La fragilidad del tejido creativo amenaza la revolución cultural de Santander

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Que en Santander está pasando algo en el mundo de la cultura es algo que está comprobando en sus ojos toda una generación de creadores y de público.

Fiesta de la Primavera en la calle del Sol (Foto: Javier Vila)

Fiesta de la Primavera en la calle del Sol (Foto: Javier Vila)

Cuesta sostener ese discurso de que “aquí nunca hay nada”, que surgió como reacción a esa Atenas del Norte en la que creyó vivir una generación de élites y público.

El debate, poco a poco, vira hacia la calidad de los contenidos y a la posibilidad de que sea algo estable.

El fenómeno, que viene dándose en la última década y que se intensificó a raíz del frustrado proceso para la capitalidad cultural europea, viene marcado por un fuerte protagonismo del sector privado, de los creadores y programadores.

Y queda documentado con cifras y datos en una primera versión, la fase preliminar, del Plan Director de la Cultura, un documento, consultado por EL FARADIO, que ha elaborado la Fundación Santander Creativa tras un proceso de consultas y que también alerta sobre la fragilidad de este nuevo sector.

LAS CIFRAS

La Agenda Aúna de la Fundación Santander Creativa ha encontrado un nuevo uso: al documentar las actividades culturales de cada día, se ha convertido también en un archivo que permite ir extrayendo datos y conclusiones.

Y así, sabemos que del “aquí nunca hay nada” se ha pasado a 14 eventos culturales cada día en Santander.

Pero, sobre todo, que en la balanza de la programación, el apartado privado (empresas o asociaciones) supone un 47,3%, muy cerca de la mitad.

Paz Gil, de la Librería Gil, charlando con El Reto, en un acto programado en Pombo

Paz Gil, de la Librería Gil, charlando con El Roto

Es decir, la cultura en Santander ya no es sólo el FIS, el Ateneo y la UIMP (todos públicos o ligados a lo público).

Y sí, el principal organizador de actividades en la ciudad es una institución, el propio Ayuntamiento de Santander, seguido de la Filmoteca o la Fundación Santander Creativa.

Pero entre los diez primeros programadores hay cuatro que no son, directamente, instituciones: la Librería Gil, el BlackBird, Escenario Santander (espacio público con gestión privada) y el cine Los Ángeles (empresa privada que nació con apoyo público).

Y si nos vamos a los 20, ahí están La Vorágine, Café de las Artes, Rock Beer The New, Bar Rvbicón y Librería Estvdio. Más abajo, Miriñaque, Eureka y Sol Cultural, los Groucho o el Canela, entre otros.

(Lo de los números tiene sus matices, para empezar, que más actividad no es más calidad y hay instituciones discretas, con un trabajo tan valioso como silencioso, como que en el Ayuntamiento cuentan como actividades todo lo que hace en la Semana Grande e hizo en el Mundial de Vela, y en la Filmoteca cada película cuenta como una nueva actividad).

( Y el dato de público puede ser engañoso porque al final va muy ligado al aforo –atrae más público un lugar en el que entra más gente–, pero también nos permite comprobar que Escenario Santander es el segundo equipamiento al que más personas van).

CONFIANZA EN EL NUEVO TEJIDO

Yendo a la calidad y no al número, la más valorada es Librería Gil, seguida de Escenario Santander, Café de las Artes, Miriñaque, La Vorágine, Sol Cultural y el BlackBird.

Cartas de las Golondrinas, montaje de producción propia de Miriñaque

Cartas de las Golondrinas, montaje de producción propia de Miriñaque

El informe subraya las conexiones “afectivas” que este tipo de actividades no institucionales logra con el público.

“En estos casos , acudir a un acto cultural es acudir a un encuentro”, como saben bien quienes se acercan a Sol Cultural o a una cita de Escenario Market.

La propia existencia de este nuevo tejido cultural se encuentra, en su conjunto, en el segundo lugar de lo mejor que le ha pasado a la cultura en la ciudad.

Queda, pues, a muy escaso margen de todo lo relacionado con el Centro Botín, según unos encuestados que, de esta forma, equilibran el gran equipamiento con la cantidad de actividades privadas o de asociaciones.

La valoración positiva se nota también en que a la hora de ver oportunidades de futuro para la cultura en la ciudad, se citan dos proyectos, el Centro Botín y el Reina Sofía, y en tercer lugar sale ya la realidad más cotidiana de la actividad de creadores y asociaciones.

