Los goles no tapan la crisis de la vivienda

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Cada vez que juega España se nos invita a identificarnos con sus futbolistas, a sentir que representan lo mejor del país. Pero para millones de jóvenes la realidad es muy distinta: encadenan contratos precarios, destinan más de la mitad de su sueldo al alquiler y contemplan la compra de una vivienda como un sueño inalcanzable.

En ese contexto, resulta profundamente incómodo comprobar que algunas de las mayores estrellas del fútbol español también participan en el negocio inmobiliario. Ferran Torres, a través de Eleven Future Invest S.L., ha construido una importante cartera de activos inmobiliarios. Dani Olmo también ha sido relacionado públicamente con inversiones en el sector. Todo ello es perfectamente legal. Pero la legalidad no resuelve el debate ético.

La vivienda no debería ser un instrumento para multiplicar fortunas, sino un derecho garantizado para toda la población. Sin embargo, el modelo económico dominante premia justamente lo contrario: quien ya dispone de millones puede comprar más viviendas, obtener rentas y seguir acumulando patrimonio mientras quienes trabajan cada día ven alejarse la posibilidad de tener un hogar propio.

Nadie sostiene que Ferran Torres o Dani Olmo sean los responsables de la crisis de la vivienda. Sería absurdo. Pero sí forman parte de un sistema donde la vivienda se trata como un activo financiero. Y cuando personas con enorme influencia social participan en ese modelo, es legítimo que la ciudadanía cuestione si están contribuyendo a normalizar una lógica económica que agrava un problema colectivo.

La admiración deportiva no debería convertirse en una coartada moral. Marcar goles, levantar trofeos o vestir la camiseta de la selección no coloca a nadie por encima del debate público. Al contrario: cuanto mayor es la influencia de una figura pública, mayor es el interés legítimo por analizar el impacto social de sus decisiones económicas.

Quizá la próxima vez que un aficionado vea a España celebrar un gol recuerde también que, al terminar el partido, volverá a enfrentarse a alquileres imposibles, hipotecas inalcanzables y un mercado donde la vivienda funciona demasiado a menudo como una inversión antes que como un hogar. Los héroes del césped también toman decisiones fuera de él. Y esas decisiones merecen ser discutidas, no silenciadas.

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