Charo Quintana advierte en el Ágora Solidaria de que la violencia obstétrica sigue siendo una violencia machista «silenciada, desconocida y muy normalizada»

 La ginecóloga sostiene que muchas prácticas durante el embarazo y el parto suponen una vulneración de derechos y defiende avanzar hacia una atención basada en la autonomía de las mujeres y el respeto a la fisiología
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La especialista en Obstetricia y Ginecología Charo Quintana ha alertado este jueves en Santander de que la violencia obstétrica continúa siendo una de las manifestaciones de violencia contra las mujeres «más invisibilizadas» pese a afectar, según diversos estudios citados durante su intervención, a miles de mujeres cada año.

Durante una charla celebrada en el Ágora Solidaria Cultura y Memoria Luis Toca, Quintana definió esta realidad como una violencia «silenciada», «desconocida» y «muy normalizada», al tiempo que defendió la necesidad de abrir un debate público sobre las prácticas asistenciales relacionadas con el embarazo, el parto y el posparto.

«Vamos a hablar de una violencia contra las mujeres, una violencia silenciada, una violencia machista desconocida y además muy normalizada», afirmó al inicio de su intervención.

La ginecóloga explicó que una de las principales dificultades para abordar este fenómeno radica precisamente en su falta de reconocimiento social. En este sentido, recordó una reflexión del escritor George Orwell para ilustrar la complejidad de identificar determinadas vulneraciones de derechos.

«Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante», señaló Quintana, quien animó a los asistentes a realizar ese ejercicio de reflexión para reconocer situaciones que, según indicó, afectan a la dignidad y a los derechos de las mujeres.

Uno de los aspectos centrales de la conferencia fue la discusión sobre la propia existencia de la violencia obstétrica, un concepto que sigue generando controversia en determinados ámbitos profesionales. Frente a quienes cuestionan el término, la especialista defendió que organismos internacionales como Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud o diversas instituciones europeas han reconocido la existencia de prácticas de maltrato y trato irrespetuoso en la atención al parto.

«¿Es posible que muchos de estos nacimientos sean atendidos en centros donde se vulneran los derechos humanos de las mujeres y se incurra en violencia obstétrica? La respuesta es sí», afirmó.

Según explicó, la OMS ya advirtió hace años sobre situaciones de falta de respeto y maltrato durante la atención al parto y diversos organismos internacionales consideran que estas prácticas constituyen una vulneración de derechos fundamentales.

Durante su exposición, Quintana también hizo referencia a estudios realizados en España que reflejan experiencias negativas de mujeres durante sus procesos reproductivos. Entre los datos aportados, destacó investigaciones que apuntan a que un porcentaje significativo de mujeres asegura haber sufrido algún tipo de violencia obstétrica o haber sido sometida a procedimientos sin recibir información suficiente o sin otorgar un consentimiento plenamente informado.

«Estamos en el momento más seguro de la historia para dar a luz y, sin embargo, más de la mitad de las mujeres encuestadas afirmaban sentirse inseguras, vulnerables o incapaces. Es realmente triste», manifestó.

Asimismo, compartió testimonios recogidos por el Observatorio de Violencia Obstétrica de España, entidad de la que forma parte, para ejemplificar situaciones denunciadas por mujeres durante sus partos.

«Las mujeres nos cuentan: ‘Me moría de sed y nadie me hacía caso’, ‘me dijeron que me iban a castigar por mi plan de parto’ o ‘me hicieron más de treinta tactos para aprender'», relató.

La exconsejera de Sanidad de Cantabria defendió que la violencia obstétrica no debe interpretarse como una actuación individual de profesionales concretos, sino como una cuestión estructural relacionada con determinados modelos de atención sanitaria.

«El tema no somos nosotros. El tema son las estructuras, la formación, las dinámicas organizacionales y la cultura profesional en la que nos movemos», afirmó.

En este sentido, insistió en que hablar de violencia obstétrica no supone criminalizar a médicos, matronas o enfermeras, sino analizar críticamente un sistema que, en ocasiones, limita la capacidad de decisión de las mujeres sobre sus propios procesos reproductivos.

«No apuntamos con el dedo sobre un profesional, sino sobre el sistema», resumió.

Quintana defendió además el uso del término «violencia obstétrica» frente a otras expresiones como «malas experiencias», «medicalización» o «trato irrespetuoso», al considerar que estas denominaciones no reflejan adecuadamente la dimensión estructural del problema.

«Lo que hacen esos términos es describir síntomas. La enfermedad que está detrás de esos síntomas es la violencia obstétrica», sostuvo.

A lo largo de la charla también analizó distintos indicadores relacionados con la atención al parto y la utilización de determinadas intervenciones médicas. En este contexto, llamó a reflexionar sobre las tasas de inducciones, cesáreas o episiotomías y sobre las diferencias existentes entre territorios y centros hospitalarios.

«Con ese intervencionismo innecesario y esa variabilidad injustificada tenemos que preguntarnos qué tiene que ver con prácticas profesionales, decisiones profesionales y estilos profesionales», señaló.

La especialista insistió en que muchas de estas actuaciones son imprescindibles cuando existe riesgo para la madre o el bebé, pero advirtió de que pueden resultar inadecuadas cuando se aplican de forma rutinaria en procesos fisiológicos normales.

«Hay veces que una cesárea está indicada y es lo mejor que se puede hacer. El problema aparece cuando utilizamos tecnología adecuada para situaciones de riesgo en procesos normales y fisiológicos», explicó.
En la parte final de su intervención, Quintana apostó por avanzar hacia un modelo asistencial centrado en los derechos de las mujeres, el respeto a la fisiología del parto y la toma de decisiones informadas.

A su juicio, el cambio pasa por abandonar enfoques excesivamente intervencionistas y reforzar la atención personalizada, la evidencia científica y el protagonismo de las mujeres durante todo el proceso reproductivo.

«Tenemos que pasar del protagonismo de los profesionales al protagonismo de las mujeres y de las decisiones médicas a las decisiones de las mujeres», afirmó.

La ginecóloga concluyó defendiendo que visibilizar esta realidad constituye el primer paso para transformarla.

«Lo que no se nombra no existe. Dar nombre a esta violencia es el primer paso para su erradicación», concluyó.

Quintana acumula una amplia trayectoria profesional en el ámbito de la salud sexual y reproductiva. Especialista en Obstetricia y Ginecología, desarrolló buena parte de su carrera en el Servicio Cántabro de Salud y fue consejera de Sanidad y Servicios Sociales del Gobierno de Cantabria entre 2003 y 2007. También ha ejercido como asesora en Políticas de Salud y Mujeres del Gobierno Vasco y coordinó el Centro de Salud Sexual y Reproductiva La Cagiga del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla.

En la actualidad, participa en la formación de matronas y profesionales sanitarios en materia de violencia contra las mujeres y forma parte de distintos organismos y colectivos vinculados a la igualdad y los derechos reproductivos, entre ellos los Observatorios de Violencia Obstétrica de España y Cantabria. Además, ha colaborado en la elaboración de diversas guías clínicas del Sistema Nacional de Salud sobre embarazo, parto, puerperio y lactancia materna, y cuenta con numerosas publicaciones relacionadas con la salud reproductiva, la atención al parto y la violencia obstétrica.

 

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