Las violencias que no cesan

El presunto asesinato de una mujer en Santander este 31 de julio se convierte en el segundo caso que vive Cantabria este año, después del que se produjo en Pedreña el pasado mes de marzo
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Cuatro años largos había estado Cantabria a salvo de noticias como la que se ha producido hoy en Santander. Desde el terrorífico asesinato de Eva y Ona en Liaño de Villaescusa, a finales de 2021, las muertes que se lloraban y se repudiaban se producían en otros territorios.

Cada último jueves de mes se produce el Pleno del Ayuntamiento de Santander. Ya se ha convertido en costumbre que poco antes de las 12 del mediodía los concejales abandonen el Salón de Plenos y salgan a la calle para guardar un minuto de silencio por las mujeres víctimas de crímenes machistas. No hay un Pleno en que no lo hagan, porque siempre hay víctimas recientes por las que tener ese detalle.

Este año también hay que guardar minuto de silencio por víctimas en nuestra Comunidad. Primero fue Merche, una mujer madrileña que decidió mudarse a Pedreña hace años y que fue asesinada por su pareja el pasado mes de marzo. Hoy se ha producido una segunda víctima mortal por violencia machista. Aún se utiliza la expresión ‘presunto homicidio machista’, porque el caso está bajo investigación, aunque la Policía Nacional ha notificado que la pareja de la mujer ha reconocido ser el autor del crimen.

Unas flores para la ‘brujita blanca’

La ‘playlist’ de Merche

Este sábado, a las 10 de la mañana, se producirá una concentración en la Plaza del Ayuntamiento de Santander para condenar el crimen concreto y la violencia machista que se sigue produciendo, a diario, en nuestra sociedad.

La Policía Nacional detiene a un hombre por el presunto homicidio de su pareja en Santander

Como suelen decir los movimientos feministas, esto es sólo la punta del iceberg. El asesinato es lo peor, pero hay muchas más violencias contra las mujeres. Y esas sí las tenemos permanentemente a nuestro alrededor. Un ejemplo evidente de esto es la agenda judicial de cada semana en la Audiencia Provincial de Cantabria. Es casi imposible encontrar una semana en que esta agenda no recoja un juicio por un delito contra una mujer, ya sea mayor o menor de edad. En los últimos meses empieza a ser rara la semana donde sólo hay uno.

Los casos más recientes

Esta misma semana se han publicado tres sentencias judiciales condenatorias por delitos machistas, dos por violación y uno por acoso a expareja.

En el primero de esos casos, cuya sentencia se publicó el pasado miércoles, la Audiencia Provincial de Cantabria condenó a catorce años de prisión a un hombre que violó esgrimiendo una navaja y retuvo contra su voluntad a una mujer.

En una sentencia que no es firme y contra la que cabe interponer recurso de apelación, la Sección Tercera de la Audiencia Provincial le considera autor de un delito de agresión sexual en la modalidad de violación y de otro delito de detención ilegal.

Además de la pena de prisión, no podrá acercarse ni comunicar con la mujer durante un periodo de doce años, se le inhabilita para trabajar con menores durante veinte años y se le impone una medida de libertad vigilada tras su salida de prisión de nueve años.

En concepto de responsabilidad civil, el ahora condenado deberá indemnizar a la mujer en 13.000 euros por el daño moral que le ha causado y por la lesión psíquica permanente que padece, una indemnización “adecuada y proporcionada” teniendo en cuenta “el grave atentado contra la dignidad de la víctima que supusieron los hechos” y “la situación de temor generada con el encierro involuntario”.

En sentencia publicada el jueves, la Audiencia Provincial condenó a seis años de prisión a un hombre que violó a una mujer con sus facultades anuladas porque había tomado pastillas para dormir.

En una sentencia que tampoco es firme porque contra la misma cabe recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, la Sección Tercera de la Audiencia Provincial considera al hombre autor de un delito de agresión sexual agravado por tener la víctima su voluntad anulada.

Además de la pena de prisión, le prohíbe acercarse y comunicar con la mujer durante un periodo de diez años, le impone una medida de libertad vigilada tras la cárcel de cinco años y le inhabilita para trabajos con menores de edad durante once años.

En concepto de responsabilidad civil, entiende el tribunal que el acusado debe pagar a la mujer una indemnización de 3.000 euros por el daño moral que le ha causado, dada “la gravedad de la afectación de la víctima y atendiendo a la reagudización de su sintomatología adaptativa de base”.

También el jueves se publicó una sentencia en que la Audiencia Provincial de Cantabria condenó a once meses de prisión a un hombre por acosar a su expareja, a la que durante más de dos meses llamó por teléfono y envió mensajes de WhatsApp insistentemente, y a cuyo domicilio acudió prácticamente a diario, llamando al timbre de forma reiterada, con el fin de que la mujer retomara la relación. Además de la pena privativa de libertad, la Audiencia le prohíbe comunicar y acercarse a la mujer durante un año y diez meses.

Es también una sentencia contra la que cabe interponer recurso de apelación ante el Tribunal Superior de Justicia de Cantabria, pero la Sección Tercera de la Audiencia le considera autor de un delito de acoso.

Concurren en este caso dos circunstancias atenuantes de la responsabilidad penal del ahora condenado: dilaciones indebidas -la mujer denunció en 2020- y reparación del daño -el hombre consignó judicialmente 3.000 euros antes de la celebración del juicio.

Así, la responsabilidad civil fijada en 3.000 euros por daño moral, dada “la intensidad del hostigamiento sufrido y la duración del mismo”, queda ya satisfecha.

Por otro lado, la Audiencia absuelve al acusado del delito de agresión sexual por el que fue juzgado, ya que encuentra contradicciones entre la versión sostenida por la mujer y otras pruebas practicadas en la vista.

Este último detalle confirma que no todas las denuncias que llegan a la Fiscalía terminan en condena para el denunciado, un argumento que suele aparecer para atacar la legislación que se ha aprobado en los últimos años en España para tratar de proteger mejor a las mujeres y que no sufran delitos por el hecho de serlo.

Estos son los últimos casos que se han dirimido en los juzgados, pero el activismo feminista se encarga de recordar muy a menudo y en cada movilización que son muchos los casos que no llegan nunca a los tribunales ni a las comisarías, pero también dibujan un panorama infernal para muchas mujeres que no consiguen tener una vida digna. A veces, tampoco cuando consiguen separarse de quien les hace la vida imposible. Mucho menos cuando no lo consiguen.

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