Del bisturí al Big Mac: la última afrenta al Doctor Madrazo

El Centro Cultural que lleva su nombre tendrá a sus pies la terraza del McDonalds del Mercado de Puertochico.
Tiempo de lectura: 8 min

Algo  muy grave debió hacer Enrique Diego-Madrazo, a quien en Cantabria casi un siglo después seguimos llamando con un respetuoso Doctor Madrazo, para que su memoria fuera ultrajada en vida y en muerte por la derecha tradicional santanderina acostumbrada a mandar en la capital –y que el propio Ayuntamiento se empeña en obviar incluso cuando le ahce reconocimiento—

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Si en vida el franquismo llegó a encarcelarle (recordamos, un médico humanista) al considerar peligrosísimo a alguien con más de 90 años de edad y un avanzado estado de ceguera, ahora la actual encarnación de los dirigentes conservadores locales someterá uno de los espacios que honra su memoria, el Centro Cultural Doctor Madrazo, a una ‘mcdonalización’ que va radicalmente en contra de su legado y apuesta por elevar el nivel de la salud.

En pleno Puertochico, a pocos metros de donde se erigió su sanatorio –en la calle Santa Lucía, hoy una residencia de personas mayores privada gestionada por un fondo internacional- está el Centro Cultural Doctor Madrazo, un edificio de referencia que cuenta con un auditorio, una biblioteca pública, un espacio expositivo y varias salas de reuniones para asociaciones. Todo con un espacio público exterior, una plaza elevada. Y en sus bajos el mercado municipal, sucesor de la antigua lonja pesquera de cuando todo esto era un barrio marinero. El techo del mercado es la plaza del espacio cultural.

Es en el mercado donde se va a producir un cambio que va muy en línea del proceso de turistificación que afronta Santander y que va más allá de una inercia, sino que está espoleado por el propio Ayuntamiento de Santander. Y así, en una zona ya de por sí colmada de locales de hostelería (todo el entorno de Peñaherbosa y su área de influencia, de Castelar a Hernán Cortes, Daoiz y Velarde, Bonifaz o Santa Lucía), se apostó porque la rehabilitación del mercado, tras años de abandono que habían afectado a las visitas a los puestos, incluyera también puestos hosteleros.

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Esa parte, la hostelera, será gestionada por una empresa privada, Baika —expulsada de otros mercados como el de San Sebastián–, que ha ejecutado las obras de reforma y que a partir de ahora recibirá los ingresos de la explotación de los locales para bares y restaurantes. Lo que ha sucedido es que, movidos por las prisas para rentabilizar su inversión, Baika ha hecho un movimiento que va contra las tendencias en el resto de ciudades españolas que también están metiendo hostelería en sus mercados tradicionales: si en el de San Miguel de Madrid o la barcelonesa Boquería bares y restaurantes tiran hacia un modelo gourmet y de calidad, aquí se ha optado por entregar la mayor parte del espacio a un buen pagador, la cadena de comida rápida McDonalds.

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Pero las hamburguesas de la franquicia global no sólo se servirán en la parte del mercado, junto a verduras, pescado, carne o quesos, sino que ocuparán también la terraza del Centro Cultural, lo que ha provocado el malestar de los vecinos de Andrés del Río, los más directamente afectados por su horario nocturno, ruidos o salida de humos en una zona que ya estaba siendo de sacrificio hostelero por la desorganización de horarios o la presencia de un cercano after.

Más allá de las molestias o del cambio en el uso del mercado de toda la vida, está el elemento simbólico, el fuerte contraste entre la esta actividad y el legado del Doctor Madrazo a los pies mismos del edificio que le homenajea y que está volcado a la cultura y la participación.

Enrique Diego-Madrazo, un cirujano pionero

Nacido en Vega de Pas en 1850, Enrique Diego-Madrazo y Azcona fue cirujano, docente y reformador. Se doctoró en Medicina y Cirugía en Madrid y completó su formación en Francia y Alemania, donde entró en contacto con los métodos quirúrgicos más innovadores del siglo XIX, en especial las técnicas de asepsia y antisepsia.

Fue alumno del famoso investigador Claude Bernard, y en Alemania, del profesor Von Wolkmann, introductor de la asepsia y la antisepsia, siendo uno de los primeros médicos españoles en llevar esas teorías a la práctica quirúrgica. Se formó también con Pasteur y Lister y desde 1883 hasta 1888 ocupó la Cátedra de Clínica Quirúrgica de la Facultad de Medicina de Barcelona. Fue en esa época cuando escribió Lecciones de Clínica Quirúrgica (1888).

