Foto: Carlos Atienza

The show must go on

Con distancia de seguridad y mascarilla, directos para casa y sin hacer corrillos a la salida: la nueva normalidad del público que asiste a actos culturales, y la nueva normalidad de los artistas que pisan el escenario. (Foto: Carlos Atienza)
Tiempo de lectura: 7 min

No. No es lo mismo ir hoy a escuchar un concierto, disfrutar de un ballet, atender a un cuentacuentos o presenciar una obra de teatro que hace un año.

Si la sala es pequeña y no está en un núcleo de población lo suficientemente grande, lo más probable es que haya cerrado ya.

Si ese no es su caso, las posibilidades de asistir a un espectáculo cultural, también se reducen considerablemente. Y, por supuesto, nada de tomar decisiones de última hora. La nueva normalidad obliga a inscribirse previamente.

Los aforos nada tienen que ver con los de antes. Metro y medio entre las personas. Eso deja clausuradas la mayor parte de las localidades habituales. La foto que ilustra este reportaje, resulta bastante gráfica sobre lo que un espectador se puede encontrar  al entrar en una sala.

El sábado se celebró en el Ateneo de Santander el concierto ‘Galdós, Santander y la música’, organizado por el Ayuntamiento de la ciudad. Muchos se quedaron en la puerta de la sala, sin poder acceder por las restricciones.

Sobre el escenario, la soprano Maria del Mar Fernández Doval acompañada por la pianista Ana Gobantes. Brillantes las dos, en un concierto magnífico que terminó con el estreno absoluto de una obra escrita para la ocasión por el premiado compositor Antonio Noguera. Textos de Pereda, Menéndez Pelayo y el propio Galdós para la composición ‘Megalpe’. El público aplaudió entusiasmado. Y ya.

Las indicaciones a seguir pasaban por abandonar la sala ordenadamente al término del concierto y evitar ‘los corrillos’, así que cada uno para su casa. Igualito que en el cuento. Hay que evitar que la carroza se convierta en calabaza y nos llevemos una multa de recuerdo.

Los recitales  han perdido esa segunda parte en la que algunos acuden a felicitar a los artistas y muchos se juntan a la salida para comentar los detalles.

Sobre ampliar esa experiencia compartiendo unos vinos y tomando unas raciones, ya hi hablamos, porque a las diez hay que estar en casa.

Raro para el público, pero también para los artistas, que sienten cierto vacío y, a veces, no llegan a saber si de verdad han gustado o no. Porque no suenan igual las risas y los aplausos en una sala llena que en una llena, pero de butacas precintadas.

LA SOLEDAD DEL ACTOR

Sandro Cordero es un veterano en los escenarios. Habla con nosotros, mientras guarda cierto reposo por culpa de un dedo del pie que se ha roto  y cuenta para EL FARADIO, cómo se sintió él al volver a actuar después del confinamiento: «al principio, este verano cuando empezamos a hacer has primeras funciones con restricciones, todo era muy raro. Primero por las mascarillas. Nosotros estamos acostumbrados a ver la expresión del público, aunque solo sea el de las primeras filas. No sé, estamos hechos a un tipo de contacto que ha cambiado totalmente. Al principio, yo pensaba que era un desastre, porque no veía sonrisas, ni gestos de agrado, pero al salir nos decían que muy bien, que si que les había gustado y, poco a poco, te vas acostumbrando a esa nueva relación con el público, en la que el feed back está ausente. Ahora hay otra comunicación y ya, más o menos, voy viendo cómo es esa nueva respuesta. El nuevo lenguaje también lo aprendes pronto y lo que al principio era desolador, ahora ya no lo vemos así».

CUENTOS PARA UNA PANTALLA

Alberto Sebastian es uno de los grandes cuentacuentos que tiene esta región. Capaz de tener a todo el mundo a su alrededor escuchando embelesado sus apasionantes historias, ahora está aprendiendo a contar cuentos sin sentir tan cercano el calor de su público.

