El quiebro histórico que esconde la adjudicación del PGOU de Santander
La reciente adjudicación, todavía no completamente definitiva, del futuro Plan General de Ordenación Urbana (PGOU) de Santander —el documento llamado a definir el urbanismo de la ciudad durante las próximas décadas— esconde también un pequeño quiebro histórico apenas perceptible para la mayoría de los lectores, pero cargado de simbolismo para quienes conocen la historia cultural y pedagógica española del siglo XX.
Porque entre los estudios que integran la propuesta mejor valorada por la mesa de contratación del Ayuntamiento (la UTE que integra a Ezquiaga, Sociedad y Territorio, Jornet Llop Pastoro) figura Junquera Arquitectos, el despacho vinculado al arquitecto Jerónimo Junquera García del Diestro, prestigioso referente que ha participado en proyectos de equipamientos públicos y grandes infraestructuras urbanas como los recintos feriales de IFEMA, la Biblioteca Pública del Estado en Madrid, el edificio de ENRESA o distintas promociones de vivienda pública y regeneración urbana en Madrid. Parte de su obra ha estado marcada precisamente por la atención al diálogo entre arquitectura, paisaje, memoria y espacio público.
Su presencia en el futuro planeamiento urbano de Santander conecta profesional y personalmente con una de las genealogías intelectuales más relevantes de la España contemporánea: la del renovador proyecto pedagógico que argamasaron la Institución Libre de Enseñanza o la Residencia de Estudiantes, Jerónimo Junquera es sobrino de la pedagoga santanderina Carmen García del Diestro, una de las fundadoras del Colegio Estudio y una de las figuras que ayudaron a preservar, durante el franquismo, parte de la tradición educativa republicana e institucionista derrotada tras la Guerra Civil.
UNA PROFESORA A LA VANGUARDIA DE LAS IDEAS
Carmen García del Diestro nació en Santander en 1908, en el entonces barrio del Muelle —actual Paseo de Pereda—, en el seno de una familia perteneciente a esa “burguesía ilustrada” que comenzaba a emerger en España a comienzos del siglo XX y que aspiraba a modernizar un país todavía marcado por fuertes carencias educativas, culturales y científicas.
Su padre, médico pediatra y fundador de la revista Archivos Españoles de Pediatría, desarrolló su carrera en Madrid tras formarse en Francia, igual que el abuelo de Carmen, también médico. Aquel entorno familiar fue descrito posteriormente por su sobrino como un ambiente “culto, refinado y sobre todo librepensador”, una atmósfera que marcaría profundamente la formación intelectual y ética de Carmen García del Diestro.
Su trayectoria quedó especialmente ligada al Instituto-Escuela, uno de los proyectos pedagógicos más ambiciosos de la España contemporánea. El Instituto-Escuela había sido creado en 1918 por la Junta para Ampliación de Estudios como un laboratorio de modernización educativa inspirado en las ideas de Francisco Giner de los Ríos y el institucionismo.
Frente a la enseñanza memorística y disciplinaria dominante en la época, defendía una educación abierta, experimental y humanista, basada en la importancia de las artes, la ciencia, el deporte, el contacto con la naturaleza y el pensamiento crítico. El propio Jerónimo Junquera definiría años después el Instituto-Escuela como “ese gran laboratorio de pedagogía que crearon los institucionistas”.
Aquel ecosistema educativo y cultural mantenía además una estrecha relación con la Residencia de Estudiantes y con algunos de los principales nombres de la cultura española contemporánea. Por sus aulas, conferencias o círculos próximos pasaron figuras como Federico García Lorca, Luis Buñuel, Salvador Dalí o María de Maeztu.
La Guerra Civil y la victoria franquista supusieron la desarticulación de aquel proyecto. La Junta para Ampliación de Estudios fue disuelta, numerosos docentes fueron depurados o marcharon al exilio y el Instituto-Escuela desapareció oficialmente. Parte de sus edificios acabarían integrados después en el actual Instituto Ramiro de Maeztu.
Jerónimo Junquera resumiría posteriormente aquel proceso afirmando que la dictadura “arrinconó para siempre” aquel proyecto pedagógico. También describía a Carmen García del Diestro como parte de “ese grupo de españoles que respetaron las reglas democráticas y que por ello fueron apartados de su país, unos exiliados, otros borrados”.
DEL INSTITUTO ESCUELA AL COLEGIO ESTUDIO

xcursión a Cotos:
Jimena Menéndez Pidal y
Carmen García del Diestro,
1946.
Foto Diana Paunero. AHFE.
Sin embargo, parte de ese legado logró sobrevivir gracias precisamente a profesoras vinculadas al Instituto-Escuela. En 1940, apenas terminada la guerra, Carmen García del Diestro fundó junto a Jimena Menéndez Pidal y Ángeles Gasset el Colegio Estudio, concebido explícitamente como continuidad del espíritu educativo del Instituto-Escuela y de la Institución Libre de Enseñanza.
Jerónimo Junquera llegaría a definir aquel centro como “el proyecto pedagógico más singular de la dictadura”. En plena posguerra franquista, Estudio funcionó como una especie de refugio cultural y educativo donde se intentó preservar parte de aquellas metodologías basadas en la creatividad, la formación artística, el pensamiento crítico y la libertad intelectual.
