Castro Urdiales y Cabezón de la Sal se rebelan a la lluvia para honrar al pueblo palestino en el tercer aniversario del 7 de octubre

En Santander se aplazó la manifestación para recordar que hace tres años comenzó el genocidio sobre el pueblo gazatí. En Castro Urdiales y Cabezón de la Sal, municipios que celebran vigilias cada semana por el pueblo gazatí, hoy no han querido dejar pasar una fecha que ha cambiado por completo la faz de ese territorio, recorrido por todas partes por la masacre
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Un miércoles de esos que se pueden denominar como ‘un día de perros’. La lluvia se ha hecho muy protagonista en Cantabria, hasta el punto de que la estación meteorológica de Altamira ha sido, hasta media tarde, el punto de España donde más precipitaciones se han recogido hoy, rozando los 50 litros por metro cuadrado.

En los momentos de mayor chaparrón, Interpueblos, la organización convocante de la manifestación en Santander para recordar que es 7 de octubre, decidió aplazarla hasta una fecha aún por decidir. El recorrido planteado era desde la Plaza de Numancia hasta la del Ayuntamiento, pero se había tomado la decisión de alargar hasta la Plaza Porticada, para confluir con las personas que siguen acampadas y que reclaman que el Estado, en todas sus administraciones, defienda realmente el derecho a la vivienda.

En Castro Urdiales había dudas. Tal como estaba el día, no estaba claro si se celebraría la concentración ante el Ayuntamiento. Ha tenido que ser debajo. El edificio consistorial tiene soportales en su parte más baja, y ahí es donde han podido concentrarse los activistas.

Como era previsible, eran pocos. Pero han preferido ser pocos y reunirse en el día previsto, que dejarlo para otro momento. En Cabezón de la Sal ha ocurrido algo parecido. No era día de congregar a una gran multitud, pero se ha preferido mantener el evento. El 7 de octubre ya no es una fecha cualquiera. Es el día, en 2023, en que se desató el horror de los horrores.

Para entonces llevábamos más de un año y medio con el corazón encogido por la invasión de Rusia en Ucrania, y teníamos muchos otros focos, aunque menos mediáticos, por los que expresar preocupación y mucho más. Yemen, Siria, Sudán…

El 7 de octubre llegaron noticias de una acción salvaje de Hamas en territorio israelí. Se podía suponer una respuesta muy violenta por parte del Gobierno y el ejército israelíes. Lo que vino realmente heló la sangre de millones de personas. De pronto, un genocidio televisado por periodistas palestinos que se han empeñado en enseñar lo que han podido de las actuaciones de un ejército que se convirtió en algo concebido para aniquilar a todo el pueblo gazatí. Y también a ellos mismos, por ser testigos que contaban lo que estaba sucediendo.

Aunque el ritmo del genocidio no sea ahora tan rápido ni letal, la Franja de Gaza es un territorio donde lo que abunda es la muerte, la miseria, la pobreza, las ratas, el agua no potable o las tiendas de campaña, convertidas en la vivienda de muchas familias. Lo que falta es comida, agua, medicinas, hospitales o dignidad. Tener una vida digna allí no es algo palpable, como mucho se puede soñar con ella.

En Castro y Cabezón no han querido olvidarse. En un sitio los martes y en el otro los miércoles hacen una vigilia semanal para recordar que hay un pueblo que está siendo aplastado de una manera cruel, mientras los gobiernos occidentales se entretienen en otras muchas cosas y han pasado una de las páginas más terribles que la humanidad haya podido contemplar desde el final de la II Guerra Mundial.

Hoy han vuelto al mismo sitio para remarcar que no es un día más. Hoy se cumplen tres años desde que la barbarie segara vidas y a otras personas se las arrancara, aunque no terminase con ellas. Como la vida de Rawida Jihad, una joven gazatí que ha escrito en este 7 de octubre sobre la vida de antes del genocidio y la de ahora.

