De la lucha de las mujeres saharauis al relato de las mujeres palestinas

Mundubat organiza un seminario, dentro de la presentación del documental sobre el expolio al Sáhara, y difunde un podcast sobre las mujeres palestinas
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La agenda de esta semana de Mundubat, asociación que es miembro de la Coordinadora Cántabra de ONGDs, se asoma a la lucha de las mujeres saharauis y palestinas.

Así, este miércoles 2, a las 17.30 horas, en la página de Facebook de Mundubat se podrá seguir un Webinar en el que se analizara el aporte que hacen las mujeres a la lucha saharaui, cuáles son los impactos específicos que sufren y cómo organizan su resistencia.

En la cita participarán embarkalina Baali, excoordinadora de FAFESA (Foro para el Futuro de la Mujer Saharaui); Najla Mohamed Lamin, vicepresidenta de la Asociación de Saharauis en Estados Unidos y Arantza Chacón, exresponsable de la red Vasca de Apoyo a la UNMS (Unión Nacional de Mujeres Saharauis). Estarán moderadas por
Sarai Martín Ruiz, del Departamento de Género de Mundubat

Mundubat acaba de liberar para su visionado el documental ‘Ocupación SA’ , que describe el papel de las empresas en el expolio de los recursos naturales en el Sáhara.

Ocupación S.A. [Dokumentala – Euskarazko azpitituluak] from Mundubat on Vimeo.

LA LUCHA DE LAS MUJERES PALESTINAS

También en clave de lucha de mujeres, y también en una aproximación desde el audiovisual es el proyecto ‘Mujeres bajo bloqueo en Gaza: sus luchas para derribar muros’.

En esta serie de tres capítulos, en colaboración con Mundubat y los gobiernos del País Vasco y Cantabria,  del que se difunde el primero, vamos a escuchar sus voces, para que sean ellas las dueñas de su propia narrativa y puedan llegar a serlo de su presente y futuro. Para que su lucha logre derribar muros físicos, sociales y mentales.

 

Voces como la de Taghreed Jomaa, la directora ejecutiva de la Unión de Comités de Mujeres Palestinas. Desde los años 80, esta organización feminista trabaja por alcanzar una sociedad democrática libre de toda discriminación. Considera que el único camino para lograrlo es “empoderar a las mujeres y que puedan abrirse camino en la toma de decisiones para reclamar y garantizar sus derechos“.

Siguiendo esa estela han surgido otras asociaciones de mujeres como la que dirige Tahani Al Jamal: “El cambio es muy lento, en gran parte por responsabilidad de quienes están en el poder. No aceptan la participación de las mujeres y son incapaces de atender nuestras necesidades. Comenzamos a organizarnos para luchar contra la discriminación y la desigualdad, contra un sistema que nos considera ciudadanas de segunda”.

Las activistas en Gaza luchan en dos frentes: el político y el social. Como explica Niveen Al Kafarna, coordinadora de Proyectos de la Unión de Comités de Mujeres Palestinas, “el bloqueo a la Franja ha incrementado la pobreza y el desempleo y eso está teniendo un mayor impacto en las mujeres, físico y psicológico. Están aumentando los asesinatos y abusos“. Violencia machista en un contexto específico y complejo, el de una sociedad eminentemente patriarcal, muy tradicional, y bajo el cerco israelí.

Estereotipos de género, roles tradicionales, violencia política, económica y social, falta de acceso a la educación, “matrimonios” tempranos, participación limitada en la toma de decisiones. Múltiples desafíos ante los que el movimiento de mujeres en Gaza no está solo

Separadas geográficamente entre Gaza, Cisjordania y el Este de Jerusalén, lo que dificulta la creación de una agenda unitaria, las mujeres palestinas vivieron su propio momento “Me Too” en septiembre de 2019 cuando salieron a protestar en distintas ciudades de los tres territorios por el asesinato de una de las suyas. Israa Ghrayeb tenía 21 años cuando murió tras ingresar en un hospital con lesiones en la columna vertebral.

Su familia alegó en un primer momento que había sufrido una caída accidental desde un balcón. La presión en las calles logró agilizar la investigación y, finalmente, la Autoridad Nacional Palestina arrestó a varios familiares tras demostrar la autopsia que la joven había sido víctima de maltrato continuado. Maquilladora de profesión, había publicado en sus redes sociales una imagen con su novio.

“Esta protesta sirve para recordar que todas somos palestinas pese a las barreras físicas. Toda mujer palestina que es asesinada, violada o golpeada es mi hermana y es mi responsabilidad que su historia sea escuchada. Así que estamos aquí, unidas, cansadas de que nuestras vidas valgan menos, de que nuestra sangre sea tan barata”, afirmaba en declaraciones a Radio Nacional la activista Amal Hayat.

Gaza ha llegado a ser descrita como “la mayor cárcel a cielo abierto del mundo“. Dos millones de personas atrapadas por el bloqueo israelí y las restricciones egipcias, en 365 kilómetros cuadrados entre el Mediterráneo y un muro de hormigón y alambradas, de los territorios más densamente poblados del planeta, cercado por tierra, mar y aire.

Según Naciones Unidas, la población palestina en la Franja está “encerrada, sin libertad de movimiento a los Territorios Ocupados y al resto del mundo, en un lugar prácticamente inhabitable”. Y las mujeres suman a esa prisión la de las distintas violencias machistas. Unas cadenas que algunas han decidido romper gracias al apoyo de otras.

Organizaciones como la vasca Mundubat, que también es miembro de la Coordinadora Cántabra de ONGDs, lleva años apoyando su lucha: “Trabajamos en el Territorio Palestino Ocupado desde 1998. En Gaza nuestros proyectos se centran en la protección, igualdad de género y participación de mujeres y menores víctimas de violaciones de derechos humanos en un contexto de ocupación y bloqueo por parte de Israel de más de 14 años. Es lo que se conoce como una crisis prolongada”, cuenta Bárbara Demurtas, representante de la fundación con base en Jerusalén.

La colaboración con asociaciones locales es esencial: “Buscamos fortalecer y acompañar los procesos organizativos de nuestras socias, que sean ellas quienes desarrollen sus propias capacidades para generar un cambio social”, afirma Demurtas. “El trabajo con mujeres y menores nos permite aportar reparación individual y colectiva de los daños ocasionados por el uso de la violencia, pero también denunciar la vulneración del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos por parte de Israel“, añade.

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