El Ayuntamiento no se atreve a vincular el corte nocturno de tráfico en el Paseo Pereda con las obras del Proyecto Faro del Banco Santander

El PP de Santander tardó meses en admitir que el 'sacrificio' del paso de vehículos bajo el arco, no previsto inicialmente, fue porque el Banco lo necesitaba
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El Ayuntamiento de Santander ha comunicado estos días cortes parciales al tráfico en horario nocturno en el Paseo de Pereda, entre este lines y el  viernes 24 de abril, por trabajos de asfaltado.

En su comunicación a la ciudadanía, el Consistorio da bastantes detalles: los cortes se producirán de las 23.00 a las 7.00 horas y se dejará un carril disponible para los vehículos procedentes del centro, mientras que los provenientes de El Sardinero serán desviados por la rotonda del Centro Botín.

Y los vehículos procedentes del centro tendrán siempre un carril disponible, mientras que los que provienen de El Sardinero serán desviados por la rotonda del túnel del Centro Botín hacia la calle Antonio López.

Pero en la información, por boca del concejal de Protección Ciudadana, Eduardo Castillo –que tardó mas de un mes en referirse públicamete a lo tragedia de El Bocal, en la que el servicio público municipal de la Policía Local no gestionó correctamente la llamada de aviso del 112–, la causa de estas afecciones se deja en un genérico «entorno del número 10 de esta calle».

El concejal de Seguridad admite en su primera intervención en público tras la tragedia de El Bocal que el sistema de grabación de la Policía Local estaba incompleto

¿Que es lo que sucede en el número 10 del Paseo Pereda? ¿No es como una dirección demasiado específica? ¿Unas obras en un portal convencional llevarían a cortes de tráfico? Como cualquier santanderino que conozca o no la zona o que simplemente tenga acceso a Google, lo que hay en el Paseo Pereda, 10 es ni más ni menos que la oficina número 1 del Banco Santander, en la que el gigante financiero presidido por Ana Patricia Botín quiere ubicar su colección de arte.

Es el denominado Proyecto Faro. que lleva más de cinco años en obras ya que se optó por una solución –habia más alternativas posibles– que implicaba rebajar el emblemático arco del triunfo, lo que a su vez ha supuesto que por ahí no puedan pasar vehículos en una peatonalización imprevista: no estaba en ningún plan de movilidad (de hecho se había descartado unos pocos meses antes), no se planteó en el programa electoral del PP santanderino, no figuraba en el propio proyecto, no se mencionó cuando hace apenas cuatro meses entró en vigor la Zona de Bajas Emisiones –el motivo que inicialmente dio Protección Ciudadana cuando trascendió el ‘sacrificio’ de vehículos, confirmado por la alcaldesa en un foro mediático –no en el Pleno- tras el aviso dado por IU en Santander, hasta que finalmente Igual acabó admitiendo públicamente –en este caso en un podcast, nuevamente no en el Pleno– que era una necesidad del Banco.

Igual admite por fin que el cierre al tráfico del arco del  Santander fue porque el banco lo necesitaba

Estas dificultades del PP santanderino para atreverse a dmitir públicamente que el proyecto ha ido cambiando por necesidades del Banco o simplemente a mencionarlo en sus comunicaciones ciudadanas de (teórico) servicio público choca  con el entusiasmo y apropiación con que se refieren a este proyecto cultural que parte de un ente privado, el Banco –es decir, se reivindica lo bueno y se omite lo malo–.

Y eso que fue el propio Ayuntamiento de Santander el que introdujo la variable valentía al hablar del proyecto cultural del Banco Santander: en 2020, en un Pleno, el entonces portavoz del PP, César Díaz, calificó de «cobardes» a los partidos de la oposición de PSOE e IU por no apoyar con sus votos una medida que iba a salir igualmente adelante: la modificación de las normas de protección del valor histórico y cultural del Paseo Pereda. Sucedía que la alternativa que eligió el Banco para el Proyecto Faro —habia más, una de ellas apenas tocaba el edificio-– no cumplía esas normas, y en lugar de cambiarse el proyecto, se optó por, directamente, cambiar las normas –no ha sido la primera vez que el urbanismo de Santander se adapta a los proyectos de los Botín, en lugar de al revés–.

Las otras veces que el urbanismo se ha adaptado a proyectos o necesidades del Banco Santander

En el argumentario del poder municipal, aprobar el proyecto de un gigante financiero global para el que todo son elogios desde las distintas instituciones cántabras, era un acto de valentía.

La valentía de decir que sí al Banco Santander

 

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