El cocinero duerme en la playa (y nosotros mirando para otro lado)
El cocinero que ha hecho la pizza que te has comido tan ricamente en un restaurante de Santander está durmiendo en la playa.
No lo hace queriendo. No es una aventura. Para aventura, su vida. No me imagino soportando la mitad de su dolor.
No lo hace porque no tenga dinero para pagar una habitación.Trabaja. De hecho tenía una habitación, pagaba 350 euros por ella. Pero ha llegado junio y había tanta prisa por recibir al turista, que a él y a otro compañero los han echado sin que llegase el 30 de junio.
¡Que llega el turista! ¡A la puta calle!
Y claro, es imposible encontrar habitación por 350 euros. Todos los pisos alquilados por temporada. Y el chico, que trabaja contratado en una categoría inferior a la que ejerce, muchas más horas de las contratadas, en una cocina de un restaurante en Santander, esta semana está durmiendo en la calle.
Su compañero también trabaja (más horas de las que su contrato dice, en el mismo sector siempre quejoso de que ya no encuentran a gente que trabaje como se trabajaba antes) y no ha dormido en la calle. Los fascistas dicen que si tanto te gustan los inmigrantes te lo lleves a tu casa, y por supuesto en mi casa entra un inmigrante, pero no un fascista.
Cuando abres el angular de la crisis de vivienda, resulta que preguntas por una habitación y te saltan otros tantos que tienen el mismo problema. Otros jóvenes, buen empleo y nacionales, se les acababa el contrato el día 30, y si se querían quedar, julio eran 1.500 y agosto 2.000 euros. Ahora no encuentran nada a un precio razonable. Así que hay algún arreglo con teletrabajo en casa de sus padres, y se corre la voz para acoger a uno en julio y salvar agosto con vacaciones. Un nuevo método para obligarte a coger las vacaciones en agosto: ya no va a ser el cese de producción, va a ser que no tengas dónde vivir.
Y todo esto está pasando en Cantabria. Esto que cuento ha pasado en la última semana de junio, y cada vez que lo comento salen más casos a relucir. El Gobierno del PP no quiere regular nada y no quiere poner una tasa turística. Mira para otro lado. Pero hoy a los gobernantes y a los políticos los voy a dejar en paz.
Hoy quiero preguntarme cuándo, como ciudadanos, nos pusimos a mirar a otro lado.
Me pregunto si siempre tiene que mandar el dinero.
Si voy a tener que aguantar más reportajes de hosteleros llorando porque nadie se sacrifica para trabajar 50 horas o más a la semana por el salario mínimo.
Si las cocinas de los restaurantes que nos sirven, y especialmente en verano sirven al turista, están llenas de personas de todas las nacionalidades, que son nuestros vecinos, pero hay que tratar bien al que está 15 días y a patadas al que está con nosotros todos los días.
¿Cuándo aceptamos que los pisos de larga duración se convirtieran TODOS en pisos de alquiler de septiembre a junio?
¿Cuándo esa clase (¿media/alta?) empezó a querer amasar un duro más, que no vale para nada, a costa del sufrimiento de la gente?
¿Cuándo aceptamos esta competencia desleal a negocios (en este caso en la hostelería y la restauración) que cumplen, que lo hacen bien, que cuidan al trabajador y que tienen todo legalizado y cumplen con sus impuestos y tasas?
¿Quién se hace rico metiendo todo el miedo en el cuerpo para que quien tiene un piso vacío no lo ponga en el mercado de alquiler, por si le dejan de pagar la renta?
¿Cómo estamos dejando que todos los bajos que antes eran comerciales se conviertan en pisos turísticos, y lo vemos como una inversión/ conversión inevitable, cuando ya se ha demostrado en otras ciudades que eso solo despoja de vida y de vecindad a las ciudades y las convierte en el plató de una película donde nosotros somos actores secundarios?
¿Cómo no estamos todo Santander en la calle reclamando a las autoridades que no puede ser las viviendas del Primero de Mayo que pertenecían a la Obra Social «La Caixa» que hace pisos de alquiler asequible con derecho a compra para unos ciudadanos, acabe con esos ciudadanos expulsados por un fondo de inversión? De verdad, solo por egoísmo, hagámoslo antes de que lo próximo que compre un fondo de inversión sean varios pisos del edificio donde TÚ vives, y te empiecen a hacer la vida imposible.
Tengo para hacer preguntas hasta el infinito. Pero hoy las preguntas van, primero, hacia nosotros mismos. Para pensar individualmente, pero actuar siempre colectivamente.
Hoy sólo señalo un problema de los muchos que atraviesan el acceso a la vivienda.
Quizá el primero sea el de la palabra: he tenido que pensar que tenía que escribir acceso a la vivienda, y no mercado de la vivienda.
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