«Entiendo el fotoperiodismo no sólo como el acto del fulano como yo, que va a los sitios y hace las fotos, sino como todo el mecanismo»
Después de haber estado en numerosas zonas de conflicto, de haber recibido un montón de premios, incluido el Pulitzer, Manu Brabo ve que el trabajo que hace un reportero desplazado a una guerra va cayendo en cuanto al prestigio que se le da o al prestigio que puede pretender tener un medio de comunicación. «Entiendo el fotoperiodismo no sólo como el acto del fulano como yo, que va a los sitios y hace las fotos, sino como todo el mecanismo», dice en un entrevista concedida a EL FARADIO.
Cuando habla de medios españoles, la situación es muy precaria, porque no hay editores de fotografía, tan sólo hay uno en el diario El País. «Cuando trabajo en el Wall Street Journal tienen cuarenta y tantos, uno por sección, más los ayudantes».
Explica Brabo que eso sirve para «garantizar que cuando la foto llega al consumidor, tiene unos estándares de honestidad, de fehaciencia, de estética, que ahora mismo, pues con el acceso masivo a cámaras, que están todas en el teléfono, pues seguimos dando como por veraz casi todo lo que nos llega y muchas veces esa veracidad pues queda en entredicho porque muchas veces la gente que aporta esas imágenes es parte del conflicto», con lo que la garantía de honestidad se reduce demasiado.
Tener una estructura dentro de un medio de comunicación supone añadir un valor a la noticia publicada, ya sea un corresponsal o un fotoperiodista quien la envía desde el sitio donde se produce esa noticia. La alternativa que escogen muchos medios es tirar de una agencia, porque le sale mucho más barato. Es una apuesta económica, pero «sin darse cuenta de que quizá el prestigio que han desarrollado durante todos esos años en los que estaban haciendo un trabajo que era suyo propio, es el que quizá les ha posicionado como medio», señala.
En su experiencia, esto le ha pasado repetidamente con medios españoles, lo que le llevó a tener que «buscarme las castañas fuera y ha sido donde yo he eclosionado, por decirlo de alguna manera. A mí no me querían ni en El Comercio, el periódico de Gijón», recuerda Brabo. Eso era 2010, en 2011 entró en la agencia Associated Press y en 2013 le dieron el Premio Pulitzer. La tendencia continúa, y ahí el que sufre «es el lector».
Explica este fotoperiodista que los premios son una forma de reconocer la excelencia en un trabajo, pero también «implica una responsabilidad, llevas un modo de hacer las cosas, digamos que te puedes permitir menos fallar».
La experiencia en zonas de guerra la lleva cogiendo desde 2007, cuando estuvo en Kosovo. Ahora está en su Asturias natal, pero ya está moviendo gestiones para marcharse a Beirut, otro de los focos abiertos dentro de todas las operaciones militares que está moviendo Israel, siempre bajo el paraguas de Estados Unidos.
Cuenta también Brabo cómo es el llegar a un sitio en pleno conflicto, lo que le va ayudando la experiencia en esas situaciones, el tener a un ‘fixer’, esa especie de productor local, para poder tener todo lo necesario para desarrollar su trabajo. Una figura esencial cuya cotización también varía según cómo sea de peligrosa una zona de conflicto.
Otra de las cosas a las que prestar atención es a la salud mental de quienes cubren las guerras. El momento de la vuelta a casa es un descanso y salir del peligro, pero hay que saber gestionar lo vivido en esos lugares. Brabo dice que, al principio, se enfadaba al regresar, porque veía que la gente se preocupaba por cosas de poca importancia y no de lo que sucede en los sitios de los que volvía él, que era mucho más grave.
Lo que más subraya es que, a la vuelta, se pasa de una tensión constante, «tener que buscar un tema, hacer fotos, editar, poner los pies de foto, mandar a la agencia, en esa dinámica con días más altos y más bajos de tensión y de peligro y pasas a cero, es de todo a cero y hay que saber gestionarlo», porque tienen que lidiar un estrés postraumático que mucha gente no ve. Si vuelves con una herida física, es algo visible, pero lo mental es como una herida que no sangra y que no lleva venda, pero a la que hay que prestar mucha atención.
La situación internacional, desde hace días, semanas, meses y también años, nos está enseñando una cara muy cruel. A la pregunta de si estamos cerca de que se nos vaya todo definitivamente de las manos, Brabo responde diciendo que se nos fue «hace tiempo».
Recuerda cuando estuvo en Siria, en esa guerra civil que ha durado tantos años y que está aún sin terminar de resolver. Se desató una crisis de refugiados que fue una verdadera crisis humanitaria, con millones de personas desplazadas, tratando de huir de un sitio terriblemente peligroso, mientras en Libia ocurría algo parecido y cómo eso ha ido provocando un ascenso de la ultraderecha en Europa. En lugar de desinflamar, ahora «vamos a pegar otra hostia al avispero, a ver qué pasa», lamenta Brabo, y concluye que «nada bueno».
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