Kayed y Amal Hammad reivindican la resistencia cotidiana de Gaza: «La libertad no tiene precio»
«Durante casi 21 meses cambiamos 17 veces de casa. Vivíamos de la muerte a la muerte». Con ese resumen de la vida cotidiana en la Franja de Gaza durante la ofensiva israelí, el periodista palestino Kayed Hammad trasladó este sábado al público de la Feria del Libro de Santander un testimonio marcado por la supervivencia, la pérdida y la resistencia cotidiana.
Hammad participó junto a Amal, su mujer, en la presentación del proyecto ‘Menú Gaza’, celebrada en la Plaza Porticada, donde compartió algunas de las experiencias que dieron origen a una obra que recoge cómo la cocina acabó convirtiéndose en una forma de sostener la vida en medio de los bombardeos y del bloqueo. Un proyecto en el que colaboró también el periodista español Mikel Ayestarán.
El periodista, que también ha trabajado como fixer y traductor, explicó que una de las imágenes que más repercusión tuvo durante la guerra fue la fotografía diaria de los platos que conseguía preparar para su familia. Lo que comenzó como un gesto puntual acabó prolongándose durante cerca de 500 días, en un contexto en el que cocinar suponía una tarea de varias horas por la falta de electricidad, gas y agua.
Cada jornada, relató, comenzaba con la búsqueda de leña para encender el fuego, la localización de agua y el intento de encontrar algún ingrediente. A ello se sumaba la incertidumbre permanente de no saber si quienes salían de casa regresarían con vida. «Una vez que la comida estaba hecha, muchas veces empezaban los bombardeos y teníamos que abandonarla. Eso significaba pasar otro día sin comer», recordó.
Lejos de alimentar únicamente a su núcleo familiar, la pareja explicó que nunca cocinaban solo para los cinco miembros de su casa. Vecinos, familiares y personas desplazadas compartían el mismo alimento, hasta reunir habitualmente a 17 personas alrededor de un único plato.
Durante su intervención describieron el colapso económico provocado por la guerra y el bloqueo, denunciando la especulación con la ayuda humanitaria. Según relataron, un litro de aceite de girasol llegó a costar 40 euros, un kilo de harina alcanzó los 70 euros y el azúcar los 150 euros, mientras alrededor del 90 por ciento de la población había perdido su empleo y dependía de la ayuda humanitaria para sobrevivir. En este sentido, sostuvieron que el acceso a la alimentación se convirtió en una carrera diaria contra el tiempo y contra la escasez.
También criticaron la actuación de la comunidad internacional y el respaldo prestado por distintos gobiernos occidentales a Israel. A su juicio, el conflicto ha evidenciado un cambio en la percepción internacional sobre lo que ocurre en Palestina y defendió que el «relato» ha empezado a modificarse tras meses de difusión de imágenes y testimonios procedentes de Gaza.
Hammad sostuvo igualmente que la política estadounidense hacia Palestina no ha variado sustancialmente entre administraciones, aunque consideró que el regreso de Donald Trump ha servido, en su opinión, para hacer más explícitas determinadas posiciones de Estados Unidos en el escenario internacional.
Uno de los momentos más duros de la conversación llegó cuando recordó la decisión adoptada por su familia tras el asesinato de uno de sus hermanos. Explicó que, cuando los bombardeos impedían cualquier posibilidad de huida, todos permanecían abrazados unos a otros con la intención de morir juntos si un misil alcanzaba la vivienda. «Preferíamos que acabara con todos de una vez y que no quedara nadie sufriendo por los demás», afirmó.
Según relató, esa fue una decisión compartida por numerosas familias gazatíes, convencidas de que sobrevivir en soledad tras perder a todos sus seres queridos podía resultar aún más doloroso que la propia muerte. Pese a ese contexto, aseguró que intentaban mantener pequeños espacios de normalidad para la infancia. Recordó, por ejemplo, el cumpleaños de una niña de la familia, para el que consiguió preparar un sencillo plato con los escasos ingredientes disponibles con el objetivo de regalarle, al menos durante unos minutos, la sensación de estar viviendo «un día especial».
Como periodista, Hammad explicó que documentar la guerra suponía exponerse a un riesgo constante. Aseguró que los profesionales de la información eran considerados objetivos prioritarios y que, por ese motivo, evitaban cualquier elemento que pudiera identificarlos como prensa.
Relató que fue su hija Dalia quien comenzó a ayudarle a tomar fotografías y grabar vídeos para reducir el riesgo de ser detectados por drones israelíes. Esa experiencia, contó, llevó a la joven a abandonar su intención de estudiar Biología para matricularse finalmente en Periodismo Digital.
Durante el acto recordó que, según los datos disponibles, más de 260 periodistas han muerto en Gaza desde el inicio de la ofensiva israelí, una cifra sin precedentes para un conflicto contemporáneo.
Los libros como refugio
La presentación de ‘Menú Gaza’ tuvo lugar en la Feria del Libro de Santander, FELISA, un escenario que permitió a ambos reflexionar también sobre el papel de la lectura durante la guerra. Afirmaron que, al desaparecer prácticamente cualquier otra forma de ocio por los cortes de electricidad y la destrucción de viviendas, muchas personas comenzaron a recoger libros entre los escombros para intercambiarlos o venderlos en pequeños puestos improvisados.
«Conseguir un libro podía ser casi un milagro», señaló Kayed, al describir cómo la lectura terminó convirtiéndose en una forma de resistencia cultural en medio de la devastación.
Tras conseguir salir de Gaza y establecerse temporalmente en Segovia junto a parte de su familia, reconocieron que todavía arrastran secuelas de aquella experiencia. Contaron que continúan comiendo con rapidez por la costumbre adquirida durante los bombardeos y que aún les cuesta dormir por las noches. También admitieron sentir una constante sensación de culpa por haber encontrado seguridad mientras parte de su familia permanece en Gaza.
Durante toda su intervención insistieron en que el conflicto no comenzó el 7 de octubre de 2023, sino que debe entenderse en el contexto del bloqueo que, según recordó, la Franja de Gaza soportaba desde hacía años. «La libertad no tiene precio», concluyeron, reivindicando la dignidad del pueblo palestino frente a décadas de ocupación y violencia.
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