Las constructoras irán levantando viviendas «poco a poco» porque «lo que les interesa es continuar la tasa de ganancia»
Hay una escena de una película X en la que la estrella del porno Rocxo Siffredi le espeta a una dolorida actrices: “Lloras porque te gusta”. El escritor y periodista Jorge Dioni ha explorado en Pornocracia cómo el discurso político y público está copiando muchas de las técnicas del porno basadas en el regodeo hacia el sufrimiento ajeno.
Así, hasta llegar a lo que podemos corroborar en tiempos en que las estrategias de partidos antes considerados serios parecen estar deseando que alguien les suelte un —ya desfasado— «basado». La inminente campaña electoral será otra muestra de un fenómeno global: desde el genocidio palestino —una ‘Zona de interés’ con el muro transparente— hasta las retransmisiones de operaciones contra migrantes. En lo local, esa lógica aparece en las constantes peticiones de mano dura contra inquilinos vulnerables, activistas o manifestantes.
Según explica en una entrevista con El Faradio, determinados discursos ya no prometen mejorar las condiciones de vida de la ciudadanía, sino garantizar que otros colectivos vivan peor: «Usted no va a vivir mejor, pero yo le garantizo que hay gente que va a vivir peor y se lo voy a enseñar».
El escritor considera que esta lógica se ha trasladado a las redes sociales, donde la provocación y la agresividad se convierten en fuentes de popularidad y beneficios económicos: «El insulto, el racismo, todo esto se puede monetizar». En este sentido, señala que la crueldad ya no solo se ejerce, sino que se exhibe para generar adhesiones y conseguir notoriedad, hasta convertirse en «un programa político» y «un elemento de marketing político bastante relevante hoy en día».
La vivienda, una crisis global
Jorge Dioni estará este sábado diecisiete en Torrelavega, donde participará en la tercera edición de la Escuela de Juventud de Comisiones Obreras (CCOO) de Cantabria, que se celebra bajo el lema ‘Jóvenes contra la precariedad’ entre el dieciséis y el dieciocho de octubre.
La cita contará también con la participación de la historiadora del arte Sara del Hoyo, que hablará sobre el pasado industrial y la vivienda en Torrelavega; el colectivo Movimiento por la Paz, que abordará las migraciones desde una perspectiva social; y el director de este medio, Óscar Allende, que impartirá a las 10:00 horas el taller ‘¿Nos están contando la verdad? Pensamiento crítico en tiempos de bulo’.
En su intervención, Dioni abordará la crisis de vivienda desde una perspectiva global, recordando que las dificultades para acceder a una casa se reproducen en países como Australia, Nueva Zelanda, México o Estados Unidos.
Sitúa uno de los principales puntos de inflexión en la crisis financiera de 2008: el agotamiento del modelo especulativo financiero provocó un desplazamiento de grandes flujos de capital hacia activos reales, especialmente suelo y vivienda, que pasaron a convertirse en destinos preferentes de inversión.
A este fenómeno se sumó, especialmente tras la pandemia de 2020, una mayor movilidad internacional de personas con elevada capacidad adquisitiva, desde grandes fortunas que buscan propiedades en Europa hasta profesionales que teletrabajan con salarios de países más ricos y personas jubiladas que trasladan su residencia a zonas como Málaga, Alicante, Canarias o Santander.
Un país de propietarios, no de proletarios
Sin embargo, Dioni señala que existe una particularidad española que agrava esta crisis global y que tiene sus raíces en la Guerra Civil y el franquismo, que impidieron el desarrollo de un Estado del bienestar comparable al construido en otros países europeos tras la Segunda Guerra Mundial.
En España, el régimen franquista, para el que la vivienda fue un «botín de guerra», impulsó un modelo basado en la propiedad, resumido en la conocida consigna del ministro José Luis Arrese de crear «un país de propietarios y no de proletarios».
Según explica, este sistema permitió mantener salarios inferiores a los de otros países europeos a cambio de facilitar el acceso a la propiedad: «La vivienda es como un pago en especie con el que el Estado complementa los bajos sueldos».
