“Las situaciones en las que lo inesperado nos supera definen quiénes somos”
Es posible que veinte años capturando “con paciencia y curiosidad” momentos y personas en las páginas del periódico le dejaran a Marta San Miguel, periodista y escritora (esa dualidad es importante), un poso de pintar aquellas veces en las que el tiempo se detiene.
Porque es lo que nos encontramos en su primera novela, considerada la revelación del año: ‘Antes del salto’ (Libros del Asteroide), un elaborado relato muy personal en el que volvía, una y otra vez, a ese momento de su infancia, ese épico salto a lomos de su caballo Quessant.
Y hay, de hecho, otro minuto larguísimo y cargado de contenido, en uno de sus libros anteriores, ‘Una forma de permanencia’ (Libros del KO), donde afloró la hooligan ilustrada que lleva dentro para trenzar una historia de supervivencia, resistencia y memoria personal –muy pertinente justo estas semanas de regreso a Primera— en torno al Racing de Santander, deteniéndose en el plante de la dignidad, cuando la plantilla, acuciada por las deudas en un club secuestrado por una ponzoña vulgar y corrupta, se negó a disputar el partido de vuelta de los cuartos de final de la Copa del Rey frente a la Real Sociedad.
El momento al que mira ahora, en su segunda novela, también en Libros del Asteroide, es un episodio de la vida –mejor dicho, de la muerte– del compositor musical Enrique Granados, fallecido junto a su esposa en el naufragio del buque Sussex en el Canal de la Mancha en 1916, cuando regresaban de Nueva York tras el estreno de su ópera Goyescas. Según los relatos de la época, Granados murió al lanzarse al mar para intentar rescatar a su mujer después de que ella cayera al agua durante el hundimiento.
Le interesan a Marta San Miguel esos momentos en los que “la vida nos supera”, admite en conversación con EL FARADIO, prácticamente a los pies de ese Palacio de Festivales tan ligado a la música a través del FIS, el Festival Internacional de Santander: “Yo creo que nos definen las situaciones en las que aflora lo inesperado. En las situaciones que nos superan es cuando realmente sale la naturaleza de lo que somos”.
UNA VIDA «DE PELÍCULA» QUE NO LLEVA A UNA BIOGRAFÍA
En ‘Última escala’ –concepto traducido con milimétrica precisión en la ilustración de la portada, obra de Francesco Bongiorni–, Marta San Miguel se zambulle en los “gestos no pensados” que transmiten “más que cualquier palabra, explicación o pose”. Ninguno de los que ha documentado “está a la altura de lo que fue Enrique Granados y cualquiera de nosotros hacemos cuando la vida nos pone en una situación en la que no puedes pensar”, explica.
Para este trabajo Marta San Miguel ha sido un poco periodista, documentándose no sólo sobre la vida “de película” y obra de Enrique Granados –a quien llegó por la afición a la música en su casa–, sino sobre la historia del mundo y su tiempo, en el puzle que ha querido componer.
Es importante, ojo, ser conscientes de que no es un reportaje periodístico, ni siquiera una biografía del autor de las ‘Goyescas’, que tras años de lucha y penurias llegó a cosechar éxito en Estados Unidos: “es un libro sobre qué provoca la música en ti, en mí y en cualquier ser humano”, señala la Marta escritora, que ya nos sometió en ‘Antes del salto’ a un juego de espejos sobre las distintas identidades que acumulamos en la vida (madre, hija, niña, adulta…) en el contexto de una Lisboa en la que vecinos y turistas combaten silenciosamente por asentar una identidad que la azulejada capital lusa viene simultáneamente esgrimiendo y perdiendo casi desde el fundacional terremoto.
LA VIDA QUE RESUENA
Esta vez, en su identidad de autora ya no novel o revelación, sino en proceso de consolidación, su inmersión en la vida de Granados va “más allá”: “a mí lo que me interesa de esta novela es cómo la vida de otra persona resuena en nosotros”. Es decir, “cómo lo que vivió Enrique Granados, las decisiones que tomó, son el eco de nuestras propias experiencias”. Algo que puede resonar –una palabra importante para entender esta novela– en cualquiera que “aspira a encontrar su lugar en el mundo”.
En esa “resonancia” de una vida en otras se asoma a veces la narradora, que habla desde el presente, pero con menos protagonismo que en ‘Antes del salto’ o en ‘Una forma de permanencia’, en realidad, casi un dedo que señala lo que le llama la atención de lo que está contando.
EL SILENCIO, «LA NOTA FUNDAMENTAL» EN LA MÚSICA
Igual que en la música son importantes los silencios, ‘Última escala’ deja espacios para que el lector se cuestione cosas que van asomando: fiel a su estilo, no cuenta que “está lloviendo”, porque lo que quiere es que “el lector sienta que se está mojando”.
Lo que resuena en esos silencios es el impacto de la música, lo que genera escucharla, desde la parte más individual (“¿Por qué una canción a mí me hace pensar en esta persona? ¿Por qué cuando estoy alegre me pongo este otro tema?”) a la colectiva que supone el momento de la escucha de un concierto en el que se escucha algo, la música, que “sólo sucede mientras la escuchas”. Y que se erige, además, como el “único idioma universal” que transmite sin necesidad de saber idiomas y que incluso trasciende distintos momentos históricos.
“Ojalá que no perdamos la capacidad para escuchar, que la música no sea algo que suena de fondo, sino que siga siendo ese lugar donde podemos legitimar lo que somos por dentro, ese espacio de intimidad”, prácticamente compone mientras lo dice, lanzando una última reflexión sobre la dualidad que preside el libro desde la portada y el juego de palabras del título: el silencio, “la nota fundamental en la música”, que da “miedo” encontrar en las conversaciones; y el omnipresente ruido, “porque donde no hay música es más fácil que entre el ruido”.