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Sonia, quien pasó de una petición de excedencia al despido

10 de julio de 2018. POR

A Sonia Clabuig es a la que más me cuesta localizar, aunque en su situación es lo más normal del mundo. A sus 47 años es madre de tres hijos, dos mayores de 20 y 22, y otra de 9 años, y está preparando las oposiciones que salieron junio para Personal de Servicios en el Gobierno de Cantabria.

“Necesito volver a trabajar”, me asegura, ya que su marido, quien le ha apoyado desde el principio, trabaja en la construcción y no tiene un trabajo estable. “¿Y cómo lo llevas?”. “Pues estudiando mucho”, me dice con una risita nerviosa de lo más normal.

Sonia Clabuig -arriba, la segundaa la izquierda-, junto a sus compañeras.

El apoyo en su familia es incondicional, desde la pequeña, que está encantada de tenerla más en casa, hasta los mayores, ya universitarios, que sabían lo que había y les ha parecido de maravilla la actitud de su madre que no ha permitido que el miedo supere a su ansias de justicia.

Sonia es de Maliaño e iba a trabajar todos los días en coche junto a Marta y Arantxa. Con ellas, hasta pocos meses antes, iba otra mujer a la que despidieron el año pasado por quejarse de que les obligaban a llevar a cabo tareas que no correspondían a su contrato.

“LLEGA UN MOMENTO EN EL QUE DICES: SE ACABÓ, HAY QUE HACER ALGO”

Sonia llevaba siete años trabajando en Aon Mobile, donde ya tenía un contrato indefinido. Ella entró a trabajar al mismo tiempo que Arantxa. “Lo mejor del trabajo era el horario y los compañeros”, me dice.

Anteriormente, durante muchos años trabajó de administrativo y de teleoperadora solo había tenido experiencia previa de unos 6 meses de teleoperadora para el Servicio Cántabro de Salud. “Fue mucho mejor, era más bonito y con mejores condiciones”, recuerda.

Sobre sus años en Aon Mobile recuerda que se veían constantemente injusticias. “Aunque a ti no te toquen llega un momento en que dices: se acabó, hay que hacer algo o no se mejorará”.

“PENSABA QUE SOLO ME ESTABAN DESPIDIENDO A MÍ”

Por eso se decidió a entrar en la lista sindical de Comisiones Obreras, pese a que conocían los riesgos. “Contábamos que podría pasar”, confiesa, “ya que no es la primera vez que lo hacen. Pero había que hacerlo”.

Sin embargo, los días previos a su despido su mente estaba en otro sitio. Estaba pendiente de su madre, a la que iban a operar. Por ello había pedido una excedencia para cuidarla que su jefe más directo solo tenía que confirmarle, aunque le había dicho que estaba casi asegurada.

Además, recientemente le habían cambiado de campaña, y estaba más contenta con el mando intermedio que le había tocado. “Él fue a quien le mandaron echarme y estaba también sorprendido”, me cuenta.

El día del despido confiesa que no se dio cuenta de que era un despido colectivo porque se lo dijeron por separado. “Yo pensé que solo me estaban echando a mí”, reconoce. Y, durante unos minutos, relacionó su despido más con su petición de excedencia que con sus actividades sindicales. Hasta que se encontraron las nueve de Aon Mobile en la calle y todo encajó…

Conoce mejor a Las 9 de Aon en este reportaje de Eva Mora

I – Virginia, la delineante de la construcción que quiere que su hija la vea luchar

II – Isabel, la más antigua y a la que le rebajaron el puesto tras su embarazo

III – Eva, la más joven que fue despedida con un mensaje de texto

IV – Patricia, la diseñadora de interiores que quiere regresar “por dignidad”

V- Marta Fernández, la auxiliar administrativo que espera volver a bailar

VI – Marta Pellón, la última que entró en la lista sindical

VII – Arantxa, la fotógrafa que se adaptó tras la crisis

VIII – Asun, la veterana todoterreno que sabe plantar cara


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