Cáritas Diocesana de Santander atendió el año pasado en Cantabria a más de 6.000 personas con una inversión cercana a los dos millones y medio de euros

Más de 900.000 euros se destinaron en 2020 a cubrir las necesidades básicas de las personas que acudieron a Cáritas en busca de ayuda,
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Casi un 38% de las inversiones que Cáritas Diocesana de Santander realizó el año pasado en Cantabria (923.250 euros) se destinaron a cubrir las necesidades básicas de las familias que acudieron a la organización en busca de ayuda.

La pandemia sanitaria que paralizó el mundo entero desbordó la capacidad de apoyo que hasta ese momento ofrecía la organización. Los equipos de Cáritas Parroquiales se vieron obligados a buscar alternativas a la atención presencial y el modelo tradicional tuvo que adaptarse de forma repentina.

“Ha sido un año muy duro como consecuencia de la pandemia. A las familias que ya atendíamos se sumaron otras que perdieron su puesto de trabajo o tardaron en cobrar el dinero de los ERTE o del ingreso mínimo vital y acudieron a nosotros en busca de ayuda. Cáritas tuvo que asumir, en ocasiones, todos los gastos de la vida cotidiana de familias completas, lo que incluye desde alimentación hasta facturas de suministros, alquileres o sanidad”, explica Francisco Sierra, secretario general de Cáritas Diocesana de Santander.

Ese fue el capítulo de mayor inversión durante el pasado año, seguido por los programas de acompañamiento especializado centrados en infancia y adolescencia (318.177 euros); personas sin hogar (200.493 euros); personas con enfermedad crónica (171. 534 euros) y mujer (118.265 euros).

En cuanto a los programas de acceso a derechos, en empleo se invirtieron 194.366 euros; 96.772 en vivienda y 10.699 se destinaron al hecho migratorio. Entre las inversiones, destaca también el capítulo de sensibilización y comunicación, con una inversión de 139.192 euros y voluntariado y formación con 31.642 euros.

Desde Cáritas agradecen la respuesta de los socios, donantes y voluntarios, por la solidaridad y el apoyo demostrado en este año especialmente complicado ya que, sin su respaldo, el apoyo que se ha ofrecido a las personas más vulnerables no hubiese sido posible.

“Analizando las cifras, está claro que donde más se ha invertido es en cobertura de necesidades básicas y en la atención a personas sin hogar, porque durante el confinamiento, hubo que atender a las personas que vivían en la calle. Nosotros pusimos a su disposición los pisos que teníamos disponibles y nos ocupamos de su manutención. También prestamos especial atención a los niños, porque si el confinamiento fue duro para todos, lo fue más aún para los menores de las familias en riesgo de exclusión que se encontraron en una situación de desamparo total al no disponer de los recursos necesarios para hacer frente a una realidad común”, añade el secretario general de Cáritas Diocesana de Santander, quien insiste también en las dificultades que encontraron las mujeres en contexto de prostitución que no pudieron mantener su medio de vida y a las que tampoco se pudo visitar para comprobar en qué situación se encontraban.

En el caso de los niños, durante el año 2020 Cáritas hizo un acompañamiento especialmente intenso, y dotó a los escolares que lo necesitaron de equipos informáticos imprescindibles para mantener su actividad escolar, lo que dio lugar a que se incrementasen los recursos dentro de ese programa.

Transformación del modelo

La pandemia supuso en 2020 para Cáritas Diocesana de Santander un esfuerzo por adaptar su modelo de atención al desaparecer la atención personal. Las Cáritas parroquiales se vieron obligadas a cerrar sus puertas y los voluntarios, al igual que el resto de la población, tuvieron que confinarse en sus casas. La atención comenzó entonces a gestionarse por vía telefónica y telemática desde los servicios centrales, lo que en un momento determinado redujo el número de personas atendidas, pero aumentó la cantidad de dinero invertido, ya que las necesidades de las familias se dispararon en muchas ocasiones y personas que nunca habían recurrido a Cáritas se vieron obligadas a pedir ayuda.

Algo parecido sucedió con las donaciones. “Con el Covid, la fidelidad de socios y donantes se mantuvo y, aunque muchos lo continuaron haciendo de forma presencial, la pandemia ha provocado que muchos de esos donativos comiencen a moverse a través de la web, de bizum o de otras aplicaciones como Facebook, lo que ha atraído también a nuevos donantes que han querido colaborar con la labor que se realiza desde nuestra organización”, afirma Francisco Sierra.

Procedencia de los fondos

Cáritas Diocesana de Santander se financia en un 85% por fondos privados (2.642.688 euros) mientras que el 15% restante procede de fondos públicos, en su mayora parte del Gobierno de Cantabria.

Dentro de las aportaciones privadas, el capítulo más cuantioso corresponde al de donativos y legados recibidos en los servicios centrales (1.622.673 euros), seguido por los donativos generales en las distintas Cáritas parroquiales (451.213 euros) y las aportaciones periódicas de los socios suscriptores ( 244.794 euros). Destaca también la partida de 15.000 euros de la Fundación Marcelino Botín. El resto del dinero procede de las distintas campañas, de arrendamientos y de otros recursos generados por actividades de proyectos fundamentalmente.

Ecolabora

En cuanto a los datos correspondientes a Ecolabora, el instrumento para la inserción social a través del empleo de Cáritas Diocesana de Santander, el año pasado se registraron unos ingresos totales de 521.613,64 euros, de los que la mayor parte (454.220 euros) proceden de las ventas realizadas, 47.917 euros corresponden a subvenciones y 19.475 euros se obtuvieron por servicios prestados.

La inversión por parte de Ecolabora fue de 540.842 euros (258.471 en personal y 282.371 en el desarrollo de la actividad).

 

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