Mujeres palestinas II
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El surgimiento del movimiento organizado de mujeres palestinas debe situarse en el contexto de las profundas transformaciones que se produjeron al final de la época otomana y durante el periodo del Mandato británico. Pero, antes incluso de constituirse como un movimiento político organizado, las mujeres palestinas ya habían participado, muy activamente, en todo tipo de asociaciones benéficas y educativas. Y si bien este tipo de actividad podría parecer apolítico a ojos de Occidente, adquieren un significado completamente distinto cuando se analizan dentro del contexto colonial o en situaciones de revuelta. En ese sentido, podemos decir que dichas actividades – en Palestina – pasaron a formar parte de la infraestructura que hizo posible la resistencia política.
De hecho, ayudar a las familias de los prisioneros, atender a las personas heridas por las fuerzas coloniales o recaudar fondos para las comunidades que sufrían la represión sionista difícilmente podría calificarse como una mera «labor social» apolítica.
Tras el levantamiento de al-Buraq en agosto de 1929 — semana de revueltas desencadenada por una disputa relacionada con el acceso al Muro de las Lamentaciones en Jerusalén y que dejó más de 250 muertos y cientos de heridos—, la actividad política de las mujeres palestinas se intensificaría notablemente. El congreso celebrado en octubre en Jerusalén condujo a la creación de un comité ejecutivo y fortaleció las redes entre organizaciones de mujeres en diversas ciudades palestinas. Fue en ese momento cuando Abd al-Hadi, Mogannam y al-Shihabi destacarían como importantes voces nacionalistas. Años después, en menos de una década, el movimiento tendría que enfrentarse a un entorno político muy distinto ya que, en 1936, la relativa calma que hasta entonces había reinado en Palestina saltó por los aires para dar comienzo a la Gran Revuelta.
Las mujeres de la Gran Revuelta
La Gran Revuelta Palestina de 1936-1939 fue uno de los enfrentamientos decisivos del periodo del Mandato Británico. Se inició con una huelga general para convertirse enseguida en una rebelión armada movilizando a amplios sectores de la sociedad palestina contra el dominio colonial británico y enfrentándose claramente al cada vez más violento proyecto sionista.
Ni que decir tiene que la iconografía asociada a la Revuelta se ve dominada por los hombres: desde el combatiente palestino que recorre las colinas con su fusil, hasta el líder político que negocia, emite declaraciones o se ve obligado a partir hacia el exilio; Pero en ese santoral, no veremos sin embargo a demasiadas mujeres. Con todo, la producción académica en lengua árabe, la historiografía palestina y, en particular, la investigación basada en la historia oral ha preservado pruebas de una presencia femenina verdaderamente significativa.
Como sostiene Matthew Hughes en su artículo “Women, Violence, and the Arab Revolt in Palestine, 1936–39” («Mujeres, violencia y la revuelta árabe en Palestina, 1936-1939»), «la historia (…) demuestra que las mujeres desempeñaron un papel crucial tanto en la revuelta como en la pacificación, ya fuera como sujetos sometidos a un control imperial de desgaste o como agentes activos de la rebelión».
En este contexto, la historia de Fátima Khalil Ghazal resulta especialmente llamativa. Ghazal murió en junio de 1936 durante los combates contra las fuerzas coloniales británicas cerca de Wadi Azzun. Las fuentes palestinas la recuerdan como una de las primeras mujeres palestinas que perdieron la vida en la resistencia armada contra el dominio británico.
Otras mujeres como Wadi’a Qaddura Khartabil, actuaron también a través de las redes femeninas organizadas que abastecían a los rebeldes y brindaban apoyo a sus familias. O Zulaykha al-Shihabi que ayudó a organizar las labores de primeros auxilios movilizando a las mujeres en torno a los prisioneros palestinos y que, entre otras acciones, fomentaría la asistencia a los juicios como una manifestación pública de solidaridad política.
La NAKBAH: mujeres en la defensa de Palestina
La represión británica a la Gran Revuelta tuvo un impacto enorme en la sociedad política palestina. Inglaterra (Gran Bretaña) mató, encarceló o exilió a un gran número de cuadros políticos y militares palestinos, dejando a la población debilitada en vísperas de la lucha que culminó en la Nakba (la Catástrofe de 1948) en referencia al desplazamiento masivo y al despojo de los palestinos durante el establecimiento de Israel en 1948, cuando más de 700.000 palestinos fueron expulsados de sus hogares y cientos de pueblos y aldeas palestinas (unos seiscientos) quedaron despoblados o fueron borrados por completo del mapa.
Después, a medida que las milicias sionistas intensificaban sus ataques entre 1947 y 1948, las mujeres palestinas se implicaron cada vez más en la defensa política, médica y militar de sus comunidades.
Uno de los episodios más fascinantes está vinculado a las hermanas Muhayba y Nariman Khorsheed y a su organización femenina con sede en Jaffa, Zahrat al-Uqhuwan («La flor del crisantemo»). La tradición palestina describe a esta organización como una que evolucionó desde la actividad social femenina hacia formas de resistencia más directas a medida que se intensificaba el conflicto. Según cuentan las crónicas. Allí mismo las mujeres recibían instrucción en el manejo de armas, prestaban apoyo a los combatientes y se preparaban para participar muy activamente en la defensa de Jaffa y sus alrededores.
