ENTREVISTA
Mónica Bernabé

«Con los talibanes, en teoría, no mantenemos relaciones hasta que nos interesa»

Mónica Bernabé es una periodista que estuvo ocho años trabajando en Afganistán. Este martes contará su experiencia en un evento organizado por el Colegio de Periodistas de Cantabria en el Casyc (19:00 horas) por el Día Internacional de la Mujer, en una nueva edición del Foro de Periodismo Matilde Zapata
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Se acerca el 8 de Marzo y el Colegio de Periodistas recupera el Foro de Periodismo Matilde Zapata para conversar con una profesional de la información que tiene muchas cosas que contar. Su experiencia de ocho años en Afganistán como periodista freelance, más cinco visitas posteriores, incluidas dos en la situación actual, con los talibanes gobernando de nuevo, es un acicate muy interesante para acudir al Casyc este martes, a las 19:00.

Ha ido viendo la evolución de un país que tuvo mucho interés (y tropas) de países occidentales, pero todos los años de permanencia allí, en los que escuchamos a menudo la intención de dejar un país arreglado, acabaron con una huida en masa que dejó a la población afgana en las mismas manos que antes de la operación militar. Y después, la nada. «Afganistán, en la actualidad, es un país que ha salido totalmente de la agenda informativa», constata Bernabé en una entrevista concedida a EL FARADIO.

Fue entre 2006 y 2014 cuando la periodista, ahora en el Diari Ara, vivió en Afganistán y, cuando ha vuelto después, no puede creer que pudiese aguantar tanto tiempo allí. «Creo que el ser humano se habitúa, se acostumbra absolutamente a todo». No se le ocurre mejor explicación que esa.

Ya han pasado casi cinco años desde que los talibanes retomaran el poder, y Bernabé explica ese lapso de tiempo diciendo que «la situación en Afganistán, por desgracia, ha ido degradándose más y más». «Decíamos que nos interesaba tantísimo la situación de la población afgana y sobre todo de las mujeres afganas y resulta que nos fuimos todos y allí se quedó la población afgana sometida al régimen talibán», añade.

Lo que más señala es la hipocresía del mundo occidental, que no reconoce el Gobierno talibán como legítimo (tampoco España), pero sí se pone en contacto con él para deportar refugiados afganos. «Con los talibanes, en teoría, no mantenemos relaciones hasta que nos interesa». Mientras hubo un interés, se hizo un esfuerzo, pero, una vez desaparecido el interés, todo acabó y ahora se desprecia, quizá de cara a la galería, a un país, mientras se cultivan las mejores relaciones con otros que tienen problemas similares con los derechos humanos y, especialmente, los de las mujeres. Se refiere, particularmente, a los países del Golfo Pérsico.

Cuando estuvo en Afganistán, Bernabé consiguió desarrollar su trabajo estando muy en contacto con asociaciones de mujeres, aunque también con otro tipo de asociaciones, la Embajada española e incluso las tropas internacionales que se hallaban en el territorio, aunque no las acompañaba a menudo por el riesgo que suponía.

La mejor manera de poder desplazarse sin llamar la atención era vestir como muchas mujeres afganas. «Llevaba una túnica negra y un pañuelo negro en la cabeza. No es que nadie me lo mandara, pero vi que era una estrategia para pasar desapercibida y a mí me daba como seguridad», relata. Y añade que «cada vez que salía a la calle era como mi uniforme de trabajo. Me daba seguridad para moverme y si no iba vestida de esa manera sabía que era el blanco de todas las miradas».

Tenía que pensar cuidadosamente cada movimiento que hacía. Su trabajo, aunque fuera periodista freelance, era, fundamentalmente para el diario El Mundo. «Recuerdo que ellos me decían ‘vete a tal pueblo que hemos visto que ha ocurrido no sé qué’. Y yo les decía ‘si queréis vuelvo pero no sé si voy a poder regresar’. El problema no es llegar. El problema es, una vez que ya saben que estás allí, poder regresar con seguridad».

La vuelta a casa también resultó dura para ella. Era volver a una sociedad conocida y más abierta, pero se dio cuenta de que aquí se daba relevancia a cosas que para ella no tenían un valor informativo, «comparado con vivencias y situaciones sobre las que yo informaba en Afganistán». Entonces reflexionó y se dio cuenta de que aquí se vive como dentro de una burbuja, sin ser realmente conscientes de lo que pasa en otras partes del mundo. De otra forma, se movilizarían para cambiar las cosas. «Me hacía subirme por las paredes esa apatía», reconoce.

Se ha intentado abrir el debate sobre si se debe prohibir el uso del burka en España, pero Bernabé cree que el debate hay que ponerlo en otro sitio, porque «no he visto nunca una mujer con burka en España», pero se pregunta por lo que está pasando en las mezquitas que hay en España, lo que se les está enseñando ahí a los niños y a los jóvenes, que son españoles en muscos casos, pero las enseñanzas proceden de imanes que «en la mayoría de los casos vienen de otros países con una visión del islam muy retrógrada y que llegan aquí y viven en su propia burbuja también». No se trata, en su opinión, de reprimir la libertad religiosa, pero sí saber lo que está ocurriendo en esos círculos.

Echa en falta «tener una mirada más amplia de lo que está ocurriendo en el mundo y en concreto lo que está ocurriendo a las mujeres», porque la sociedad patriarcal sigue marcando el paso, incluso en países tan avanzados como los occidentales. Como mujer, no mira al futuro con optimismo. Respecto a Afganistán, lo ve todavía peor, porque fue un sitio en el que se gastó mucho dinero y se destinaron muchas tropas, pero el resultado final fue el abandono. Esta tarde, en el Casyc, se podrán conocer muchos más detalles sobre una vivencia inolvidable.

 


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