Y de este tejido privado o asociativo se destaca que “rompe” con una construcción cultural “de arriba a abajo” propia de las instituciones, creando un modelo más variado, plural y democrático.

Empieza a suceder que, sin darnos cuenta, hay citas que nos suenan a nuevas (que responden a este nuevo modelo) y en realidad no lo son tanto: Desvelarte (el arte que sorprende por la calle) lleva ya siete ediciones, el Corto y Creo cumple un lustro y el MAF, la Muestra de Artes Fantásticas, otras siete. Las Fiestas de Sol Cultural se han celebrado ya seis veces.

UN SECTOR FRÁGIL Y PRECARIO

Y aunque el informe relaciona este fenómeno con el apoyo “puntual” que estos agentes creadores reciben de las instituciones (Fundación Santander Creativa y Dirección General de Cultura del Gobierno de Cantabria, fundamentalmente)…

…también se llama la atención sobre la fragilidad de este tejido, “dinámico”, sí, pero “voluntarista”, que se mueve a base de “presupuestos muy modestos, precarios o directamente inexistentes”. O sea, precario.

Esto tiene consecuencias positivas y negativas: lleva a reforzar la implicación ciudadana y la colaboración cívica, pero dificulta la consolidación del sector.

No ayuda que el papel de lo público se haya redefinido en tiempos de crisis: los presupuestos prácticamente se han ceñido al mantenimiento de los equipamientos culturales, pero no a hacer actividad, lo que ha llevado a una consecuencia interesante: la cesión de estos espacios a creadores privadas.

LA LEY DE ESPECTÁCULOS

En ocasiones, el papel público incluso dificulta la labor de los creadores : en el informe se llama la atención sobre la alta actividad musical en la ciudad, abanderada por grupos y locales, pese a la carencia de una Ley de Espectáculos, en una falta que genera inseguridad y que desmotiva, a golpe de paradojas y arbitrariedad, a quienes quieran lanzarse con esta oferta.

Concierto

La Ley de Espectáculos siembra dudas entre los promotores

Todo esto en una ciudad en la que hay 23 salas de conciertos o que realizan actividades musicales de forma regular, y en la que en los tres últimos años se han celebrado 4.520 eventos musicales.

De hecho, la música es sin duda lo que más se ofrece en la ciudad en la agenda diaria de actividades culturales.

Es más, si se mira el ranking de actividades programadas, la primera empresa privada en aparecer (y además en un nada desdeñable de quinto lugar) es una sala de música, el BlackBird. Cinco puestos más debajo, aparece Escenario Santander, ambas están entre los diez primeros.

PARTE CRÍTICA DEL DIAGNÓSTICO

No son las únicas partes negativas que asoman en el documento, que, de hecho, dedica bastante espacio a recordar las conclusiones de un interesantisimo informe de carácter elaborado por el profesor de la Universidad de Cantabria, Javier Díaz.

La Vorágine ha dinamizado la actividad cultural y crítica en la ciudad

La Vorágine ha dinamizado la actividad cultural y crítica en la ciudad

Aquel era un texto muy crítico con visiones “autocomplacientes” o “ensimismadas” (el mito de la Atenas del Norte) y en el que se abogaba por un fortalecimiento de la sociedad civil y la clase creativa local.

Y ahora, al recoger opiniones de los entrevistados, asoman percepciones negativas, como la sensación de que la cultura en Santander se esté “privatizando” o se esté dando una “confusión” entre lo público y lo privado.

En las conclusiones, la parte negativa incide en la ausencia de mecanismos para favorecer la participación ciudadana o la ausencia de un plan a largo plazo que salve a la cultura de los vaivenes políticos.

La autocrítica la hace también la propia Fundación, que al explicar que el 60% de su presupuesto va para actividades estables, recurrentes, admite que eso “dificulta” la entrada de nuevos proyectos.

Se corre, podría decirse, el riesgo de repetirse, y para eso el objetivo es reducir las aportaciones a lo estable para dar paso a más novedades, con una consecuencia  que la Fundación comienza a apuntar: habrá que “eliminar” algún proyecto de los estables.

Del Santander 2016 se valora que, pese a no cumplir con su objetivo, tuvo una alta penetración ciudadana, y, como consecuencia, que la palabra cultura escaló hasta los discursos políticos.

Puedes consultar el informe entero en este enlace.

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