Existen también otros testimonios de mujeres procedentes de las aldeas y localidades atacadas durante la Nakba, si bien resulta difícil hallar pruebas históricas inequívocas. De hecho, la Nakba no solo destruyó vidas y comunidades, sino que también acabó con los registros. Las actividades que tenían lugar en el ámbito doméstico, en las aldeas, en redes informales o en el seno de las estructuras familiares ya eran, de por sí, menos propensas a quedar documentadas en los archivos políticos formales; el exilio y los continuos desplazamientos hizo que reconstruirlas fuera aún más complicado.
Resumiendo, La destrucción de la sociedad palestina en 1948 transformó y fragmentó el terreno de la lucha política. Las mujeres se dispersaron al igual que lo hizo el resto de la sociedad palestina.
Sin embargo, en el exilio, las redes políticas del movimiento nacional volverían a resurgir poco a poco. Y, por supuesto, las mujeres participarían activamente en su reconstrucción. Entre ellas, Samira Azzam constituye un gran ejemplo. Azzam es recordada, sobre todo, como una de las voces literarias más destacadas de la generación palestina de la Nakba. A través de su obra de ficción y su labor en los medios de comunicación, documentó el mundo psicológico y social del exilio aunque también estuvo involucrada en la política. En 1961, tomó parte en el núcleo de una organización palestina clandestina que llegó a conocerse como Frente de Liberación de Palestina, la única mujer entre sus fundadores. Más adelante asumió la responsabilidad de organizar la sección femenina del grupo.
La generación fedayín
El surgimiento de Fatah, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) y otras organizaciones revolucionarias durante la década de 1960 transformaría completamente la política palestina.
En Junio de 1967 la derrota de los ejércitos árabes aceleró esta transformación. Las organizaciones palestinas armadas aparecieron, cada vez más, ante los ojos de los propios palestinos —que no ante los Estados árabes— como los principales agentes de la liberación nacional.
Entre las mujeres que tomaron parte de este cambio político se encuentra Shadia Abu Ghazaleh. Nacida en Nablus en 1949, Abu Ghazaleh se involucró en el Movimiento Nacionalista Árabe y, más tarde, se unió al Frente Popular para la Liberación de Palestina. Tras la ocupación israelí del resto de la Palestina histórica en 1967, participó en la resistencia activa, ayudó a reconstruir redes organizativas clandestinas en Nablus y asumió la responsabilidad de la sección femenina del FPLP en la zona. Falleció el 20 de noviembre de 1968, a los diecinueve años, cuando un artefacto explosivo que estaba preparando detonó accidentalmente.
Otra mujer es Fátima Bernawi. Palestina de ascendencia africana oriunda de Jerusalén, “Bernawi se unió a Fatah y fue arrestada en 1967 tras un intento de atentado con bomba en el cine Zion. En la historia palestina, se la recuerda ampliamente como la primera mujer prisionera de la revolución moderna. Pasaría 10 años en prisión antes de ser liberada en un intercambio de prisioneros, pero al igual que ocurriría con la mayoría de los palestinos, su tiempo bajo detención israelí no hizo más que fortalecer su determinación. Con el tiempo, trabajó estrechamente con Yaser Arafat para establecer la Policía Femenina Palestina en Gaza», escribe Elom Tettey-Tamaklo en su artículo «Sobre Fátima Bernawi, la lucha de las mujeres y la solidaridad entre personas negras y palestinas».
Luego vendrían Aisha Odeh, Rasmea Odeh y muchas otras cuya actividad política se volvió inseparable de la historia del encarcelamiento palestino a manos de Israel. La prisión transformó, como suele ocurrir, el significado de la resistencia. A pesar de estar aisladas y confinadas, las mujeres prisioneras fueron capaces de desarrollar formas muy efectivas de organización colectiva, educación política y solidaridad..
Es en este contexto histórico donde debe situarse a Leila Khaled. Su participación en el secuestro del vuelo 840 de TWA en 1969 y en el intento de secuestro de un avión de El Al en 1970 la convirtieron en una de las figuras más reconocidas a nivel internacional de la revolución palestina. Pero Khaled sólo es un nombre mas de de una generación mucho más amplia. Otras mujeres, como Therese Halsa, Amina Dahbour, Abla Taha, Aida Saad, participarían también en diversas organizaciones revolucionarias palestinas desempeñando toda clase de funciones militares, políticas y logísticas. En 1978, por ejemplo, Dalal al-Mughrabi, una refugiada palestina nacida en el Líbano, lideró una unidad de Fatah en la operación que los palestinos recuerdan como la «operación de la carretera costera». Mughrabi murió, junto con otros miembros del grupo, durante el ataque.Su lugar en la memoria política palestina ha sido muy destacado y calles, instituciones y conmemoraciones públicas llevan su nombre a día de hoy.
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