«Hablar con normalidad para creer que eso es posible»: Los Raritos desafían a la crispación con una tertulia basada en la escucha y el respeto
“Hay una necesidad intelectual de hablar con otras personas”. Esa reflexión resume el espíritu de Los Raritos, una tertulia que desde hace casi tres años reúne cada mes en Santander a una veintena de personas para conversar sobre asuntos tan diversos como la educación, la inteligencia artificial, la salud, la energía o la política.
Algunos de sus miembros, Luis Casuso y Ángel Lanza, explican a EL FARADIO que la iniciativa surge al compartin varios de ellos una sensación común: la dificultad creciente para mantener conversaciones pausadas y respetuosas en un contexto que perciben cada vez más polarizado.
“Sabemos que hay más gente así, pero como son joyitas hay que buscarlas”, explica. Así comenzaron a contactar con conocidos y a organizar los primeros encuentros. Lo que nació como una prueba puntual acabó consolidándose hasta convertirse en una cita fija el último martes de cada mes.
El grupo ha pasado por distintos espacios de Santander. Actualmente celebra sus encuentros en el Rin Garden, en la avenida de los Castros. El objetivo es encontrar lugares tranquilos donde sea posible mantener una conversación sin interrupciones ni ruido excesivo: “No hay gritos. Si hay discusiones, se dejan hasta un punto y se cortan. No hay cuatro personas hablando a la vez. Es lo que creemos que debería ser”, señalan.
La filosofía del grupo queda reflejada también en su rechazo a formalizarse como asociación. No reciben subvenciones ni quieren depender de ninguna institución. “No queremos ser nada. Queremos ser cien por cien libres”, resumen.
La organización es sencilla. A través de un grupo de WhatsApp se comunica la fecha de cada encuentro, el lugar y el tema elegido. Existe un núcleo estable de unas diez personas que participa desde los inicios y otro grupo de asistentes que se incorpora de forma más esporádica.
El nombre tampoco fue casual, porque expresa bien la voluntad de diferenciarse de las dinámicas más habituales en la conversación pública: “No queremos ser uno más ni hacer lo que hace todo el mundo”, explica.
Los temas se deciden normalmente de una reunión para otra. A lo largo de estos años han hablado de emoción, realidad virtual, educación, inteligencia artificial, política, energía, salud o emigración juvenil. Lo que no ha cambiado es la norma principal. “La línea roja es el respeto y la educación. Respeto al otro y educación”, insisten.
La dinámica se basa en turnos de palabra y en una moderación que busca garantizar que todas las personas puedan intervenir. “Somos totalmente anti-Telecinco: ni se grita ni hablan cuatro personas a la vez”, bromean.
La composición del grupo es diversa. Hay economistas, ingenieros, personas vinculadas al teatro, profesionales de la hostelería, empleados de banca, publicistas, jubilados, escritores o artesanas. La mayoría tiene entre cincuenta y setenta años, aunque reconocen que les gustaría atraer a más jóvenes: “Nos encantaría mezclar generaciones”, señalan.
Entre las conversaciones que más les han marcado recuerdan una dedicada a analizar por qué muchos jóvenes formados abandonan España para desarrollar su carrera profesional en otros países. También han debatido sobre educación, salud o los modelos que funcionan en otros lugares del mundo. “En un grupo de quince o veinte personas basta con que tres o cuatro conozcan un poco un asunto para que haya información suficiente y fluya el diálogo”, explican.
Más allá de los temas concretos, Casuso y Lanza creen que el principal valor de Los Raritos es demostrar que todavía es posible discrepar sin convertir el desacuerdo en un enfrentamiento.
Por eso definen la iniciativa como “un Café Gijón a la cántabra”. No porque pretendan reproducir una tertulia literaria clásica, sino porque recupera una tradición que durante décadas formó parte de la vida social y cultural de Santander. Cafés, casinos y otros espacios de encuentro acogieron conversaciones sobre actualidad, cultura, política o literatura, una costumbre que consideran cada vez menos frecuente.
“Primero, hablar con normalidad para creer que eso es posible. Porque parece imposible”, sostienen.
Cuando en agosto cumplan tres años de actividad, Los Raritos seguirán reuniéndose con la misma idea que les llevó a sentarse por primera vez alrededor de una mesa: escuchar, argumentar y demostrar que el diálogo todavía tiene espacio en una época marcada por el ruido.
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