El vía crucis por la vivienda recorre Santander entre críticas a la especulación, los fondos de inversión y la turistificación
La vivienda tomó este sábado las calles de Santander en forma de vía crucis. Convocada por la plataforma Cantabria para Vivir y apoyada por decenas de organizaciones, la movilización recorrió distintos puntos de la ciudad convertidos a su manera en estaciones simbólicas de una crisis habitacional que, según denunciaron los participantes, afecta ya a amplias capas de la población en pueblos y barrios y está estrechamente ligada a otros problemas como la precariedad laboral, la turistificación, el deterioro de los servicios públicos o la transformación del territorio.
La marcha reunió a una amplia diversidad de colectivos. Junto al Sindicato de Vivienda de Cantabria, uno de los principales impulsores de la convocatoria, participaron organizaciones vinculadas al derecho a la vivienda, como el Sindicato de Vivienda, Cantabria No Se Vende, la PAH o Derechos Subjetivo.
También acudieron personas vinculadas a la defensa de la sanidad pública, conflictos laborales –como las trabajadoras del ICASS– en una movilización que mostró la capacidad de la vivienda para convertirse en un punto de encuentro de reivindicaciones muy diversas.
Entre los asistentes destacó la presencia de vecinos afectados por la situación de las viviendas de Primero de Mayo, en Peñacastillo. Los residentes denuncian la venta de las 107 viviendas orginalmente de alquiler asequible a un fondo de inversión. Moscaic, y reclaman garantías para mantener el carácter accesible de unos inmuebles concebidos originalmente para facilitar el acceso a la vivienda.
Durante la marcha se escucharon consignas contra la especulación inmobiliaria, los fondos de inversión y el modelo turístico. Entre los lemas más repetidos destacó «El rentismo no es trabajo», una consigna que resume buena parte del discurso de los colectivos convocantes y su crítica a la vivienda entendida como activo financiero antes que como derecho.
Un recorrido por los símbolos de la crisis
La primera ‘parada’ de este Via Crucis laico, que partió de Las Estaciones, tuvo lugar frente a la sede de Vivienda del Gobierno de Cantabria, donde los participantes dirigieron sus críticas a la política autonómica en materia de vivienda y reclamaron la dimisión del consejero de Fomento Roberto Media, reacio a medidas en favor de los inquilinos y cuyo discurso público se ciñe a la construcció y a la denuncia de una suerte de pandemia de ocupaciones.
Posteriormente, la marcha se detuvo frente a La Libre, la librería asociativa del centro de Santander, presentada por los organizadores como un ejemplo de proyecto comunitario que ha logrado mantenerse frente a las dinámicas de especulación y transformación urbana que afectan a numerosos espacios sociales y comerciales, como Smolny, organizadores del Teresuca Fest, que tendrán que abandonar su local ante el alza de precios.
«La Libre es una ventana a un mundo para pensar otras maneras de estar»
Otro de los momentos más significativos se produjo en el Cabildo de Arriba, entre solares vacíos y edificios derruidos, este centrico barrio representa como pocos las cicatrices de la especulación. Allí hace más de una decada murieron tres personas en el derrumbe de un edificio en la calle Cuesta del Hospital.
La movilización continuó hacia el Ayuntamiento de Santander antes de adentrarse en algunas de las zonas donde los convocantes consideran más visibles los efectos de la presión turística y de la transformación comercial de la ciudad, que está provocando cierres de comercios o la llegada de franquicias, las únicas que, junto a la hostelería, pueden soportar los precios de alquileres que está imponiendo el rentismo santanderino.

El recorrido atravesó la calle Peña Herbosa y Puerto Chico, el punto cero de la concentración hostelera y turística. La marcha pasó junto a un gran cartel publicitario de la inmobiliaria Élite que anunciaba «El lujo de vivir en Puerto Chico».

Tras pasar por la sede del Gobierno de Cantabria, donde se abucheo la falta de política, la manifestación recorrió también el entorno de la sede central del Banco Santander. A su paso por allí, parte de los asistentes coreó consignas como «Israel asesina, Santander patrocina», en referencia a las denuncias de colectivos solidarios con Palestina sobre la relación de grandes entidades financieras con empresas vinculadas a la ocupación israelí y a la industria militar que perpetra el genocidio.
La protesta concluyó en el templete de los Jardines de Pereda, uno de los espacios habituales de movilización social en Santander y escenario también de las concentraciones del Primero de Mayo convocadas por los sindicatos. Allí tuvo lugar la lectura del manifiesto final.
Una crítica al modelo de desarrollo de Cantabria
En ese texto, los convocantes ampliaron el foco más allá de la vivienda para plantear una crítica global al modelo de desarrollo de Cantabria. Defendieron una comunidad con servicios públicos fuertes, industria, atención a la dependencia, protección del medio rural y del patrimonio natural, y una ordenación territorial que no esté subordinada exclusivamente al crecimiento turístico.
En materia de vivienda, reclamaron una ley autonómica que permita declarar zonas tensionadas, regular los precios del alquiler, ampliar el parque público de vivienda y limitar los apartamentos turísticos en las áreas con mayor presión residencial. También denunciaron expresamente la venta de las viviendas de Primero de Mayo y exigieron que no se produzca ningún desahucio sin alternativa habitacional.
«La vivienda nos está costando la vida», afirmaron en uno de los pasajes más contundentes del manifiesto. La movilización concluyó con otra idea que atravesó toda la jornada: la defensa de una «Cantabria para vivir» frente a un modelo que, según denunciaron los convocantes, convierte la vivienda, el territorio y los servicios públicos en mercancías sometidas a la lógica del mercado.
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