Mario Obrero: “Cuando uno entiende la política desde una barriada, sabe que no habla por sí mismo”
El pasado domingo, en la Feria del Libro de Santander, entre el chelo de Elia Pérez y los versos de Mario Obrero —e incluso las críticas al poder casi sin límites de la saga Botín, evidente en lo estatal, casi asfixiante en lo local, en “su” ciudad— llegó a sonar La Internacional. Unas mujeres se levantaron para marcharse, otras se levantaron para alzar el brazo. La vida misma.
Lo de este miércoles en Cabuérniga (19.30 horas en el Ecomuseo), en los Veranos Culturales que organiza la asociación La Castañera y que abren Mario y Elia —que han compartido piso en su vida universitaria—, también promete: es un escenario, al igual que el de la Porticada, que ya conocen, por lo que su propuesta de versos, música y encuentro tendrá un punto de adaptación al entorno.
Y porque esa propia itinerancia, sumada a la cercanía física de la Casona de Tudanca —el pequeño refugio que José María de Cossío ideó para los secretos de la Generación del 27—, lo convierte en depositario de un legado, “un sueño civil”, que tiene muy presente, muy vivo, el de las Misiones Pedagógicas, que llevaban por los pueblos la cultura que estaba lejos en lo geográfico, pero que enseguida tenían cerca.
“Era la poesía lo que producía el mayor asombro e incluso el mayor silencio”, remarca en conversación con EL FARADIO Mario Obrero, que pone en contraste ese tipo de silencio con el “silencio atronador o impuesto de las convenciones” que llegaría años después con la dictadura. En cualquier caso, él espera que en Cabuérniga “no haya silencio, sino que todo esto se transforme y se convierta en celebración”, que sea “bien alta y bien gritona, en el mejor y único sentido de la palabra”, espoleada por la complicidad que se entabla con quienes “han compartido apuntes cuando ha tocado hacer exámenes” y en aquella convivencia universitaria “saben a quién le toca fregar y a quién le toca poner la lavadora”.
“CUANDO UNO PIENSA DESDE EL BARRIO, LO PIENSA EN TODOS LOS TÉRMINOS”
Habrá memoria, conciencia y reflexión sobre temas como la ecología y el entorno, inspirada por la ‘Metamorfosis’ de Yayo Herrero, vecina de pueblo por la que siente una “admiración intelectual”, y de la que se queda, entre otras ideas, con esa alusión al “quien pueda hacer, que haga” de Aznar, pero llevado a otros fines: a trabajar por “posibilidades más justas y más dignas de vida en común”.
Lo que Mario Obrero puede hacer y hace es trabajar —lo lleva en el apellido, con toda la carga que supone— desde la palabra, desde una poesía que da “solidez” y crea diálogos con una forma “más ensanchada” y armónica de usar el lenguaje.
Y desde la(s) conciencia(s), porque son muchas: la de haber estudiado en la educación pública, donde se entiende muy bien la receta contra la crispación, ese “antes de hablar hay que levantar la mano” para expresar una idea con “naturalidad” y “alegría”, y desde otra conciencia de memoria histórica.
Hay otra conciencia, más firme, más asumida, muy interiorizada: la de estar viviendo y aprendiendo en colectivo, esa “sensación de barrio” que imprime moverse en la periferia urbana —Getafe—. “Cuando uno piensa desde el barrio, lo piensa en todos los términos, también en los sentidos dialécticos y discursivos”, señala el poeta, que atribuye a esa corresponsabilidad gran parte de su acción y palabras, porque, en definitiva, “cuando uno entiende la política desde una barriada, sabe que no habla por sí mismo” y “no hay tantas veces en que un micrófono se ponga al lado de alguien del Sector 3 de Getafe”.
Lo resume, en lo que es toda una agenda, así: “hablas, sí, en tu nombre, como intentas también corresponder aquellos deseos, anhelos, aquello que sí hablas por la calle con tus otras miles de vecinas en la puerta del ambulatorio, a la entrada del metro o esperando un autobús interurbano que o llega tarde o no llega directamente”.
NO HAY SORORIDAD MAYOR QUE LA OLIGÁRQUICA
Es filólogo, estudioso de las palabras, y advierte de que “la gran comunidad” y “la gran sororidad” han funcionado históricamente “desde arriba”, con sectores del Estado que en su origen tienen sus cerraduras y actúan como si sus llaves les pertenecieran por derecho propio: “entienden la política como su dominio, como su casona, y, contratados a sueldo, se convierten en odiadores profesionales que se desgañitan en cada esquina”.
Lo expresa sin obviar la genealogía del poder, de una derecha que “acapara y posee el poder desde un régimen del 78 y desde un continuismo que sigue a nivel social y sociológico”, que dispone de “aparatos mediáticos y dinero invertido”, pero sin tampoco dejar de mirar a los “compañeros de viaje”, a los que recuerda que “la corrupción es corrupción”. Y también, memoria, recordando los históricos acosos judiciales y políticos al independentismo catalán o vasco, a partidos de izquierda, a quienes plantean formas de gestionar la Jefatura del Estado que no sean hereditarias.
A Mario Obrero le preocupa de manera especial no sólo la censura o cancelación directa —atacar obras de teatro, actos de medios como el de eldiario.es en Rivas—, “la punta del iceberg”, sino “un veneno inserto en nosotras y nosotros”, esa “gran censura” cada vez menos inconsciente.
“ESPERANZADO POR MILITANCIA”
Aunque también valora, pese a todo, el “grandísimo privilegio” que tiene por ser hombre, por ser un homosexual “muy normativo”, que no le lleva a padecer las “cucharadas” de misoginia u homofobia que sí ve recibir a otras gentes, y que en su caso se centra más en un edadismo que resalta, condescendiente, su edad —ese “insultantemente joven” que se dice de carrerilla o ese polisémico “precoz”—.
Desde que arrancaran estos años de premios y visibilidad, Mario Obrero ha podido comprobar en mil pueblos, barrios y ciudades que hay pulsión y deseo por algo distinto.
Y frente a una izquierda que a veces “se da muchos golpes contra la pared buscando esas otras cosas sin hacerlas”, promulga ejercer esa vida en común, convertirla en hechos “posibles y palpables”. Vuelve el filólogo y recupera el sentido antiguo de “querer” como iniciar, empezar a hacer; en definitiva, estar ya haciendo: “prefiero ser esperanzado por militancia más que por vocación”. Son, pese a todo —ya lo avanza el título de la propuesta—, tiempos mágicos.
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