«Hoy en día está todo el mundo distribuido en distintas capas sociales que no se reconocen ni en ellas mismas»
Manuel Zamora es una persona que sigue esperando una verdadera revolución que desemboque en una sociedad mucho más justa y donde se intenten solucionar los problemas reales que atacan a las distintas capas sociales. Empezó a militar desde la adolescencia, en una época de muy dura represión franquista, en los últimos años de vida del caudillo. Es algo que «te marca para toda la vida», porque aprendió una serie de valores que le inspiraron para defender la necesidad de esos cambio profundos que necesitaba España. Pero cree que s siguen necesitando, como dice en una entrevista concedida a EL FARADIO antes de participar, este sábado, en una charla en la librería La Vorágine (19:00) que se enmarca en las II Jornadas Antifascistas que organiza la asociación Rock contra el fascismo.
Las II Jornadas Culturales Antifascistas explorarán el legado y la memoria del FRAP
Cuenta que sus inicios en el activismo fueron en 1970 en organizaciones que más a la izquierda del PCE, como el FRAP. «Llevamos la lucha con otra visión más revolucionaria y más izquierdista». Empezó trabajando en su barrio, el madrileño Lavapiés, en un club parroquial, enseñando a leer y escribir a la gente que no sabía, «y nos servía para captar gente para nuestra organización, fundamentalmente, y aparte de hacer una labor social dentro del barrio», relata.
Pronto le encargaron organizar lo que luego fue la Federación de Estudiantes Demócratas de Enseñanza Media, FEDEM, con otros adolescentes, una organización que acabaría después formando parte del FRAP. Dice Zamora que fue fácil «porque la gente lo sentía en su propia piel desde el primer día desde que se levantaba. Lo veía en los institutos, en la universidad, en las calles, y la labor era bastante fácil, arriesgada, porque el compromiso dentro de estas organizaciones es un compromiso que sabes que te estás jugando la cárcel, en algún caso a algunos compañeros se jugaron la vida, con lo cual eso significaba que había que tener un compromiso muy fuerte, vivir en la clandestinidad, es decir, cuando de tus propios compañeros ni siquiera sabía su nombre ni su domicilio».
Tuvieron que aprender a vigilar lo que había y se movía por todos los lados y cómo evitar que les siguieran. Pero en diciembre de 1971 fue detenido por primera vez. Y conoció a Billy El Niño, el sanguinario policía franquista que acabó siendo condecorado también después de la dictadura y que le advirtió, al liberarlo, que se volverían a ver. En mayo de 1973 Zamora fue detenido de nuevo y se volvió a topar con el mismo personaje. Acusado de un sinfín de delitos, con 17 años, pero consiguió ser liberado a los dos meses en régimen de libertad provisional. En diciembre de 1974 se la quitaron y entonces huyó a Portugal junto a su compañera de vida, con la que estaba recién casado, con 18 años.
En el país vecino vivió el amanecer de la democracia, algo que sucedería poco después también en España. Pero Zamora ve en esas dos transiciones a la democracia el mismo problema y es que no se produjeron los cambios necesarios a nivel social ni político. Evolución hacia la democracia, sí, pero sin castigar a quienes habían sometido a esas sociedades al fascismo y sin tocar los pilares fundamentales del capitalismo.
En 1977 volvió a España y aún le tocó, junto a su compañera, vivir otra detención «a tiros en el barrio de Vallecas. Estuvimos detenidos 24 horas, nos pusieron en libertad, y ese día había habido dos manifestaciones en Madrid, con enfrentamientos con los guerrilleros de Cristo Rey». La violencia política estaba a la orden del día. Refiere que siguieron militando hasta 1979, «donde ya cambiamos».
Dice Zamora, con amargura, que esa democracia que llegó a finales de los años 70 del siglo pasado es la que ha llegado hasta hoy, «la que nos hemos merecido». Sin República, que era el gobierno legal que había en España antes del alzamiento militar que dio paso a la guerra civil en 1936, y con una Constitución que, ya en su artículo 1, habla de monarquía parlamentaria.
Por tanto, este activista asume que, en España «la banca sigue igual, la iglesia sigue igual, no hemos cambiado nada. Es decir, el capitalismo sigue mandando, no ya en España, en Europa y en el mundo entero. Y los cambios que puedas hacer socialmente en este momento son mínimos, los que te permitan hacer, ni más ni menos». Acaba siendo una evolución, pero dentro de un marco estrecho, lamenta.
Zamora remarca el profundo cambio que ha sufrido la sociedad española en estas décadas. «Hoy en día está todo el mundo distribuido en distintas capas sociales que no se reconocen ni en ellas mismas. ¿Dónde está el campesinado? No existe ya», refleja. Lo describe como una victoria del capitalismo, que ha conseguido desunir a esas capas sociales para no combatir al enemigo común. «Hoy en día el único sitio que es capaz de unir a todo el mundo es el fútbol. Tú vete a un estadio de fútbol y vas a tener todas las clases sociales juntas, hombres, mujeres, niños, y si hay que morir por el equipo se muere», afirma.
Ve que hay muchas cosas en las que se debería seguir dando la batalla, como la sanidad, la educación o la vivienda. Por esas cosas cree que vale la pena salir a la calle y pelear donde haga falta, pero ve un gran problema en que las nuevas generaciones «no quieren saber nada del pasado» y eso puede conducir a repetir sus peores errores. También ve que quedan reductos, pero con la necesidad, piensa, de que el discurso se vaya actualizando, porque repetir las fórmulas de cuando él era joven es algo que ya no funciona, precisamente por la evolución de la sociedad.
Ahora volvemos a vivir un auge de la extrema derecha en muchos rincones del mundo, pero cree que es la propia izquierda quien debería preguntarse por qué sucede esto. «Los de izquierda llevan no sé cuántos años en el poder y no han solucionado los problemas», asevera, lo que provoca que se busque la solución en quienes no han gobernado recientemente.
Aún así, Zamora sigue creyendo en la gente y piensa que la gente joven, aunque tarde, acabará despertando. «Cuando las necesidades acucien, es decir, cuando el tema, por ejemplo, de la vivienda estalle, o sea, de una vez, la gente joven se rebote, van a ser momentos sociales muy fuertes que habrá que aprovechar» para concienciar de cuáles son las necesidades reales y virar hacia un sistema que busque una mayor justicia social y que no evolucione hacia el fascismo de nuevo.
Noticias relacionadas:
- Cantabria Para Vivir volverá a manifestarse el 6 de junio “por un cambio en el modelo impuesto”
- Fallece José Luis Pajares, el guardián de la memoria de Laredo
- «La Libre es una ventana a un mundo para pensar otras maneras de estar»
- «Si la gente deja de creer en la acción colectiva puede pensar que cada uno por su cuenta se las apaña mejor, y eso es una desgracia enorme»