La resistencia
Hay momentos en la historia, como este, en que los intelectuales no pueden permitirse el lujo de considerar ningún tema como tabú. Y sin embargo, incluso en medio del genocidio en Gaza, uno de ellos, crucial, sigue siendo ignorado. A saber, la cuestión de la Resistencia Armada Palestina.
El stablishment, aquí y en Sebastopol, acompañado por los medios de comunicación de diverso pelaje y mayormente occidentales, han reducido la resistencia al mero sinónimo de terrorismo, creando un clima en el que tan solo por hablar de su historia, sus fundamentos políticos y su papel estratégico puede acarrear condena, intimidación o criminalización a todos estos y estas demócratas que se la cogen con papel de fumar. ¿Resultado? Una forma generalizada de autocensura que impregna, incluso, los círculos intelectuales y académicos.
Nosotros creemos sin embargo que la historia, la dinámica y las contradicciones de la resistencia palestina deben examinarse con atención y cuidado si queremos comprender el momento histórico que estamos viviendo, en particular tras los acontecimientos del 7 de octubre y el genocidio que Israel inició y sigue perpetrando en Gaza.
Partimos de una premisa que, a estas alturas, debería ser evidente: la resistencia palestina no surgió el 7 de octubre de 2023. No nació en un vacío ideológico, ni puede separarse de la historia del colonialismo de asentamiento sionista, el despojo, la ocupación, el encarcelamiento, el asedio y las repetidas masacres que la ideología sionista ha ido originando. Como consecuencia, la resistencia ha adoptado diferentes formas políticas, culturales y militares. Sus organizaciones, ideologías y estrategias han cambiado, pero las condiciones que la originaron se mantienen y siguen sin resolverse.
Analizar la resistencia no implica suspender el juicio crítico. Significa devolver la historia, la política y la capacidad de acción de los palestinos a un tema al que, el discurso occidental ha despojado deliberadamente estos tres elementos. Un análisis serio debería ser capaz de afrontar los fracasos estratégicos, las contradicciones internas y el devastador costo humano que durante todos estos años ha tenido la lucha armada. Es su deber, también, rechazar la deshonestidad intelectual de considerar la violencia colonial como una estructura política perdurable, mientras que la resistencia que genera se califica como fanatismo.
Kasrils, del Congreso Nacional Africano, sitúa a Palestina dentro de la historia más amplia de la Liberación Anticolonial. Digamos antes de nada que la comparación con Sudáfrica no es ni decorativa ni sentimental. Le permite examinar las condiciones bajo las cuales las gentes recurren a la lucha armada y la relación que existe entre la resistencia militar, movilización de masas, organización clandestina y la solidaridad internacional.
Kasrils nos recuerda que un movimiento armado NO PUEDE NI DEBE sustituir la acción militar por la estrategia política:“La experiencia- dice – nos ha enseñado que la liberación no se puede lograr con un solo método.”
En efecto, la lucha del ANC en Sud Africase basaba en la convergencia de varios frentes, donde cada uno reforzaba a los demás. «El avance de los cuatro frentes es esencial», explica Kasrils porque “La debilidad en un frente debilita a los demás. Hay que hacer sentir al enemigo la presión desde todas las direcciones al mismo tiempo.”
En una de las valoraciones más directas del tema, escribe:
“La Operación Inundación de Al Aqsa, es decir la fuga de la prisión en la que se había convertido Gaza, el 7 de octubre de 2023, fue tácticamente brillante, pero el resultado estratégico ha sido espantoso.” Identifica “un error de cálculo fatal con respecto a la reacción de Israel”, al tiempo que insiste en que la historia no termina con un revés: “Se analizan los errores, se aprenden las lecciones, se replantean las estrategias. Quienes no cometen errores no hacen nada y, por lo tanto, son incapaces de aprender. Simplemente critican.”
Esa disposición suya a afrontar tanto la necesidad como la consecuencia nos parece esencial. La cuestión no es si la resistencia puede debatirse solo después de haber sido purificada de toda contradicción. Ningún movimiento de liberación en la historia ha cumplido tal requisito. La verdadera pregunta es si un pueblo colonizado puede ser entendido como un actor político capaz de tomar decisiones, desarrollar estrategias, cometer errores, aprender, adaptarse y continuar su lucha.
Por otra parte, TahrirHamdi en su obra «Palestina resiste: liberación y retorno», sitúa la resistencia armada dentro de una cultura de rechazo más amplia. Comienza con una pregunta que abarca la totalidad de la condición palestina:“¿Cómo resistir el despojo y el desplazamiento, el genocidio continuo, el culturicidio, el escolasticidio y el epistemicidio, y todas las formas de borrado del pasado, presente y futuro de un pueblo?”.Su respuesta rechaza la fragmentación de la lucha palestina en formas aceptables e inaceptables. Dice:“Resistan por todos los medios disponibles: resistencia armada, resistencia cultural y resistencia económica.”
Basándose en FrantzFanon, Aimé Césaire, Amílcar Cabral, GhassanKanafani y Edward Said, Hamdisostiene que la resistencia cultural y la armada son componentes inseparables de la liberación nacional. La cultura preserva la conciencia histórica que el colonialismo busca destruir; A lo largo de las transformaciones ideológicas del movimiento palestino sus objetivos fundamentales han permanecido inalterables: la liberación, la dignidad y el retorno.
Señalar también que la lucha y la resistencia no puede comprenderse a través de historias centradas casi exclusivamente en los hombres, las organizaciones militares y el liderazgo político formal. Romana Rubeo en su obra «El otro lado de la lucha: La historia no contada de la resistencia de las mujeres palestinas», reconstruye la capacidad de acción política de las mujeres desde el primer Congreso de Mujeres Árabes Palestinas en Jerusalén en 1929 hasta el genocidio actual en Gaza.
Hemos visto cómo nuestras mujeres, las mujeres palestinas, son a menudo confinadas a un conjunto limitado de representaciones coloniales: la víctima silenciosa, la madre afligida, la mujer árabe oprimida que espera ser rescatada o (cuando están armadas), la «terrorista» irracional. Se olvidan, como lo hacen siempre, de la enorme cantidad de acciones que en todo lugar y en todo momento han dependido de ellas: La organización de manifestaciones, el transporte de armas, el refugio proporcionado a los combatientes, los arrestos y encarcelamientos, la atención a los heridos, la fundación y cuidado de diversas instituciones de ayuda, la participación directa en organizaciones armadas. Por otra parte, su labor política ha desaparecido con frecuencia bajo la etiqueta de actividad social o humanitaria. Pero, como también Rubeo en su ensayo,“Ayudar a las familias de los presos, tratar a las personas heridas por las fuerzas coloniales o recaudar fondos para las comunidades que sufren la represión difícilmente podría describirse como mera ‘labor social’ apolítica.”
A día de hoy, en pleno genocidio, las mujeres continúan trabajando como periodistas, médicas, maestras y organizadoras, al tiempo que participan en las estructuras de resistencia armada. De manera que, para estar verdaderamente informados, más nos vale confrontar los silencios de un archivo moldeado por el poder colonial. «La otra cara de la lucha», concluye Rubeo, «no es una nota a pie de página en la historia palestina, sino uno de sus hilos conductores centrales».
La Resistencia Palestina NO es algo excepcional. Debemos situarla en el contexto de la historia del Colonialismo y de la Liberación nacional sin olvidar el desarrollo específico de su historia, la capacidad de acción de un pueblo que con frecuencia solo se ha visto representado NO a través de lo que hace sino a través de lo que se le ha hecho.