El colegio mantuvo además vínculos simbólicos y físicos con el antiguo ecosistema institucionista. En 1950 se instaló en el edificio de Miguel Ángel 8, uno de los espacios históricos vinculados previamente al Instituto-Escuela.
Diversas investigaciones sobre el centro señalan que el Colegio Estudio “salvaguardó y mantuvo vivo el espíritu del Instituto-Escuela”. La propia Carmen García del Diestro fue definida como una pedagoga “fiel siempre a la línea” de la Institución Libre de Enseñanza.
MANTENIENDO UN LEGADO
La relación de Jerónimo Junquera con ese legado no ha sido únicamente familiar o simbólica. A lo largo de su trayectoria, el arquitecto ha mantenido una vinculación directa con las instituciones surgidas de aquel ecosistema pedagógico heredero del institucionismo.
Junquera ha ejercido como presidente del Patronato de la Fundación Estudio, entidad encargada de custodiar y dar continuidad al proyecto educativo impulsado por Carmen García del Diestro, Jimena Menéndez Pidal y Ángeles Gasset. Además, su estudio ha desarrollado distintos proyectos para el Colegio Estudio, incluyendo ampliaciones, nuevos pabellones docentes y espacios educativos en sus sedes madrileñas.
Entre ellos figura también el edificio que alberga el Archivo Histórico de la Fundación Estudio, donde se conserva documentación relacionada con el Instituto-Escuela, el Colegio Estudio y parte de la memoria pedagógica institucionista del siglo XX español.
El propio Jerónimo Junquera ha hablado públicamente de esa relación familiar e intelectual. En un boletín de la Fundación Estudio recordaba: “En estos últimos años conviví intensamente con Kuki”, el sobrenombre familiar de Carmen García del Diestro, “y con ella preparé el diseño de la Fundación Estudio, institución garante de la continuidad de un modelo pedagógico que se inició en las postrimerías del siglo XIX”.
También describía a su tía como una mujer convencida de que “la enseñanza” era “el principal motor del progreso de la sociedad” y alguien que siguió “buscando, siempre buscando” nuevas herramientas educativas hasta el final de su vida.
Junquera ha participado además en encuentros sobre el centenario del Instituto-Escuela y sobre la relación entre pedagogía y arquitectura, reivindicando la importancia de los espacios educativos como parte activa de la formación humana y cultural del alumnado, una idea muy presente en el pensamiento institucionista.
UN RETO URBANÍSTICO EN UNA ENCRUCIJADA PARA SANTANDER
Desde el punto de vista profesional, Jerónimo Junquera es uno de los arquitectos españoles más reconocidos de su generación. Formado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, fundó Junquera Arquitectos y ha desarrollado proyectos culturales, institucionales, educativos y urbanísticos tanto en España como en el extranjero.
Su trayectoria incluye intervenciones patrimoniales vinculadas al entorno de la Residencia de Estudiantes y distintos equipamientos públicos y educativos, además de proyectos urbanos de relevancia nacional e internacional. Parte de su obra ha estado marcada por la atención al diálogo entre arquitectura, paisaje, memoria y espacio público.
La unión de estudios seleccionada deberá además traducir técnicamente el modelo urbano diseñado durante la pasada legislatura desde el área de Urbanismo entonces dirigida políticamente por Javier Ceruti (Ciudadanos) y elaborado por la UTE formada por LandLab y Paisaje Transversal, coordinada por la arquitecta y paisajista Miriam García.
Aquel documento estratégico, denominado ‘Santander, Hábitat Futuro’, planteaba como base conceptual el llamado urbanismo regenerativo y la idea de la “ciudad de los quince minutos”, donde las necesidades cotidianas puedan resolverse a escala de barrio mediante proximidad, movilidad peatonal, mezcla de usos y reducción de dependencias del vehículo privado.
El planteamiento suponía, al menos sobre el papel, una ruptura parcial con parte de las inercias urbanísticas y económicas que han marcado Santander durante décadas: expansión urbana asociada al consumo de suelo, terciarización turística, presión inmobiliaria y grandes operaciones de transformación territorial, llevadas a su máxima expresión en el PGOU de 2012, fruto de la burbuja que tuvo que ser anulado por los tribunales.
UN QUIEBRO HISTÓRICO FRENTE A UNA INJUSTICIA SIMBÓLICA QUE PERVIVE
Este singular quiebro histórico resulta especialmente visible si se observa otra de las grandes figuras de aquel universo pedagógico: María de Maeztu. Mientras parte del espíritu del Instituto-Escuela sobrevivía gracias a iniciativas como el Colegio Estudio impulsado por mujeres vinculadas al institucionismo, el edificio y la estructura principal del antiguo Instituto-Escuela acabaron convertidos durante el franquismo en el actual Instituto Ramiro de Maeztu, bautizado con el nombre de su hermano Ramiro, intelectual conservador apropiado simbólicamente por el régimen.
El apellido Maeztu permaneció así en el espacio público, pero asociado al hermano varón y conservador, mientras la memoria pedagógica y progresista representada por María quedaba mucho más desdibujada.
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