Recientemente publicaba un post en redes en el que explicaba cómo está siendo para él esta nueva normalidad: «Ayer hice mi primera sesión de cuentos on line para la Red de Bibliotecas de Oviedo, donde hubiera debido estar contando esta semana. No sabía cómo me iba a sentir. Es diferente, claro que sí. Es un sucedáneo, por supuesto. Pero ves a la gente (todo mujeres, como cuando actúo en un centro cultural), hablas con ellas, ves sus reacciones, sus aplausos… Es diferente, pero me gustó. Me sentí trabajando. Y antes de empezar estaba un poco nervioso. Como cuando actúo en un teatro».

Y es que los artistas lo que quieren es seguir trabajando y por eso, han sabido conectar con sus públicos utilizando nuevas herramientas, pero mantienen que lo importante es seguir ahí.

Sandro Cordero sabe que él, que no ha parado de trabajar en todo el verano, es un privilegiado. Nos cuenta que tiene compañeros que han tenido que cerrar ‘el chiringuito’: «Algunos se han ido al garete y lo están pasando muy mal. Quizá lo mío sea un espejismo, un privilegio, una suerte, no se, pero son muchos los que están quedándose por el camino».

SALAS CERRADAS

Cerrada está, de momento, la puerta de ‘La Teatrería de Ábrego’, una pequeña sala en Oruña de Piélagos que ha resistido y ha mantenido su programación aunque sólo con las  15 butacas que les quedaron al reducir en el 50% su aforo habitual. «Ahora ya con los confinamientos de los municipios, hemos decidido suspender la programación. Al menos de momento, hasta que mejoren las circunstancias. La gente de Santander, que era público habitual de la sala, ya no puede venir, porque La Teatrería está en  Piélagos. El confinamiento perimetral ya lo ha hecho muy complicado», cuenta a EL FARADIO Pati Domenech, responsable de la sala.

CONCIERTOS REDUCIDOS

Muchos cambios, muchas restricciones y muchas dificultades de organización. El Colegio de Economistas aplazó el concierto benéfico previsto para el mes de mayo. La nueva fecha se cerró para el 21 de noviembre y ahora se ha aplazado hasta el 6 de diciembre. Lo que en origen iba a ser un concierto del Coro del Colegio de Economistas  acompañado por solistas y una orquesta de cuerda, se ha quedado finalmente reducido a la sección de cuerda de la Orquesta Sinfónica del Cantábrico, la OSCAN y una soprano solista.

 

Su directora, Paula Sumillera, también habla para EL FARADIO y nos cuenta la adaptación constante con la que viven los músicos esta sucesión de normas nuevas cada poco tiempo: «Después del confinamiento, algunos coralistas ya no volvieron a los ensayos del coro. Ahora mismo son unos 35 y hemos pasado de ensayar en la sacristía a utilizar la iglesia del Cristo. Estamos muy agradecidos a la parroquia, que nos ha cedido este espacio, porque de otra forma, hubiésemos tenido que dejar de cantar. Cada coralista tiene asignado un lugar fijo que desinfecta al llegar y vuelve a dejar desinfectado al marcharse. Cantamos con  mascarillas y guardamos las distancias exigidas», explica.

Al final, han decidido que el coro no participe en el concierto benéfico. Seguirán con sus ensayos y retomarán este recital cuando la situación sanitaria lo permita. «Si que actuará como solista la soprano Elena Herrero y la sección de cuerda de la OSCAN, porque es importante que no se suspenda el concierto. Los músicos queremos seguir adelante con nuestro trabajo. Eso es fundamental».

Todavía queda por concretar la hora, que dependerá del toque de queda, pero lo que está claro, es que habrá concierto y que el dinero que se recaude irá destinado  al Banco de Alimentos de la Parroquia del Cristo, que gestiona Cáritas.

No son buenos tiempos. La clave está en seguir, como sea, pero seguir.

Ya lo cantó Freddie Mercury semanas antes de morir: ‘The Show Must Go On’.

 

 

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