Yayo Herrero: “el decrecimiento de la economía no es una opción, es un dato”

La activista y divulgadora urge a una revisión del currículo escolar para “poner la vida en el centro”
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La activista, divulgadora y antropóloga Yayo Herrero, una referencia en el discurso sobre el respeto a medio ambiente, la sostenibilidad más concreta y los cuidados en sentido más amplio, ha reflexionado este martes, invitada por el Consejo Escolar de Cantabria, sobre el papel de la escuela en la construcción de modelos ecosociales.

Es decir, sobre lo que se puede hacer desde la escuela –y la comunidad educativa—para adaptarse a un contexto de crisis ecosocial, en el que, advierte, “el decrecimiento de la economía no es una opción, es un dato”, matizando que no habla del decrecimiento del PIB, de los datos económicos, sino de los recursos (energía, tierra…) a disposición de la humanidad.

Dicho de otro modo, los recursos –por ejemplo, la energía, son limitados—y su reducción se puede hacer “por las malas o por las buenas”, es decir, de forma “injusta” o de una manera que cuide a todos, según señalaba Yayo Herrero, afincada desde hace un año en Cantabria  y que en su intervención puso como ejemplo el caso de la cooperativa cántabra Solabria.

Su planteamiento parte del estudio sobre lo que ya se hace, que le permitió detectar un currículum “antiecológico” en los libros de texto. Así, citaba la asignatura de Economía en la que no se plantea algo tan básico como que los recursos son finitos, limitados, o que no se enseñaba un modelo existente como el de la economía cooperativa, o no se mostraba el valor de la economía doméstica…

“HAY QUE COMPARTIR COMO NUNCA HEMOS COMPARTIDO”

Por eso, Yayo Herrero considera que “urge una revisión del currículo” hacia uno que sirva para “poner la vida en el centro”. Y ponía ejemplos concretos: desde explicar que el agua es un bien colectivo y lo que sucede cuando se privatiza hasta hablar de lo que pasa en la salud y el entorno cuando se envenena el aire.

En ese modelo que propugna Yayo Herrero es importante “tejer vínculos con  el territorio”, es decir, que las puertas del colegio “estén abiertas a los tenderos, las amas de casa, los migrantes, las pequeñas empresas, los agricultores…”  para que la actividad educativa no se quede “encapsulada” en el propio centro

En general, partiendo del panorama de la crisis climática, “hay que compartir como nunca hemos compartido”. Y eso requiere un aprendizaje con una dimensión “también afectiva”: “hay que aprender a querer esa naturaleza”.

HAY QUE “DESENMASCARAR” LAS “FALSAS SOLUCIONES”

Es importante también “desenmascarar las falsas soluciones”. Y, fiel a su estilo, ponía ejemplos concretos: si bien hace falta una movilidad eléctrica, “es imposible que todos la tengamos” porque “no hay litio ni minerales suficiente”, de modo que el coche eléctrico privado es una “falsa solución”. Lo que necesitamos es “más transporte público”.

En la misma línea, tampoco es viable importar de otros territorios la alimentación, pero eso no puede llevar a las granjas industriales masivas, que agotan el territorio y apenas crean empleo.

APRENDIZAJE Y DIVERSIDAD

También es importante “potenciar al máximo la diversidad”, en muchos sentidos, desde el territorio a las soluciones económicas, pasando por la diversidad a la hora de “amar, ser familia o rezar”.

Es un proceso en el que se puede aprender mucho de colectivos que ya existen y a los que muchas veces se ha despreciado, como el respeto de los gitanos a sus mayores o la relación de los productores con el territorio.

Incluso plantea introducir en el seno de la educación, en la enseñanza evaluable, los aspectos relacionados con valores que se tratan fuera de forma “periférica”, como los necesarios días contra el acoso, violencia de género, las conmemoraciones de derechos humanos…, ya que se tiende a pensar que lo que no se evalúa no tiene la misma importancia.

Y es un camino que no estará exento de problemas, al ser el aula reflejo de la sociedad y darse también fenómenos de polarización: en este sentido, ha puesto el ejemplo de las quejas de familias de Murcia a que se abordara en clase la crisis del Mar Menor (como la contaminación por residuos agotó el oxígeno de los peces). Allí desde ciertos sectores se objetó que “hablar de contaminación es ideológico”, mientras que no se piensa igual con el hecho de que “las asignaturas de Economía sean inyecciones de liberalismo en vena”.

Se trata, en definitiva, de “generar horizontes de deseo” que se apoyen en la “esperanza y alegría” para “transformar la realidad”, y todo en un momento en que se detecta que muchos jóvenes sufren “tristeza, rabia o desesperanza”.

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