Leonora Carrington, más allá de las etiquetas
La conversación celebrada este jueves en Faro Santander entre Vanessa Boni, comisaria de «El surrealismo sintomático: Leonora Carrington», y Carolina Erdocia, experta en metodologías de investigación feminista, invita a mirar a Leonora Carrington desde un lugar diferente: no desde la etiqueta de la enfermedad, sino desde la mujer, la artista y la creadora que fue durante los 94 años de su vida.

«Cuando uno se lanza a lo desconocido se salva», Leonora se lanzó a bajar a los infiernos y exploró el mundo a través de una visión surrealista inspirada por el Bosco y otros artistas y descubriendo un sinfin de expresiones artísticas únicas, no le gustaba ser catalogada de surrealista y prefería ser feminista.
La exposición podrá visitarse hasta el 31 de enero de 2027 y forma parte del proyecto con el que nace Faro Santander, nuevo espacio cultural de Fundación Banco Santander que reúne arte, cultura, tecnología, memoria e innovación.
La muestra, organizada en colaboración con el Freud Museum London, recupera dibujos, textos y pinturas relacionados con el periodo que Carrington vivió durante la Segunda Guerra Mundial y, especialmente, con su estancia en Santander.
Carrington llegó a Santander con 23 años, después de haber atravesado la guerra, la huida de la Francia ocupada, la separación de Max Ernst y una horrible experiencia de violencia sexual en Madrid. En 1940 fue ingresada en el sanatorio Peña Castillo, dirigido por el doctor Luis Morales, donde permaneció aproximadamente cuatro meses.
Aquella crisis psicológica fue un episodio concreto y excepcional de una vida de 94 años. Precisamente ahí reside una de las cuestiones que deberían plantearse al acercarnos hoy a su figura: ¿por qué seguimos mirando a una mujer fundamentalmente desde el momento en que estuvo enferma, en lugar de desde todo lo que fue y creó antes y después?
Una crisis no es una identidad. La propia artista convirtió posteriormente aquella experiencia en Memorias de abajo, pero su trayectoria no terminó en Santander. Al contrario: aquella experiencia se incorporó a un proceso creativo mucho más amplio. Faro Santander señala que los motivos presentes en sus obras de aquel periodo: caballos, pájaros, criaturas híbridas, alquimia…ya formaban parte de su lenguaje anterior y continuarían desarrollándose después.
Durante su hospitalización, continuó siendo artista. El personal médico la animó a dibujar para organizar sus pensamientos y expresarse, mientras ella trabajaba también de manera independiente en sus cuadernos. De aquel periodo proceden numerosos dibujos y dos óleos: Down Below y Villa Pilar.
Villa Pilar: una mujer que sigue creando cuando otros intentan definirla.
Villa Pilar adquiere en este contexto una enorme fuerza simbólica. Carrington dedicó y regaló el cuadro al doctor Morales al abandonar el sanatorio tal como nos indica su hija, asistente al público del acto. Esa y otras obras regaladas con posiblemente el ánimo de cerrar una etapa oscura de su vida, una muerte simbólica. La psiquiatría de entonces cumplía rígidos protocolos que incluían cardiazol, aislamiento y otras prácticas coercitivas, muy alejada de los actuales principios de autonomía y consentimiento. La joven que había rechazado las convenciones de su familia y había elegido ser artista perdió entonces buena parte de su capacidad de decidir sobre su propia vida.

Leonora Carrington junto al doctor Morales
El psicoanálisis de Freud ofrece un marco histórico para comprender cómo, durante el siglo XX, los conflictos inconscientes, los sueños, los símbolos y los recuerdos comenzaron a ocupar un lugar central en la interpretación del sufrimiento psíquico. Sin embargo, la experiencia de Carrington no puede reducirse a una lectura clínica ni a una aplicación mecánica de la teoría.
La contradicción forma parte de la historia y no necesita ser simplificada.
Lo verdaderamente significativo es que incluso en aquellas circunstancias Carrington continuó construyendo su propio lenguaje.
Más que una paciente pasiva sometida a interpretaciones ajenas, Carrington fue autora de su propia técnica curativa y expresiva. Escribir, dibujar y construir un universo simbólico le permitió elaborar aquello que la psiquiatría de su tiempo no supo escuchar. Carrington desplazó esa exploración hacia una forma personal de creación, sin aceptar que otros tuvieran la última palabra sobre el significado de su experiencia.
«Nací con una vocación y mis obras son solo mías»
En Villa Pilar aparecen cuatro criaturas: el caballo libre, la hiena rebelde, el pavo real y el perro blanco. Boni interpreta las diferentes figuras como distintas versiones cambiantes del yo y plantea que el cuadro puede entenderse como una exploración de una identidad fluida y múltiple. El caballo, además, aparece como el eterno alter ego de Leonora.
Así, quizá no haya que buscar en el cuadro una única representación de Leonora, sino entender que todas las criaturas forman parte de ella.
Son fragmentos de una misma mujer.
La mujer libre.
La mujer rebelde.
La mujer que protege.
La mujer que se transforma.
La mujer que atraviesa el sufrimiento.
La mujer que se niega a desaparecer.
El caballo que no acepta ser domesticado.
Esta lectura permite aproximarse a Carrington desde una perspectiva feminista especialmente poderosa.

