Para saber

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Los acontecimientos ocurridos en Tell, al suroeste de Nablus, no fueron un acto aislado de violencia. Fueron una advertencia.

Durante años, Israel ha tratado las aldeas palestinas de la Cisjordania ocupada como espacios abiertos para incursiones militares, invasiones de colonos, apropiación de tierras y castigos colectivos. La expectativa era que los palestinos soportaran la violencia, enterraran a sus muertos y regresaran a la misma rutina insoportable.

En Tell, sin embargo, esa ecuación cuidadosamente mantenida se vio brevemente alterada.

El enfrentamiento comenzó cuando colonos israelíes armados entraron en la zona cercana a la aldea, intentando atacar viviendas palestinas. Los habitantes se enfrentaron a ellos. Posteriormente intervinieron soldados israelíes y miembros armados de los asentamientos, transformando el ataque de los colonos en una ofensiva militar más amplia.

Durante el enfrentamiento, un palestino se apoderó de un arma israelí y abrió fuego. Murieron dos israelíes, mientras que también fueron asesinados cuatro palestinos de la familia Ramadan. A continuación, se produjo una amplia campaña de castigo contra toda la aldea.

Las fuerzas israelíes sellaron Tell, irrumpieron en numerosas viviendas e interrogaron a decenas de residentes. Más de 70 palestinos fueron detenidos en la primera redada. La violencia israelí pronto se extendió a las comunidades circundantes, donde colonos armados atacaron viviendas y vehículos y prendieron fuego a mezquitas.

Por tanto, el significado de Tell no reside únicamente en el número de muertos. Reside en el hecho de que los palestinos, enfrentados a colonos y soldados armados, se negaron a retroceder.

Tell puede convertirse o no en la chispa inmediata de un levantamiento más amplio. Pero reveló que, bajo la apariencia exterior de control israelí, Cisjordania se acerca a un punto de ruptura.

Desde el comienzo del genocidio en Gaza, en octubre de 2023, Israel ha transformado Cisjordania en otro importante campo de batalla. Más de 1.180 palestinos han muerto, aproximadamente 13.000 han resultado heridos y más de 24.600 han sido detenidos, entre ellos cientos de mujeres y casi 2.000 niños.

La ofensiva no se limita a las incursiones militares. Es un sistema integrado en el que participan el ejército de ocupación, colonos armados, tribunales militares, consejos de los asentamientos, autoridades encargadas de las demoliciones y ministros que defienden abiertamente la anexión.

Solo en 2026, miles de palestinos han sido desplazados mediante ataques de colonos, demoliciones y restricciones israelíes a la construcción palestina. Para julio, el ritmo de desplazamiento había alcanzado una media de 17 palestinos al día, el doble de la media diaria registrada durante los tres años anteriores.

Por supuesto, nada de esto constituye una violencia aleatoria, sino una política deliberada.

Benjamin Netanyahu ha entregado, en la práctica, Cisjordania a los elementos más extremistas de su coalición. El ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha utilizado su autoridad gubernamental para acelerar la construcción ilegal de asentamientos, legalizar puestos avanzados ilegales y transferir competencias sobre el territorio ocupado de la administración militar a instituciones civiles israelíes, un paso fundamental hacia la anexión formal.

Mientras tanto, el ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben-Gvir, ha brindado protección política a los movimientos de colonos, al tiempo que provoca reiteradamente a los palestinos en la mezquita de Al-Aqsa.

A cambio, Netanyahu obtiene lo que más necesita: la supervivencia continuada de su gobierno.

Con las elecciones generales israelíes previstas para el 27 de octubre, es probable que Cisjordania adquiera aún más importancia en la campaña de Netanyahu. Su mensaje político a la derecha israelí no consiste simplemente en que puede proporcionar «seguridad», sino en que puede alterar permanentemente la geografía de Palestina.

Los palestinos se encuentran así atrapados en una ecuación brutal. Si no resisten, el ejército y los colonos avanzan. Si responden, Israel invoca el «terrorismo palestino» para intensificar precisamente las políticas que produjeron la resistencia en primer lugar.

Tell dejó al descubierto esa ecuación, pero también demostró sus limitaciones. Israel puede demoler viviendas, cerrar carreteras y detener a familias enteras. Puede vaciar campos de refugiados, como ha intentado hacer en Yenín, Tulkarem y NurShams. Puede mantener la ilusión de que una violencia abrumadora ha pacificado al pueblo palestino.

Pero la dominación militar no equivale a un control real. Netanyahu y sus ministros extremistas se han beneficiado hasta ahora de lo que Naomi Klein describió como la «doctrina del shock»: la explotación del trauma colectivo y la desorientación para imponer realidades políticas que, de otro modo, encontrarían una mayor resistencia.

Gaza fue sometida a un «shock and awe» sin precedentes, mientras Cisjordania se transformaba rápidamente al amparo de aquella catástrofe. Sin embargo, el shock tiene una vida limitada. Con el tiempo, el miedo da paso a la ira, y la ira comienza a buscar una expresión política colectiva.

La historia palestina ha demostrado repetidamente este patrón. Ninguna de las dos Intifadas comenzó de acuerdo con los cálculos de los partidos políticos o de los servicios de inteligencia. Ambas estallaron cuando la humillación acumulada, el estrangulamiento económico y la violencia militar llegaron a un punto en el que los palestinos comunes ya no estaban dispuestos a aceptar el orden existente.

El próximo levantamiento, si llega a producirse, también podría comenzar con un acontecimiento que, visto de forma aislada, parezca pequeño: una aldea que se defiende, un campo de refugiados que se niega a soportar otra invasión o una comunidad que se enfrenta a colonos que intentan apoderarse de sus tierras.

La mezquita de Al-Aqsa y Jerusalén Este ocupada siguen teniendo una importancia especial. Son algunos de los pocos lugares capaces de unir inmediatamente a los palestinos de Gaza, Cisjordania, Jerusalén y la Palestina histórica.

El 23 de julio, miles de colonos israelíes irrumpieron en el recinto de Al-Aqsa bajo una fuerte protección policial. Ben-Gvir se unió a ellos, mientras los participantes ondeaban banderas israelíes, cantaban el himno nacional israelí y, una vez más, violaban abiertamente el statu quo establecido desde hace mucho tiempo que rige el lugar sagrado.

Israel debería comprender la importancia histórica de tales provocaciones. La incursión de Ariel Sharon en Al-Aqsa en septiembre de 2000 contribuyó a desencadenar la Segunda Intifada. Los ataques contra Al-Aqsa y la amenaza de expulsar a familias palestinas de SheikhJarrah contribuyeron al levantamiento palestino de mayo de 2021.

Todavía hay tiempo para una acción internacional significativa. Los palestinos no tendrían motivos para levantarse si sus tierras estuvieran protegidas, sus presos fueran liberados, sus comunidades pudieran vivir y sus derechos fundamentales fueran respetados.

Pero si los gobiernos internacionales siguen protegiendo a Israel de la rendición de cuentas, la cuestión ya no será si Cisjordania se levantará.Será cuándo, dónde y qué acontecimiento concreto proporcionará finalmente la chispa.

Del artículo de Ramzy Baroud en el “Palestine Chronicle”. “Por que TELL IMPORTA”

De la traducción Pilar Salamanca.

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