficios: electricistas, soldadores, mecánicos o personas autónomas con pequeñas empresas. En la reinserción, tras la comunidad terapéutica, comienzan a repartir currículums, contactan con empresas o solicitan el alta médica para volver al puesto anterior si estaban de baja. Hay casos que se atascan, admite, pero sostiene que “en cuestión de meses están todos trabajando”.
El técnico en adicciones también pone el foco en las adicciones sin sustancia. Explica que, hace más de diez años, las peticiones de ayuda por juego estaban más vinculadas a personas de mediana edad, al alcohol y a las máquinas tragaperras. Con la expansión del teléfono móvil y el ordenador, el perfil cambió: bajó la edad media y crecieron el juego online y las apuestas deportivas.
Frente al juego presencial, donde la persona tiene que cambiar billetes y ve físicamente el dinero, el entorno digital difumina el gasto. La tarjeta, las aplicaciones y la inmediatez de la apuesta hacen que se pierda la noción de lo gastado, según explica.
En esos procesos, el área económica aparece desde el inicio del tratamiento. Pérez Maza describe controles de tarjetas, aplicaciones y pagos por parte de familias o acompañamientos, junto a pagas diarias o semanales y planes de devolución de deudas. El programa Pharos, antes identificado como programa de ludopatías, trabaja estas situaciones con una asistencia grupal semanal.
Proyecto Hombre Cantabria combina comunidad terapéutica, reinserción, centro de día y programas ambulatorios, según la valoración de cada caso. En los programas de tarde, las personas mantienen responsabilidades cotidianas, acuden dos días a la semana y trabajan principalmente en grupo, sin renunciar a la terapia individual. La entidad recalca además el papel de las familias como pilar del proceso.
Por eso, una de las primeras indicaciones cuando alguien pide ayuda es acudir acompañado, bien por la pareja, bien por padres, madres u otras personas cercanas. Esa red permite sostener límites, ordenar la economía y acompañar el proceso terapéutico.
La prevención se despliega en colegios y con perfiles de chicos y chicas jóvenes con conductas de riesgo o consumos iniciales. Pérez Maza alude a prevención universal, selectiva e indicada, con trabajo durante el curso escolar junto a familias, profesorado y orientadores, dentro de una estrategia que intenta intervenir antes de que el consumo o el juego se conviertan en deterioro.
En ese itinerario aparece, como una pieza concreta, la iniciativa social presentada por Dacia a la Fundación CESCAN (Centro de Solidaridad de Cantabria)-Proyecto Hombre Cantabria. La propuesta se dirige a personas que pueden tener dificultades para acceder al mercado laboral por un problema de movilidad, de modo que la entidad actúe como filtro y acompañamiento ante el concesionario Renault-Dacia para facilitar una solución de transporte.
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