Fue uno de los primeros médicos españoles en aplicar estos métodos, enfrentándose a resistencias dentro del sistema sanitario de la época. Además de su labor clínica, defendió una visión integral de la medicina, vinculada al conocimiento científico, la ética profesional y la responsabilidad social.

En 1893 se hizo cargo de la dirección del hospital San Rafael –el actual Parlamento de Cantabria–con motivo de la explosión del Cabo Machichaco de forma que, bajo su dirección, el centro atendió a las decenas de heridos en la catástrofe.

El sanatorio del Doctor Madrazo, en Santa Lucía

En 1894 fundó un sanatorio quirúrgico en Vega de Pas, que trasladó en 1896 a Santander, donde se convirtió en un centro de referencia. El Sanatorio Diego-Madrazo llegó a tener capacidad para 120 pacientes, y fue uno de los espacios más avanzados en su tiempo en términos de procedimientos médicos y enfoque higiénico.

Aunque fue un centro privado, su impacto social fue notable. Madrazo concibió la medicina como una herramienta para elevar el nivel de vida de la población, y promovió la educación sanitaria y la formación de nuevas generaciones de profesionales.

También impulsó escuelas laicas y propuestas educativas en su municipio natal, con un ideario ilustrado y regeneracionista que le valió vetos a la hora de aspirar a cátedras y plazas, pero que nunca fue suficiente para interrumpir su carrera ni legado.

Enrique Diego‑Madrazo mantuvo contacto con Francisco Giner de los Ríos, fundador de la Institución Libre de Enseñanza (ILE), con quien compartía afinidades ideológicas en torno a la educación laica, el pensamiento científico y la regeneración social.

Algunas de sus obras son: ¿El pueblo español ha muerto? (1903), El cultivo de la especie humana (1904), Introducción a una Ley de Instrucción Pública (1918), Conferencias dadas en el Ateneo de Madrid (1920), El destino de la mujer (1930) y Pedagogía y eugenesia (1932), prologado por la intelectual y diputada socialista cántabra Matilde de la Torre. Además, escribió un buen número de artículos periodísticos en la prensa cántabra, madrileña e internacional, en los que quedó reflejado su pensamiento progresista y republicano. También fue autor de teatro y tuvo experiencia como empresario teatral, haciéndose cargo en 1912 del Teatro Español de Madrid. Dentro de este género literario se encuentran obras como El fin justifica los medios (1911), Obras de teatro sobre el cultivo de la especie humana (1913), prologado por Benito Pérez Galdós, y Teatro (1915).

Represaliado por el franquismo

Pese a su edad y su trayectoria reconocida –con homenajes en vida por parte de la sociedad cántabra–, tras la ocupación franquista de Santander, Diego-Madrazo fue encarcelado en la Prisión Central de Santander, dentro del proceso de represión ideológica a profesionales liberales y científicos vinculados al reformismo, al pensamiento republicano o a la ética médica incompatible con la dictadura. En su caso, su ideología era liberal, republicana y socialista.

El doctor Madrazo salió de prisión gravemente enfermo y ciego, y falleció en 1942, un año después.No hay constancia de juicio público ni sentencia judicial –que en cualquier caso hubiera reflejado el desvirtuado modelo de ‘justicia’ (sic) franquista, caracterizado por sentencias pre-rredactadas e imposibilidad de defenderse, nada que pueda equipararse a un juicio como los que conocemos hoy–.

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Su legado, pese a todo, sobrevivió, no sólo por su obra sanitaria, educativa e intelectual, sino porque la sociedad le mantuvo vivo y le reconoció: todos los años UGT ‘celebra’ su cumpleaños y sólo en la capital cántabra, el doctor Madrazo tiene una calle en Santander, forma parte de la Ruta de Ilustres, y este centro cultural –aunque sin rastro que recuerde por qué se le llama así– . En general, es una historia que el Ayuntamiento de Santander obvia incluso en la ficha en Internet de la Ruta de los Ilustres, donde no se menciona su encarcelamiento ni a manos de quien fue ni sus motivos ideológicos.

El caso representa una paradoja difícil de obviar: el nombre de un médico que defendió el conocimiento, la sanidad como bien común y la ética profesional, se vincula ahora a un espacio cuya actividad principal será la venta masiva de comida ultraprocesada dentro de un modelo económico globalizado.  Les ha faltado cambiar el nombre del espacio a Doctor McDrazo.

 


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