Hacen falta vasallos más profesionales
El día de la inauguración del Proyecto Faro, sabéis de sobra, ese proyecto artístico que ha convertido la antigua oficina número uno del Banco Santander en el Paseo de Pereda, en un museo con obras de alto nivel cuya calidad nadie niega, un grupo de jóvenes intentó exponer algo bastante elemental: que el Banco Santander no es perfecto.
Lo hicieron desde una preocupación reconocible y comprometida por el medio ambiente y por las consecuencias sociales de las grandes decisiones económicas. Querían recordar que, como toda gran empresa, el banco tiene también sus puntos oscuros: su contribución a la financiación de operaciones que perjudican al medio ambiente, su papel en dinámicas económicas vinculadas a guerras o sufrimientos lejanos, o el impacto que el sistema financiero ha tenido en la vida de muchas familias golpeadas por los desahucios.
Algunos de esos activistas se vieron increpados por viandantes en plena calle. Algo que, por cierto, es bastante más común de lo que parece en Santander –y desde hace muchos años–: atacar a quien simplemente está ejerciendo su derecho a la libertad de expresión.
Por aquí, no lo escondemos y además es que es una opinión legítima, nos cuesta entender la propia realidad monárquica de un poder hereditario no sujeto a responsabilidad. Nos cuesta todavía más entender el vasallismo de un banco, y ya no hablamos de una situación de un particular concreta.
Sobre todo, porque seguramente al propio banco le den bastante igual las críticas, teniendo cuestiones de lidiar como competencia, regulaciones, resultados bursátiles y un largo etc. Suponemos que el Santander, más allá de la cadena de intermediarios, sea consciente de su poder y sepa que, como todo poder, está sujeto a la crítica.
De hecho, por aquí pensamos que de entre todos los vasallos que tiene el banco, seguramente el que más daño le haya hecho sea el propio Ayuntamiento. En el descontrol general que realmente gobierna la ciudad, hubo quien pensó que con el Proyecto Faro bastaba ponerse en la foto para que pareciera que fuese una iniciativa municipal –no, no lo es—y decir que sí a todo.
Es más o menos lo que hicieron, y pensaron que valía, cuando cambiaron las normas de protección del Paseo de Pereda al descubrir que los planes del Banco las incumplían. Eso es: ante un incumplimiento, en lugar de cambiar el proyecto se cambió la norma. Y eso que había alternativas que combinaban el uso artístico con el respeto al patrimonio.
El Ayuntamiento pensaría entonces que con eso, con decir sí a quienes parece considerar sus jefes, ya estaba hecho todo su trabajo. Pero resulta que para una cosa que tenía que hacer, a instancias del banco, que era sacrificar el paso de vehículos bajo el emblemático arco, ahora parcialmente ocupado por escaleras acristaladas, tampoco fue capaz de hacerlo bien.
No bastaba decir que sí a una medida que es evidente que nunca estuvo en los planes del Consistorio –no estaba en su programa electoral ni en sus documentos de movilidad o urbanismo—y tampoco del propio Banco –al menos en público, sus primeras infografías mostraban coches–.
Había que vestirlo un poco. Cualquiera que haya tenido una obra o gestión en marcha en Santander sabe lo que implica en cuestión de papeles, trámites, tasas e informes. A la administración que las pide se le presupondría como mínimo un conocimiento de esos pasos que aplica a los demás. El siseñorismo del Consistorio al Banco les llevó a pensar que el requerimiento implicaba saltarse el día a día administrativo de su propia institución. Se entiende, que no significa comprende, la sumisión en la Casona a la entidad presidida por Ana Patricia Botín: el Centro Botín y el proyecto Faro permiten aparentar que en la ciudad hay grandes proyectos, pese a que estos son privados y los que están por llegar son de otras instituciones (el MVPAC autonómico, el Reina Sofía España estatal y lo de Okuda medio privado y medio estatal.
You had done job, que se dice en redes ante fotos de desastres varios. Y aquí el leal gestor de los intereses del gigante financiero ni siquiera resultó útil para lo que busca cualquier persona atareada: que no te creen más problemas y que no sea en quien delegaste el cumplimiento de tus deseos quien asocie tu nombre a problemas y hasta resoluciones judiciales. Nadie lo dirá en público, pero si alguien ha empañado la inauguración del lunes, ha sido el PP local.
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