La metáfora del escorpión

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Seguro que ustedes todavía recuerdan el famoso episodio del ratoncillo que fue a exhalar su último suspiro entre el kétchup y la mostaza de una de las hamburguesas de una exitosa cadena de comida rápida; o aquel otro del tampón, los más morbosos aseguraron que usado, que fue a naufragar dentro de un popular refresco de cola ¿O fue el ratón el que acabó en la lata y la compresa en la hamburguesa? Es lo de menos. El orden de los factores, en este caso, no altera la leyenda.

Famosos chismes urbanos, o no, como el de los cocodrilos que campan a sus anchas por el entramado del alcantarillado de Nueva York, la congelación del señor Walt Disney en una urna cilíndrica en plan Futurama, las bondades de la pulsera Power Balance o la otorgación de la autoría de la ensalada Cesar al propio Cayo Julio.

Pero esta vez no hay leyenda que valga; ha ocurrido en Valencia y hay fotos y vídeos, como no. La pasada semana una muchacha recibía vía AliExpress un bolso en la puerta de su casa. No había tomado el repartidor todavía el ascensor cuando la chica introducía su mano izquierda en el paquete y sentía una brutal punzada de dolor en su dedo pulgar. Dentro del artículo Made in China, un presuntamente malvado escorpión, quizás agazapado en el bolsillo interior, le acababa de propinar un certero aguijonazo. Un regalo envenenado, si me permiten el chiste malo.

La chica, lógicamente asustada, todavía pudo ver como el escorpión asiático, tras la fechoría, correteaba por la colcha de su cama, agitando las pinzas al aire y gritando proclamas en perfecto mandarín. En una rápida reacción digna de elogio, su hermano agarró un bote de cristal y atrapó al alacrán. Tras acudir al hospital y recibir la debida atención sanitaria, todo quedó en un terrible susto y la muchacha, que afortunadamente no era alérgica al veneno del escorpión dorado de Manchuria, así fue catalogado el espécimen, pudo regresar a su casa. La policía, lógicamente, instó a la joven a denunciar los hechos.

Pero ¡oh, sorpresa! en AliExpress se lavan las manos. Ellos funcionan como intermediarios. En su página web parece que no existe hoja de reclamaciones para este tipo de vicisitudes y culpan directamente al proveedor, que probablemente también sea otro intermediario de un tercero y suma y sigue. Vamos, una cadena interminable de matrioskas e intercesores.

De esta forma, la pista se va difuminando y nadie sabe en que estación fue a montarse el arácnido pasajero. Por lo visto, en la web si que existe un apartado en donde puedes reclamar la devolución del importe, siempre que reenvíes de vuelta el producto, claro está. Lo que ya no queda tan claro es si el escorpión estaba incluido dentro del paquete y también habría que devolverlo.

La cuestión es que el animal, tras cruzarse Asia y Europa dentro de un bolso, hoy sigue observando el mundo a través del frasco de cristal donde aún se encuentra cautivo. Los biólogos del zoo de Valencia le han dado una recomendación a la joven: si el bicho fallece por tristeza o inanición, tendrá que conservarlo en una solución de alcohol de 96, pues no deja de ser la principal prueba del delito. En eso estoy de acuerdo con los científicos; ese escorpión, más allá de lo que ocurra en los juzgados, es toda una prueba viviente, evidencia un montón de cosas. Sirva como metáfora.

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