Down Below de Leonora Carrington, inspirado en su paso por Santander
Había nacido en una familia acomodada y pese a ellos decía » La finalidad de la vida no es prosperar sino transformarse», rechazó las convenciones de la clase social en la que había sido educada para convertirse en artista. Su lenguaje artístico incorporó mitología, folclore celta, alquimia y ocultismo, junto con una imaginación que Faro define expresamente como feminista y rebelde.
Leonora Carrington fue atravesó su manera de vivir, su ruptura con las expectativas familiares, su defensa de la libertad creativa y el universo artístico que construyó. En sus obras, las mujeres dejan de ser figuras pasivas para convertirse en creadoras, transformadoras y protagonistas de su propio mundo.
«No tuve tiempo de ser la musa de nadie; estaba demasiado ocupada rebelándome contra mis padres y aprendiendo a ser artista.»
Fue una mujer que cuestionó los roles impuestos, defendió la autonomía femenina y desarrolló una obra que reivindica el poder y la agencia de las mujeres.
Frente a un modelo social que pretendía determinar qué debía ser una mujer, Carrington construyó su propia identidad.
Por eso el caballo libre adquiere una fuerza especial: puede contemplarse como metáfora de una mujer que no acepta ser domesticada. Y el conjunto de animales puede leerse como un autorretrato fragmentado en el que Carrington se representa sin necesidad de reproducir su propio rostro.
No es casual que la comisaria hable de hibridez, enmascaramiento y metamorfosis. El lenguaje de Carrington no ofrece una identidad fija: la multiplica.
De la represión a la libertad
La experiencia familiar, social y psiquiátrica de Carrington forma parte de una época en la que la autonomía de una mujer podía quedar sometida a las decisiones de otros. Su ingreso en Santander fue ordenado por su padre y su posterior relato dejó constancia del carácter traumático de aquella experiencia.
Pero reducirla a víctima sería otra forma de limitarla.
Carrington sobrevivió, salió de Europa, se casó con Renato Leduc y llegó a México en 1942. Allí desarrolló durante décadas una extraordinaria trayectoria artística y literaria hasta su muerte en Ciudad de México en 2011, a los 94 años.
Atreverse a mirar a Leonora completa
La obra de Ábrego Teatro ‘La novia del viento‘, ya había recuperado en Cantabria la experiencia de Carrington en Santander, poniendo sobre el escenario la guerra, la represión, el feminismo, la violencia y la pérdida de libertad.

Una escena de ‘La novia del viento’, de Ábrego Teatro, que recrea el paso de Leonora Carrington por Santander
La exposición de Faro vuelve ahora sobre ese mismo periodo desde el arte, el psicoanálisis y el trauma.
Ambas aproximaciones tienen valor. Pero juntas plantean una pregunta necesaria:
¿Podemos hablar de Leonora Carrington desde su verdadera identidad?
No se trata de ocultar su crisis psicológica, ni de minimizar el sufrimiento que padeció, ni de negar la violencia de los tratamientos psiquiátricos de aquel tiempo. Se trata de no permitir que unos meses de su juventud eclipsen las más de siete décadas de vida, creación, pensamiento y libertad que siguieron.
Leonora Carrington fue una artista inmensamente creativa, escritora que convirtió su experiencia en literatura, que rechazó las convenciones, que construyó un universo en el que ninguna identidad permanecía encerrada en una sola definición.
Quizá atreverse a descubrir a Leonora Carrington sea precisamente eso: dejar de mirarla desde una etiqueta y comenzar a verla completa. Una Leonora íntegra, libre y sin etiquetas.
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