Lucía Lantero lleva a La Central de Navajeda la historia de AYMY, el hogar que nació tras el terremoto de Haití
La Central de Navajeda acogió recientemente un podcast con público dedicado al trabajo de AYMY, la fundación impulsada por la santanderina Lucía Lantero en Haití.
El encuentro, celebrado en el bar y espacio cultural de Barrio Padierne, repasó el origen de una iniciativa nacida tras el terremoto de 2010 y convertida hoy en un hogar, una escuela y varios proyectos comunitarios en Anse-à-Pitres, en el sur del país.
Lantero explicó que AYMY procede de Ayitimoun Yo, una expresión en criollo haitiano vinculada a “los niños de Haití”. Según relató, el nombre surgió de los propios niños cuando el proyecto aún no tenía estructura formal. “Les dije: ‘¿Cómo queréis llamaros?’. Y me dijeron: ‘Ayitimoun Yo’. Era imposible de deletrear, pero era su nombre”, recordó en la grabación, conducida por el periodista Oscar Allende, de EL FARADIO.
La fundadora llegó a Haití después de formarse en Ciencias Gastronómicas y especializarse en conservación de semillas y alimentos. Su idea inicial era colaborar unos meses con una organización que trabajaba en la zona, pero al cruzar la frontera desde República Dominicana se encontró con una situación que desbordó cualquier previsión. “El terremoto tumbó a un país que ya estaba de rodillas”, resumió.
El primer impacto no fue solo la destrucción material, sino la situación de los niños que sobrevivían en la calle en la zona fronteriza de Pedernales. “Todos sabemos que hay esclavitud infantil en el mundo, pero una cosa es saberlo en estadísticas y otra cosa es tener a un niño que te pregunta si yo sé cómo se llama o si puedo buscar a su familia”, explicó. Aquellos menores hablaban de dueños, abusos, narcotráfico y abandono.
La respuesta institucional no llegó como esperaba. Tras una reunión con autoridades y organizaciones presentes en la zona, entendió que muchos niños quedaban atrapados en un vacío: podían tener familia, pero nadie lo sabía; podían no tenerla, pero tampoco existía una estructura capaz de acogerles. “Ahí es cuando yo me di cuenta de que, si nadie hacía nada, se iban a quedar condenados a eso”, relató.
Con sus propios ahorros alquiló una casa en construcción, sin puertas ni ventanas, junto al mar. Allí comenzó AYMY, con cinco niños que cruzaron la frontera y durmieron como pudieron, entre una hamaca y una tienda de campaña. “El primer año yo ya sabía que esto era de por vida”, aseguró. “Si los niños ya habían vivido lo que habían vivido, salvo y calentitos, comiendo bien y queridos, jamás les iba a volver a dejar en la calle”.
La situación de Haití atraviesa una crisis humanitaria extrema. UNICEF (Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia) alertó en octubre de 2025 de que 680.000 niños y niñas habían sido desplazados por la violencia, dentro de un país con más de 1,3 millones de personas desplazadas, más de 3,3 millones de menores necesitados de asistencia humanitaria y más de un millón de niños en niveles críticos de inseguridad alimentaria. Para 2026, UNICEF sitúa en 6,4 millones las personas necesitadas de ayuda humanitaria en Haití, de ellas 2,6 millones menores, en un contexto marcado por la violencia armada, el desplazamiento, el cólera, la inseguridad alimentaria y el deterioro de los servicios esenciales.
Lantero conectó esa crisis con una cadena de pobreza difícil de romper. Habló de familias que no pueden enviar a sus hijos a la escuela por no tener zapatos, uniforme o comida; de niños que caminan con los zapatos en la mano para no gastarlos; de la falta de agua potable; de la frontera cerrada y de una vida marcada por la supervivencia diaria. “La pobreza es muy difícil de romper”, señaló.
El trabajo de AYMY, explicó, no busca solo atender urgencias, sino crear condiciones para que los jóvenes puedan transformar su entorno. “Yo no voy a cambiar Haití”, reconoció. “Los que yo sí creo que pueden cambiar Haití son ellos, o sus nietos, o sus bisnietos”. Esa idea se concreta en antiguos niños de la casa que hoy trabajan como educadores dentro de la propia organización.
Durante la conversación también se abordó la colaboración con la Fundación Real Madrid, que utiliza el deporte como herramienta educativa. Lantero señaló que el juego permite trabajar el respeto al contrario, la convivencia y el orgullo comunitario.
El escritor José Manuel Tallón explicó que conoció el proyecto durante un viaje a República Dominicana y Haití. Llegó, dijo, “sin saber ni a dónde iba”, pero se encontró con “un hogar” en el que los niños estaban seguros, alimentados, atendidos y escolarizados. Tallón es autor de ‘Despertares’, publicado por Bubok Publishing en 2025, un libro de 440 páginas vinculado al desarrollo personal y la reflexión interior.
La conversación sirvió también para hablar de la ayuda concreta. Lantero puso como ejemplo una aportación de veinte euros, que puede cubrir la escolarización y una comida diaria para un niño. AYMY mantiene abiertas donaciones mediante tarjeta bancaria, PayPal, transferencia y Bizum, con el código 01003. Además, sostiene proyectos de autonomía comunitaria como la panadería, pensada para generar empleo joven, ingresos propios y acceso a pan fresco en Anse-à-Pitres, donde muchas familias cruzan la frontera hacia República Dominicana para comprarlo.
“Lo único que importa en esta vida es el ejemplo que marcas con tus actos, tus acciones, tus silencios, tus palabras y tus no acciones”, afirmó Lantero. Y añadió una forma de mirar el futuro desde lo inmediato: “Hoy. No hay más. Hoy. Es lo único que importa: qué hago hoy”.
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