“La sociedad invisibiliza muchas desigualdades”: estudiantes de Integración Social alertan sobre exclusión, discursos de odio y falta de conciencia social
“La sociedad invisibiliza muchas desigualdades”. La reflexión atraviesa buena parte de la conversación mantenida con estudiantes del módulo de Integración Social del IES José del Campo, en Ampuero, que analizaron cómo cuestiones como la exclusión, la discapacidad, la pobreza, las migraciones o los discursos de odio siguen ocupando un espacio secundario en el debate público pese a formar parte cotidiana de la realidad social.
José Pérez, Gabriela Ospina y Francisco Sánchez, con los que ha conversado EL FARADIO, comparten aula en este ciclo orientado a formar profesionales capaces de intervenir con personas y colectivos en situación de vulnerabilidad, promoviendo el acceso a recursos, derechos y espacios de participación social.
Pero sus discursos van más allá de la definición técnica de la intervención social. En sus palabras aparecen constantemente conceptos como “capacitismo”, “polarización”, “tejido social”, “desinformación” o “acompañamiento”, en una mirada donde se mezclan experiencias personales, activismo y reflexión profesional.
Trayectorias marcadas por el activismo y la conciencia social
Los perfiles de los tres estudiantes reflejan además recorridos previos muy vinculados al ámbito social y comunitario.
José Pérez, natural de Santander y con formación previa en Administración y Finanzas, es muilitante de CNT y voluntario de Movimiento por la Paz. Su definición de la intervención social parte de la idea de que las personas excluidas puedan “formar parte activa de la sociedad” y acceder a derechos básicos como la educación, el empleo o los servicios públicos. “Creo que todo el mundo merece una segunda, una tercera o una quinta oportunidad”, resume.
En el caso de Gabriela Ospina, su trayectoria previa conecta directamente con procesos comunitarios y feministas. Nacida en Colombia y llegada a España durante la infancia, explica que ha participado en colectivos vinculados a cuestiones de género y en procesos relacionados con el desplazamiento forzado derivado del conflicto armado colombiano. Durante la conversación reivindica especialmente la necesidad de “crear tejido social” frente a la polarización y la desinformación.
Francisco Sánchez forma parte de Castro por la Igualdad –colectivo muy activo en la defensa de la acogida a los jóvenes migrantes que han llegado al centro de acogido–, colabora con una protectora animal y ha formado parte de movimientos antifascistas. Su motivación para entrar en el ciclo fue “ayudar y defender a las personas y colectivos que el sistema deja de lado”.
Durante la conversación insiste precisamente en esa dimensión ética y política de la formación: “Llevo toda la vida intentando ayudar a la gente, viendo injusticias y luchando contra ellas. Aquí estoy haciendo lo mismo, pero formándome”.
Polarización, discursos de odio y “lo que la gente debe opinar”
A todas las personas que trabajan o les interesan los colectivos vulnerables les preocupa mucho el clima político y social que ha convertido a quienes menos tienen o más sufren en diana de mensajes de odio.
Gabriela Ospina habla directamente de la necesidad de reforzar el tejido social frente a fenómenos como la desinformación y la polarización, defendiendo que perspectivas relacionadas con la intervención social deberían incorporarse de forma transversal en ámbitos como la educación o la sanidad.
Francisco Sánchez muestra también inquietud por el crecimiento de discursos excluyentes vinculados a migraciones o menores extranjeros. “Se oyen discursos que no tienen ningún sentido”, afirma este vecino de Castro que ha visto como grupos reducidos han tratado de azuzar el odio contra los menores extranjeros, criticando además la utilización política del miedo o del rechazo hacia determinados colectivos vulnerables.
A su juicio, buena parte de esos discursos funcionan condicionando directamente la percepción social: “Muchas veces la población no tiene una opinión clara, pero ya le dicen lo que tiene que opinar”.Frente a ello, reivindica una sociedad basada en la igualdad, el apoyo mutuo y la empatía.
“Puedes ayudar, pero ¿hasta dónde te dejan?”
Junto a la dimensión vocacional, los estudiantes también reflexionan sobre los límites estructurales del propio sistema de intervención social.
Francisco Sánchez plantea que la intervención social “también está sujeta al sistema” y se pregunta hasta dónde pueden llegar realmente los profesionales sociales dentro de estructuras condicionadas por la falta de recursos: “Puedes ayudar, sí, pero ¿con qué recursos? ¿Hasta dónde te dejan ayudar?”
José Pérez insiste por su parte en que la formación no se basa únicamente en la empatía o el acompañamiento humano, sino también en aprender a diseñar proyectos e intervenciones fundamentadas en necesidades reales y orientadas a conseguir “efectos reales”.
“La discapacidad se sigue viendo desde la lástima”
Uno de los bloques de reflexión más presentes durante la conversación gira alrededor de la discapacidad y de cómo la sociedad se relaciona con ella.
Gabriela Ospina considera que el ciclo le ha permitido tomar conciencia de dinámicas “capacitistas” que muchas veces pasan desapercibidas incluso en espacios progresistas o dentro de la propia intervención social: “Acabamos reproduciendo infantilizaciones o reduciendo a las personas con discapacidad únicamente a su discapacidad”.
Francisco Sánchez coincide en que buena parte de la discriminación hacia las personas con discapacidad no se produce desde el odio explícito, sino desde una mirada paternalista o asistencialista: “La gente cree que hace bien sintiendo pena, pero al final eso también limita la autonomía de las personas”. A su juicio, la discapacidad continúa visibilizándose desde la lástima y no desde la igualdad real o el reconocimiento pleno de autonomía.
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