«Nos trasladamos de un lugar a otro, de una casa a una escuela, de un lugar a una tienda… hasta que, finalmente, la tienda se convirtió en el lugar donde vivimos»

Manifiestos de las concentraciones

Las concentraciones celebradas en Cabezón de la Sal y Castro Urdiales han vuelto a situar a Palestina en el centro de las movilizaciones sociales en Cantabria. Los colectivos participantes han denunciado la situación de la población palestina y han reivindicado el derecho a una Palestina libre, al tiempo que han reclamado el fin de la violencia, la impunidad y las relaciones que, a su juicio, mantienen la complicidad con el Estado de Israel. El siguiente vídeo se ha grabado en la concentración de Cabezón.

Cabezón x Gaza ha señalado que se cumplen tres años desde el inicio de la actual ofensiva sobre Gaza y ha denunciado un escenario marcado por el desplazamiento forzado, el hambre, la destrucción de infraestructuras y la falta de rendición de cuentas. También ha puesto el foco en el deterioro del sistema sanitario gazatí y en las dificultades para documentar sobre el terreno lo que está ocurriendo, debido, según ha denunciado, a las restricciones impuestas a periodistas extranjeros y a los ataques sufridos por profesionales palestinos.

La situación en Cisjordania ha ocupado también una parte destacada de la intervención. El colectivo de Cabezón ha denunciado el incremento de los ataques de colonos, las demoliciones de viviendas, la destrucción de cultivos y la expulsión de población palestina de sus hogares, vinculando estas actuaciones con la expansión de los asentamientos. Además, ha denunciado la situación de las personas palestinas encarceladas en Israel y ha reclamado el fin de la denominada detención administrativa, que permite mantener a personas privadas de libertad sin cargos ni juicio.

En Castro Urdiales, la Vigilia por Gaza ha centrado buena parte de su intervención en rechazar que el 7 de octubre de 2023 sea considerado el comienzo de la situación que vive Palestina. El colectivo ha defendido que es necesario tener en cuenta procesos históricos anteriores, como la Nakba de 1948, la ocupación iniciada en 1967, el bloqueo de Gaza y la expansión de los asentamientos en Cisjordania. También ha cuestionado determinadas interpretaciones sobre los ataques del 7 de octubre y ha reclamado que las circunstancias que rodearon aquellos hechos sean investigadas y esclarecidas.

Ambos actos han coincidido además en reclamar una mayor protección para quienes documentan y denuncian la situación en Palestina. En Cabezón se ha denunciado la persecución de organizaciones palestinas de derechos humanos y de colectivos internacionales de solidaridad, así como la criminalización de determinadas expresiones de apoyo a la causa palestina. En este sentido, se ha reclamado que la solidaridad no sea perseguida y se ha criticado el uso de acusaciones vinculadas al terrorismo contra personas y organizaciones que, según el colectivo, desarrollan actividades de apoyo a Palestina.

Las movilizaciones también han planteado reivindicaciones dirigidas al Gobierno de España y a las instituciones europeas. El colectivo de Cabezón ha reclamado un embargo integral de armas a Israel, la suspensión del Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea e Israel y el fin de las relaciones diplomáticas, económicas, comerciales, académicas, deportivas y culturales con Israel. También ha reclamado la derogación de la Ley de Seguridad Ciudadana y el fin de la persecución del movimiento de solidaridad con Palestina.

Por su parte, la Vigilia por Gaza de Castro Urdiales ha insistido en que su movilización pretende mantener la denuncia pública de la situación palestina y defender los derechos humanos. Ambos colectivos han reivindicado la continuidad de la solidaridad internacional y han defendido que las movilizaciones, los boicots y otras formas de presión social pueden contribuir a aumentar el coste político de las actuaciones que denuncian.

Las concentraciones han situado así en el debate público cuestiones como la situación humanitaria en Gaza y Cisjordania, la protección de periodistas y organizaciones de derechos humanos, el trato a las personas palestinas encarceladas y la posición de España y de la Unión Europea ante el conflicto. Los colectivos han reclamado mantener la movilización hasta alcanzar el fin de la violencia y avanzar hacia una Palestina libre y con derechos.

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