Sally Rooney frente a la ley antiterrorista: el precio de la disidencia
No hay hogueras, ni novelas confiscadas, ni funcionarios del Gobierno entrando en una librería para vaciar sus estanterías. Hay una editorial, una novelista y una proscripción. El mecanismo es menos espectacular que la imagen tradicional de la censura, pero eso no hace que sus consecuencias merezcan menos atención.
Rooney escribe sobre personas que intentan amarse mientras son discretamente trituradas por la clase social, el dinero, el sexo y las estructuras políticas que han heredado. Sus personajes son lo bastante inteligentes como para reconocer las contradicciones del mundo en el que viven, pero rara vez cuentan con los medios para escapar de ellas. Es literatura contemporánea sobre la alienación entre los jóvenes.
El 14 de octubre de 2026, Rooney confirmó que ella y su editorial, Faber & Faber, habían acordado retirar sus libros de los canales de distribución británicos. El motivo no era su contenido, sino su intención de destinar los royalties de sus obras a Palestine Action.
La ley se interpone entre las páginas
Palestine Action nació con el objetivo de obstaculizar el comercio de armas británico con Israel. Sus tácticas han incluido incursiones en instalaciones de fabricantes de armamento y bases militares. En junio de 2025, varios activistas entraron en la base aérea de la RAF y dañaron dos aeronaves con pintura roja. Posteriormente, el Gobierno proscribió la organización, al considerar que sus actividades constituían terrorismo.
Las implicaciones de esta legislación van más allá de la propia organización. El artículo 15 de la Ley Antiterrorista de 2000 tipifica como delito proporcionar dinero u otros bienes a una organización considerada terrorista.
La proscripción de Palestine Action por parte del Gobierno británico en junio de 2025 ha situado a Rooney y a su editorial ante una incertidumbre jurídica sobre las posibles consecuencias de financiar al grupo.
La pregunta es si las consecuencias de estas medidas para la vida cultural están justificadas y son proporcionales a los objetivos de seguridad nacional.
El coste de morderse la lengua
El efecto disuasorio de estas leyes es difícil de medir, pues muchas de sus consecuencias nunca salen a la luz: opiniones que no se publican, conversaciones que no se producen y personas que optan por callar para evitar represalias.
Según datos del Ministerio del Interior británico publicados en octubre de 2026, se registraron 3.630 detenciones relacionadas con Palestine Action en los doce meses anteriores a junio de 2026. Muchas de las detenciones se produjeron en protestas en las que los participantes sostenían pancartas contra el genocidio y en apoyo a Palestine Action.
La democracia no puede limitarse a un conjunto de instituciones que admirar mientras se reduce el espacio para la disidencia. Se demuestra en la capacidad de tolerar el desacuerdo, incluso cuando incomoda a los ministros o desafía a la opinión dominante.
Palestina y los límites de la solidaridad política
El caso de Rooney se enmarca en el conflicto de Gaza, la lucha por los derechos del pueblo palestino y las crecientes tensiones políticas en torno a la solidaridad con Palestina.
Las instituciones responden a los incentivos. Las editoriales se protegen. Los abogados recomiendan prudencia. Las empresas hacen lo que suelen hacer cuando las posibles consecuencias negativas pueden ser catastróficas: apartarse.
Rooney, por su parte, ha declarado que está dispuesta a asumir las consecuencias de sus convicciones. La retirada fue acordada entre Rooney y su editorial, no impuesta por una orden oficial que prohibiera sus libros.
Sin embargo, las consecuencias comerciales no son insignificantes. Gente normal, de Rooney, ha vendido más de un millón de ejemplares en el Reino Unido, mientras que Conversaciones entre amigos y Dónde estás, mundo bello han superado cada una el medio millón. No estamos hablando de una escritora desconocida a la que una pequeña editorial deja de publicar discretamente. Se trata de una figura literaria de primer nivel cuya obra se ha integrado en la cultura lectora británica contemporánea.
Si la ley genera dudas entre las editoriales sobre si pueden pagar a autores cuyos compromisos políticos entran en conflicto con una proscripción, otros escritores y editores podrían empezar a plantearse los riesgos de asociarse con ellos.
Para qué sirve la literatura
Las novelas de Rooney no son manuales de violencia política. Los lectores pueden admirarlas, detestarlas o cuestionar lo que plantean. Para eso sirve la lectura.
Su ficción nunca ha estado completamente desvinculada de la política. Su preocupación por la clase social, la inseguridad económica y las relaciones de desigualdad está entretejida en la intimidad de sus personajes. La ironía es que la circulación de su obra esté ahora condicionada por las mismas fuerzas institucionales que su literatura nos anima a examinar.
Zoe Williams, del Guardian, sostiene que la decisión de Rooney es relevante porque sitúa la solidaridad política en el centro de la vida cultural cotidiana. A su juicio, apoyar al pueblo palestino no debería considerarse algo ajeno a las preocupaciones humanas del día a día.
Rooney ha asumido un compromiso económico que acarrea consecuencias. Se esté o no de acuerdo con su decisión, esta nos obliga a plantearnos una pregunta que las declaraciones públicas suelen esquivar: ¿cuánto valen las convicciones políticas cuando tienen un coste?
El riesgo es que el debate público deje de centrarse en los argumentos políticos y pase a girar en torno a las posibles consecuencias legales o profesionales de expresarlos. Cuando eso ocurre, el silencio empieza a confundirse con la prudencia y la conformidad con el sentido común.
Quiero que los libros de Rooney sigan disponibles porque la literatura debe juzgarse por sus méritos, no convertirse en daño colateral de un conflicto ideológico. Que los lectores puedan discrepar con ella sin perder el acceso a su obra. Y que el Gobierno pueda defender la seguridad nacional sin que las consecuencias de sus decisiones se acepten como inevitables.
Fuentes en inglés
– Faber & Faber. Faber statement: 14 October 2026. 14 de octubre de 2026. Leer artículo
– Britain Palestine Project. Arms Trade. Leer artículo
– The Guardian. Sally Rooney says she can no longer sell books in the UK because of Palestine Action support. 14 de octubre de 2026. Leer artículo
– Williams, Zoe. Sally Rooney’s stand on Palestine is brave and humane. The Guardian, 15 de octubre de 2026. Leer artículo
Fuentes en español
– Europa Press. Activistas pro palestinos irrumpen en una base aérea británica en protesta por la colaboración con Israel. Leer artículo
– laSexta. Escritora Sally Rooney, forzada a no vender sus libros en Reino Unido por su apoyo a Palestine Action. 15 de octubre de 2026. Leer artículo
– elDiario.es. Sally Rooney retira sus novelas de las librerías del Reino Unido. Leer artículo