De esta forma, el ladrillo se convirtió en el principal mecanismo de ahorro y transmisión de patrimonio entre generaciones. Un modelo que, según Dioni, se rompe con la crisis de 2008 y la desaparición de buena parte de los mecanismos públicos y semipúblicos que impulsaban la construcción: «Seguimos con sueldos bajos, pero aparte no tenemos ese complemento».
Dioni señala además que la vivienda se ha convertido en el destino preferente del ahorro de quienes acumulan cierto patrimonio. Como ejemplo, menciona a los futbolistas de la selección española que ganaron el Mundial de 2010, muchos de los cuales han invertido en el sector inmobiliario, así como a artistas como Rosalía o Aitana.
«En España toda persona que logra hacer un mínimo capital lo mete en ladrillo», afirma. Por eso, considera que una de las claves para afrontar la crisis es conseguir que el sector inmobiliario deje de ser el destino preferente de la inversión y que el capital se dirija hacia otras actividades económicas.
Construir más no significa abaratar la vivienda
A esta particularidad histórica se suma, según Dioni, un modelo urbanístico en el que la construcción de obra nueva y la recalificación de suelo se han convertido en objetivos permanentes, por encima de la rehabilitación y la conservación de lo existente.
«Somos un país de obra nueva, somos un país de recalificación», resume, vinculando esta tendencia con los estrechos lazos históricos entre el sector inmobiliario y las administraciones públicas.
«Tenemos la idea de que lo viejo es malo, lo rural es malo y lo nuevo es lo bueno», señala sobre una mentalidad que identifica el progreso con levantar edificaciones e infraestructuras, incluso a costa del patrimonio y de las viviendas existentes. «Lo importante es el mercado, lo importante es el negocio».
En este sentido, Dioni advierte de que construir más viviendas no garantiza una bajada de los precios, ya que las promotoras no tienen necesariamente interés en aumentar la oferta si eso reduce sus beneficios.
Para explicarlo, compara el funcionamiento del mercado inmobiliario con el de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), que regula su producción atendiendo a sus intereses económicos. «Bancos, promotoras, poseedores de suelo, lo que les interesa es continuar la tasa de ganancia», señala.
Durante la entrevista, planteamos el caso de actualidad en Santander del PSIR de Real de Piasca, que contempla unas 7.850 viviendas entre Santander, Camargo y Santa Cruz de Bezana, expropiando a 37 familias.
Dioni cuestiona que la aprobación de miles de viviendas implique su construcción inmediata: «¿De verdad pensamos que las promotoras y constructoras van a construir esas siete mil viviendas de golpe? No, irán poco a poco, como la OPEP». El escritor recuerda que existen desarrollos urbanísticos iniciados hace 25 o 30 años que todavía mantienen solares sin edificar.
Tiene sentido que sea precisamente quien está describiendo la estrategia de la crueldad deliberada quien aborde también la crisis de la vivienda. Porque es ahí donde en estos momentos se están concentrando algunas de las mayores dosis de sadismo, como bien saben quienes llevan años luchando contra los desahucios o contando el sufrimiento que hay detrás —y antes— de cada convocatoria para echar a alguien de su casa. O de cada proyecto urbanístico al que le sobran los vecinos.
🏘️ Rompe el algoritmo. Frente al negocio de la vivienda y la monetización del odio, decide tú de qué se habla. Comparte esta información por tus redes y grupos de mensajería.
Podemos hablar de vivienda, desahucios, especulación y derechos sociales gracias a apoyos como el tuyo. Súmate a la comunidad de El Faradio y hazte socia o socio por 8 euros al mes. Hazte socia o socio.
Noticias relacionadas:
- Elena Anaya: «Este planeta no nos pertenece, no lo habitamos de manera individual»
- “La prostitución no es una institución transgresora, es una institución de orden y de poder”
- Mohamed Safa, sobre el genocidio «televisado» en Gaza: «Ahora nadie puede decir que no lo sabía»
- «La política global es considerar a los migrantes el chivo expiatorio de todos nuestros males»
- «Hay mucha gente que sale con miedo a la calle, pero yo no pienso dar ni un paso atrás»